
Pensé que ya los habían demandado por contaminación visual, y pensé que yo aun no se bailar. Y pensé que desde niño me asomaba por las ventanas, o en por medio de la multitud, a ver los grupos de baile.
Desde bebé me rehusé, estoy seguro, a que me “jonjoliaran”. Creo que bailar para mi siempre estuvo entre la pena y el ridículo. Nunca salí al frente. No le pare bolas a mi madre y primas cuando me decían que me enseñaban a bailar, creí que para un niño de 7 años no era importante bailar, solo jugar.
Entonces, me dedique a ver bailar. Solo una vez me puse ropa campesina y baile yo no se que, y hasta ahí.
Por las ventanas, por las puertas, desde las gradas, desde la esquina, pasando la calle, siempre me detuve a ver bailar en las academias. Mientras sonreía con sus bailes, siempre pensé entrar y preguntar, y sacar dias a la semana para aprender el maldito baile que atraía tanto a las mujeres.
Pero nada, me acostumbre a no estar en las fiestas. Me gustaron, y me sentí más cómodo en los “pogos”. Porque no tiene reglas, porque uno se puede salir sin avisar, y descansar, y regresar, y enloquecer. Y la salsa también tiene esa lógica, y es la única que me saca algunos pasos.
Nunca, si la memoria no me falla, marca siquiera un numero de “Rumba”.
