En un post de este mismo blog, tiempo atrás, alcance a decir lo que pienso del trabajo periodístico de Contravia.
Hoy solo tengo para decir que todas la energías de los Dioses, y las palabras bonitas, y las esperanzas de los hombres y mujeres de estos territorios protejan a Hollman Morris, y que lo guíen para que siga comunicando esas imágenes y sonidos de la Colombia olvidada.
Porque bien difícil es ir en Contravia. Tan difícil que te saca lagrimas, y tan complejo y absurdo que puedes perder la vida, tan poco valorado que te condenas a vivir casi en la miseria y mirado con odio. Mis respetos señor Hollman, y a todo el equipo de Contravia.