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lunes, 20 de abril de 2009

Hoy, Aprender a Bailar

Hoy subiendo para la casa, en las escalitas que comunican con la iglesia de Manrique, vi el letrero ya clásico de la Academia de baile “Rumba”. Saque mi cámara, encuadre, y dispare para recordar.


Pensé que ya los habían demandado por contaminación visual, y pensé que yo aun no se bailar. Y pensé que desde niño me asomaba por las ventanas, o en por medio de la multitud, a ver los grupos de baile.

Desde bebé me rehusé, estoy seguro, a que me “jonjoliaran”. Creo que bailar para mi siempre estuvo entre la pena y el ridículo. Nunca salí al frente. No le pare bolas a mi madre y primas cuando me decían que me enseñaban a bailar, creí que para un niño de 7 años no era importante bailar, solo jugar.
Entonces, me dedique a ver bailar. Solo una vez me puse ropa campesina y baile yo no se que, y hasta ahí.
Por las ventanas, por las puertas, desde las gradas, desde la esquina, pasando la calle, siempre me detuve a ver bailar en las academias. Mientras sonreía con sus bailes, siempre pensé entrar y preguntar, y sacar dias a la semana para aprender el maldito baile que atraía tanto a las mujeres.

Pero nada, me acostumbre a no estar en las fiestas. Me gustaron, y me sentí más cómodo en los “pogos”. Porque no tiene reglas, porque uno se puede salir sin avisar, y descansar, y regresar, y enloquecer. Y la salsa también tiene esa lógica, y es la única que me saca algunos pasos.

Nunca, si la memoria no me falla, marca siquiera un numero de “Rumba”.