Mostrando entradas con la etiqueta cassetes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cassetes. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de abril de 2010

Un rabo de nube

"Si me dijeran: pide un deseo
preferiría un rabo de nube
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube
un barredor de tristezas
un aguacero en venganza
que cuando escampe
parezca nuestra esperanza
(bis)".

Eso era lo que sonaba, y aun recuerdo, del cassete de Silvio Rodriguez que alguna vez grabé de un amigo que también lo grabó, y me gustaba mucho aunque no entendiera qué quería decir ese párrafo tan lindo.
Ahora que existe Youtube, uno encuentra piezas que te explican el por qué, y te vuelve a recordar épocas aquellas de cassete, de Silvio, de crecer y no entender en mundo así tuviera rabos de nubes, y un barredor de tristezas y aguaceros que te tranquilizaban.

El domingo pasado en una caminata ecologica nos dieron un papelito con el lindo fragmento para que lo cantáramos. La canción salió demasiado destemplada, mucho joven que no tuvo días de lado A y B, y protesta.

El papel lo puse donde lo pueda leer todos los días, para saber que la esperanza va siempre adelante, en el presente (en el aquí) estan los dolores, y atras está el pasado.

lunes, 30 de marzo de 2009

Hoy, casetos

En una grabación de un programa de tecnología en el año 2009, sacamos los casetes del cajón paterno para hablar de “música para llevar”. O sea, lo que hacia los negros con su grabacha gigante, hoy lo hacemos todos con el celular o el mp3 o 4, o 5: Ponemos a todo taco nuestras canciones favoritas en la calle, en el bus, en la vida.

La palabra, y la imagen de unos cassettes, o cases, o casetos, me recuerda el “lado b” de la cosas. Me hace pensar en cinta enredada, en tornillos pequeños perdidos, en el casete que más le gusta a tu madre reventado en la canción favorita, y yo pegando con manos temblorosas la cinta transparente para unir dos pedazos de cintas oscuras.

Recuerdo a mi papá sacar su tangos, su música “vieja” del escaparate y sentarse a ver para adentro mientras escuchaba “El cristo de la pared”. Recuerdo que estaba al inicio de del lado b de un casete blanco como el de la foto.

Recuerdo a Julio Jaramillo y sus canciones que hasta yo que era niño, me daban ganas de beber y de llorar. Y casualmente estaban en negro, como el que ves junto al blanco.

1500 valió la cinta de “El Binomio de Oro”, y su “Caracas, Caracas, que linda esa ciudad...” y su cucha, cucha....“. Y otra que compramos mi hermano y yo en compañía, fue el primer trabajo discográficos de “Los Marinillos”. Recuerdo a “Pilas parceros pa que caigamos al parche del chicharrón...”. Ese alguien nos lo robo, y aun no sospechamos quién.

Y bueno, dañe clásicos de la plancha por logra hacerle una copia a un caseto de Héroes del Silencio que por casualidad alguien olvido dentro de mi bolso. Y así se convirtió en rito de cada domingo, comprar una cinta de 60, o 90 si era un álbum largo, como el de “la Pestilencia”.
Alcance a tener un cajón lleno de bellos y conocidos sonidos crisposos que me recuerdan una epoca que no volverá.

Lo digo por los años, y porque pronto no habrán aparatos con casetera, y porque mi caja de casetos un día le dije a alguien que se podía quedar con ella.