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miércoles, 25 de agosto de 2010

Viendo, y cabeciando Los Niños Cantores de Viena



El Canal Une nos dio boletas. Bien!
Era para los niños Cantores de Viena. Yo si los había escuchado, pero en el chiste de "Sábados Felices": "Los niños de viena, de bien a dentro de boyaca".
Estos eran los de verdad.

En Medio de la lluvia, llegó al Metropolitano que queda en Medio de la nada, a nivel de transporte, y fue una rato musical que me arrullo, que me hizo emocionar, o zapatiar, por supuesto, cabeciar, y así:



Un teatro lleno para ver unos niños monitos, y dos negritos, que cantan como ángeles, pero que bostezan como Austriaco.

sábado, 14 de agosto de 2010

El barco va, el barco viene

"La numeración es libre" dice la señorita de linterna. Me senté a las 6.10pm arriba de unos japoneses, y al lado de un niña que se sorprendía, y en toda la silla del pasillo de la ultima parte de arroba del Pablo Tobón Uribe, para ver una obra muy buena, me dijeron, que se llama; "El Barco va, el barco viene".

al inicio no entendí de qué iba la cosa, pero el piano y los sonidos me iban tranquilizando, bajandome de ritmo. Invitándome a viajar.

el del piano es Arnaldo García, un músico venezolano (creo) que trabajo en estas tierras desde hace años, y siempre, por eso algún día lo trate, hace montajes de música experimental, revuelta, mixturizada con lo urbano, con lo viejo, con los tiempos.

y fue un viaje por todos los sentimientos. Música alegre, triste, de odio, de soledad, rara, de todas partes, vieja, nueva.

Recuerdo una frase cuando el barco visitó el viejo continente y regreso a casa, y trajo una frase de una cantaora que dijo algo así: "Yo ya no me quejo, yo odio". Bellisímo.

El ritmo cardiaco se aceleraba en cada cambio, como si parte de uno hubiese ido en esos viajes, y se hubiese traído la música, las costumbres, los referentes que tenemos de otros, pero que nos hace nuestros. Se que es raro que un nieto de unos campesinos de Salgar diga que es un poco de español, new yorkino, africano, argentino, andino, pero es lo que sentí, o tal vez mis pocos referentes hacen un mar por donde navegaron mis gustos auditivos.
Igual, los barcos, los carros, los aviones, siguen trayendo nuevo rumores, otros aires, nuevas música, que nos llenan los corazones de razones distintas a las que conocemos, que la vida es una canción larga.


Gracias a Confiar por darme el pase de cortesía para entrar a la obra, y que me sirvió para distraer el corazón, y evitar la tristeza a ésta cabezota.

Luego camine por ese centro de Medellín, anárquico, como siempre. Pero esa son otras historias.

martes, 15 de diciembre de 2009

Hoy, Ir a teatro

Dejamos la moto en el parqueadero, después de rogar que nos guardaran los cascos. La vaina era en el Pablo Tobón Uribe, teatro símbolo de la Ciudad donde vivo.
La Cooperativa Confiar nos invito, como todos los años, a ver la obra de Navidad que el Matacandelas montá en Diciembre (creo que exclusivo para la cooperativa. Creo).

Se llamaba Paco Aguinaldo. Llegamos casi a tiempo. Nos tocaron las sillas de arriba, porque por primera vez íbamos a disfrutar de la obra como espectadores, y no como camarógrafos o algo así. Pero la cosa empezó mal.El acomodador estaba peliando con mi hermano. “La gorra”, pensé.
Tantas veces que pelie porque no dejaban entrar a un señor de 70 años, que su pinta más fina es sudadera y gorra.“Reglas del teatro”. “Quéjese con la administración”. “Mire que nadie tiene”. Eso me dijeron hoy, y ayer, y antier, y en el Metropolitano, y en cualquier otro lugar de control y reunión social, llámese iglesia, museo, cárcel, o teatro.
Y, a demás de los señores bacanos, estos pelaos de hoy, que si no están con la numero Uno rapaditos, dicen que tiene el pelo muy largo. En fin, nos calentamos, y ya además de estar lejos, estábamos incómodos. Los timbres, se apagan las luces, entran los artistas itinerantes.

Tres, o cuatro fotos cuadrando el diafragma, y siento que alguien me toca duro, y me ordena guardar la cámara. Era el mismo tipo, sapo, que ya nos conocía la voz, y que nos estaba observando. No es que me incomode que ni me dejen tomar fotos, sino que cuando ya eres tan adicto como yo a registrar la vida, así sea una obra de teatro de navidad, y que por hacer es
a maña, me griten como a un ladrón o pecador. Me emputa. Si nos invitan a sus espacios, a sus eventos, por qué carajos nos impiden tener dos o tres foticos para contarle a nuestros amigos que la pasamos una chimba en esta languida vida que nos toco llevar.

