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jueves, 2 de febrero de 2012

El Solista (the soloist)

Con Jamie Foxx haciendo de un prodigioso, loco, y bonito Nathaniel Anthony Ayers. Y un Robert Downey Jr, haciendo de un odioso, amigable, y periodista Steve López.

Es una película sobre el amor a la música (clásica). Sobre (y debajo) de un Los Ángeles igual, pero mirado desde otro lugar. Una oda a Beethoven en tiempos modernos de locos que andan empujando su casa rodante para todos lados.

 

En los comentarios del trailer, alguien dice que le recuerda “August Rush”, que no la he comentado porque me la vi mal vista en Urabá mientras grabábamos un cine club (y que me la veré de nuevo), pero que musical y humanamente me conmovió sus clichés de vagabundos que aman la calle, las estrellas, las palomas, las plazas publicas, los túneles, la vida, la música de la vida, la vida siempre llena de música.

Nathaniel, que a mil por hora habla (o sus voces hablan por él) nos dice cosas hermosas, nos hace sonreír con su sonrisa al chelo, y con su amor loco por Beethoven. (Gracias a Universal Studios, que tiene canal en Youtube, puedes ver la entrevista actores).

Steve, que como todo periodista, con su superficialidad, pero la búsqueda moral y de amistad, termina de completar una historia que nadie estaba buscando contar.

Me alegra un montón ver a Downey Jr bien.
Me alegra ver a Foxx desdoblandose.
Me contenta ver caótica a la siempre linda Los Ángeles.
Me gusta saber que hay periodistas buscando historias para salvar(sen).

 En las calles está la vida, la casa, la muerte. Y en el alma, la música.
Qué viva la música y la vida!!
Qué vivan los locos! (por supuestos)

Detrás de cámaras, si se lo quiere ver, aquí.

sábado, 14 de agosto de 2010

El barco va, el barco viene

"La numeración es libre" dice la señorita de linterna. Me senté a las 6.10pm arriba de unos japoneses, y al lado de un niña que se sorprendía, y en toda la silla del pasillo de la ultima parte de arroba del Pablo Tobón Uribe, para ver una obra muy buena, me dijeron, que se llama; "El Barco va, el barco viene".

al inicio no entendí de qué iba la cosa, pero el piano y los sonidos me iban tranquilizando, bajandome de ritmo. Invitándome a viajar.

el del piano es Arnaldo García, un músico venezolano (creo) que trabajo en estas tierras desde hace años, y siempre, por eso algún día lo trate, hace montajes de música experimental, revuelta, mixturizada con lo urbano, con lo viejo, con los tiempos.

y fue un viaje por todos los sentimientos. Música alegre, triste, de odio, de soledad, rara, de todas partes, vieja, nueva.

Recuerdo una frase cuando el barco visitó el viejo continente y regreso a casa, y trajo una frase de una cantaora que dijo algo así: "Yo ya no me quejo, yo odio". Bellisímo.

El ritmo cardiaco se aceleraba en cada cambio, como si parte de uno hubiese ido en esos viajes, y se hubiese traído la música, las costumbres, los referentes que tenemos de otros, pero que nos hace nuestros. Se que es raro que un nieto de unos campesinos de Salgar diga que es un poco de español, new yorkino, africano, argentino, andino, pero es lo que sentí, o tal vez mis pocos referentes hacen un mar por donde navegaron mis gustos auditivos.
Igual, los barcos, los carros, los aviones, siguen trayendo nuevo rumores, otros aires, nuevas música, que nos llenan los corazones de razones distintas a las que conocemos, que la vida es una canción larga.


Gracias a Confiar por darme el pase de cortesía para entrar a la obra, y que me sirvió para distraer el corazón, y evitar la tristeza a ésta cabezota.

Luego camine por ese centro de Medellín, anárquico, como siempre. Pero esa son otras historias.