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martes, 7 de septiembre de 2010

todo está sucio, o viejo

el frío de la mañana, con la lluvia contra las casas de "material", y mi sueño eterno, mis ganas de dormir forever me detuvieron un buen rato aferrado a las cobijas.

Espero a mi prima que anda ayudando con el aseo en Punto Link, y desayuno de píe junto al pollo de aluminio, y escucho y converso historias de la familia mientras me trago una arepa con mantequilla, quesito con café en leche, y terminé diciéndole: "Viéndolo bien, yo al fin de cuenta estoy muy bien. Mis problemas son una bobada con los de ustedes".
Después de mencionarlo, tal vez mi prima escuche algo de pedancia en mi expresión, pero no fue otra cosa que el momento de entender, que el plan de mi vida a hasta los 28 años esta llegando a su fin.
Y era: no estar endeudado, ni aburrido con una familia, ni deprimido por mi vida; tal y como había visto a mis padres y tíos embalados con nosotros, y a las primas sufrir a su mejor edad, y ver cómo comienzan a sufrir los hermanos y primos más jóvenes.

Todos estos días de recuerdo, cuando paso por un lugar o un deja me saluda, se me infla los pulmones, y detengo el llanto que me produce traer al corazón tantas luchas pasadas, que me tienen en cero kilómetros a los 28. Juepucha! tantas vainas, estupideces, humillaciones, silencios, dolores, pesadillas, estreses, locuras, días y días, hasta hoy, que la ropa vieja, de hace más de 3 años se anda rompiendo (casi sola), y la que es nueva, está sucia toda. Y que debo las cuotas de la cooperativa, y ya voy para dos meses de no pagar Salud y Pensiones, y la gata tiene tres monos que aún no abren los ojos, mi habitación es un desastre, y las ojeras y la misma cara está terrible, y tengo los discos duros (portables o no) llenos, hay más dedos en las manos que amigos cercanos, y se fue el amor, y todo es trabajo y trabajo, y tengo muchos nudos en la espalda y cuello, y se me anda yendo la inspiración, y la cámara (la Lumix) tiene un sucio muy feo en el lente, y en fin... si les contará...

Si tu amigo invisible, lector de este blog desde el inicio (no falta el loco o la loca) sabrás entender qué digo cuando: a pesar de no tener nada, tengo mucho.
Por lo menos, hoy que les escribo, tengo ganas de seguir contándome el cuento a mi mismo, para que mañana, más orgulloso aún, siga sacando excusas para inventarme días bonitos.

Pero qué difícil!! (más no imposible).

martes, 23 de junio de 2009

Hoy, la muerte y la funeraria y la morgue

Nos bajemos del taxi al frente de la iglesia donde le dieron la ultima misa al cuerpo de mí tía, y pasamos la calle húmeda, y mientras saludaba me iba temperando, iba pensando que en esa casa blanca me encontraría con muchos miedo de frente.

Hoy, entre a grabar una funeraria, y me mostraron la muerte en la morgue por ahí derecho.

Solo ver los cajones especialmente iluminados me llevo a recordar los entierros donde los “Parceros” del barrio le daban con la mano abierta al cajón negro del amigo que había muerto. O el velorio de Cepillo (un desconocido), que fui a ver porque andaba con mi tío por allá en los lejanos 90´s de Belén San Bernardo. O del cajón en la camilla que sonaba en el adoquinado del pueblo cuando llevaban a María (mi abuela) a la iglesia de ciudad bolívar. O el cajón estacionado de mi tía en la sala de velación. O los cajones del municipio que vi filados cuando las matanzas o las ejecuciones uno a uno de los “Paras” en el pueblo.

No he visto tantos ataúdes como para compensar el numero de muertos que he visto en la vida.

Detesto las funerarias, porque son sinónimo de muerte, de morado, de dolor, de enterrada. Pero esta era diferente, más blanca y menos olorosa.

Al entrar en el “Laboratorio” de Funeraria San Vicente, detrás de Camilo (el entrevistado), a la izquierda de la gigantesca morgue vi a un señor destapado en la mitad con muchas cosas salidas, y dos jóvenes sonrientes trabajando al rededor de la camilla que donde estaba el señor muerto. A mi derecha, más cerca, vi a un señor con los ojos cerrados, las manos juntas en el pecho teniendo una rosa.