Foto dramatizada.

En la oscuridad, y el inicio de la obra, mire el pedacito de boleta, y si, decía que la putas fotos son en el Hall.
Callado. No importa, queda en mi mente, en mis recuerdos, no puedo hacerle bulla y hablar con fotos de una linda, lindisima obra de el Teatro Matacandelas, que por supuesto le interesa que usted no vea mis fotos y se imagine el resto, sino que les pagues el boleto, o que te regalen el boleto, como en mi caso. Porque, hay que decirlo, yo soy un pobre que no le alcanza la plata para una boleta de teatro, y cuando asisto gratis, me da rabia que me hagan reparos a mi ropa, me cobren caro por una obra artística y no me permitan llevármela que en los recuerdos.

Por eso es que en mis blogs lo que ven es calle, casa, y espacios donde el control y las costumbres nos dejan ser o no ser. Y los artistas que resalto son los que piden la moneda, los que lo hacen gratis, los que nos invitan a compartir, los que se están conectan
do con los que venimos atrás, con los Emos, con los digitales, con los vitales.

Ahí los dejamos con sus obras, con sus derechos de autor, con sus hábitos sociales, con sus ganas de glamour.

Nosotros, y a eso si que nos rehusamos a que nos lo prohíban, nos seguiremos registrando con cualquier cosa. Los aparatos cada vez son más nuestros, más pequeños, menos luminosos, más naturales.

Tenemos memoria ram, pero insistimos en hacer crónicas para nuestro futuro.
No vamos a grandes shows, pero asistimos a los que mañana valdrán mucho.Agradecemos que la gente apoye el arte, opinamos para que cada vez sea mejor, más parecido a nosotros.

Ahí le queda está foto al Matacandelas, en la pagina de google, al lado de las súper fotos que ustedes se toma. Ah, y mientras aprendo a manejar mi bicho.
Y al Pablo Tobón (Teatro), seguro esta no será la única critica de ahora en adelante, porque al salir del lindo teatro, vi a todos los pelaos, menos los emos y Floggers, que salían con su gorrita en la mano.

martes, 28 de abril de 2009

Hoy, Ir a Cine

Caminando por los desolados (o abandonados?) pasillos del C.C Vizcaya, subiendo por las escalas apagadas, y observados por un guachiman a lo lejos, hoy llegamos al cine.

Desde niño he ido al cine. Fue un vicio que adquirí solo. Me paraba al frente del teatro “Bochica”, y miraba la hora y las peliculotas, y me programaba para pagar los 200 pesos. Me gustaban las de balas y de las de Ninjas.

Nunca alcanzaba la taquilla. El señor le vendía a los ojos luminosos que lo miraban una boleta, y yo esperaba afuera hasta que las cortinas de hierro eran corridas. Me gustaba, y aun tengo ese gustico, entrar a la oscuridad del teatro, buscar el mejor puesto, sentarse y darse cuenta que la silla estaba mala, o que no era la tuya.

Mirar a todos lados, ponerse cómodo, reírse y antojarse con las promociones de los “Próximamente!”. No saber cual es tu peli, porque dan tantas cosas que ya comienzas a incomodarte. Mirar en la oscuridad a todos lados, y ver que todos están en las mismas. Y tan tan, ta tan! Inicia, y respiras, y lees, y te conectas a las cinta y te desconectas de la vida.


Recuerdo que recordaba a mi padre trabajando solito porque su hijo esta sentado en las sillas azules de un teatro. Recuerdo que nunca tenia plata para el “Intermedio”. Recuerdo ir al baño, o subir hasta la sala de proyecciones y mirar por donde pudiera, qué demonios está pasando en ese saloncito donde salia toda la magia. Recuerdo llorar, reírme, sufrir, taparme los ojos, o hasta los oídos, acurrucarme, pararme y gritarle a la pantalla, sentarme y darme cuenta que nunca me iba a parar bolas, y bueno, esperar que llegara el final, que prendieran las luces en medio de los créditos, y que mis ojos volvieran a ver lo que deben ver, y salir, y pensar todo el día en los personajes y en la historia, y creeme Karateca, superheroe, matón, policía, cómico....

El cine para mi es el Teatro Bochica de mi pueblo, donde me vi a Terminator y Robocop, y El Niño de la Mochila Azul, y los Niños Karatecas, y Mártir del Calvario.