Un accidentado en la mitad del proceso y un “indigente” ya arreglado fue donde me llevo de primerazo el invitado, y de una recordé, a flashasos rojos, los muertos en la morgue que he visto. Que en la vida fueron pocos. Solo los que alcance a ver por la ventana de la morgue del pueblo. Me hacían “pata de gallina” y me trepaba por unos pocos segundos a la perciana del cementerio, y al fondo en el mesón blanco veía a alguien abierto. Los vi morados, rojos, verdes. Y eso que no vi muchos.

Mucha mosca. Un olor fuerte en el ambiente. Mucho chismoceo. Mucha gente. Mucha lagrima. Mucha tristeza. Mucha muerte.

Mi papá me contó solo una vez la muerte de mi tío “Millan”. Ese día entendí que uno se muere, que uno se lo llevan. Las muertes de mis abuelas, a pesar que era una noticia esperada, siempre me recordó que uno se va también con los años.
Y la muerte y matada de mi tía y primo, me han gritado que uno se va sin querer.

Esas partidas, y la muertes por montones en la calle, y las tarde enteras afuera en la morgue esperando un chisme, y mi mamá contando al almuerzo que hoy le tocó practica en la Morgue, me han hecho siempre mirar la muerte de frente, sin cámandula, sin suavizar.

Por eso me empeñe en hacer este programa de "tecnologia para la muerte". Como una deuda que tenia con mis viceras de vivo. Y con las ganas de contar el negocio (o pasión) de la muerte, en el país que me toco vivir, que es uno de los más violentos del mundo.

Somos los mejores en matar y morir. También somos los mejores en preparar(nos) para el ultimo ritual de la vida.

martes, 28 de abril de 2009

Hoy, Ir a Cine

Caminando por los desolados (o abandonados?) pasillos del C.C Vizcaya, subiendo por las escalas apagadas, y observados por un guachiman a lo lejos, hoy llegamos al cine.

Desde niño he ido al cine. Fue un vicio que adquirí solo. Me paraba al frente del teatro “Bochica”, y miraba la hora y las peliculotas, y me programaba para pagar los 200 pesos. Me gustaban las de balas y de las de Ninjas.

Nunca alcanzaba la taquilla. El señor le vendía a los ojos luminosos que lo miraban una boleta, y yo esperaba afuera hasta que las cortinas de hierro eran corridas. Me gustaba, y aun tengo ese gustico, entrar a la oscuridad del teatro, buscar el mejor puesto, sentarse y darse cuenta que la silla estaba mala, o que no era la tuya.

Mirar a todos lados, ponerse cómodo, reírse y antojarse con las promociones de los “Próximamente!”. No saber cual es tu peli, porque dan tantas cosas que ya comienzas a incomodarte. Mirar en la oscuridad a todos lados, y ver que todos están en las mismas. Y tan tan, ta tan! Inicia, y respiras, y lees, y te conectas a las cinta y te desconectas de la vida.


Recuerdo que recordaba a mi padre trabajando solito porque su hijo esta sentado en las sillas azules de un teatro. Recuerdo que nunca tenia plata para el “Intermedio”. Recuerdo ir al baño, o subir hasta la sala de proyecciones y mirar por donde pudiera, qué demonios está pasando en ese saloncito donde salia toda la magia. Recuerdo llorar, reírme, sufrir, taparme los ojos, o hasta los oídos, acurrucarme, pararme y gritarle a la pantalla, sentarme y darme cuenta que nunca me iba a parar bolas, y bueno, esperar que llegara el final, que prendieran las luces en medio de los créditos, y que mis ojos volvieran a ver lo que deben ver, y salir, y pensar todo el día en los personajes y en la historia, y creeme Karateca, superheroe, matón, policía, cómico....

El cine para mi es el Teatro Bochica de mi pueblo, donde me vi a Terminator y Robocop, y El Niño de la Mochila Azul, y los Niños Karatecas, y Mártir del Calvario.

domingo, 26 de abril de 2009

Hoy, Balas Perdidas

En un domingo lluvioso en el centro de la ciudad. Mis zapatos estaban mojados por los ríos que pise, y mi garganta caliente por los “pericos” que me tome. 1 Pm, hoy, subí en el ascensor, y entramos por la puerta de cristal que dice “bienvenidos”, y en la mitad de la hermosa vista que tiene el “Canal U”, dos tiros, en diferente día y vidrio, pero igual de perdidos.

Recuerdo las balaceras en el barrio, y nosotros escondidos en la cocina, evitando algún balazo “a la loca”. Recuerdo los huecos en las paredes: Grandes, pequeños, viejos, de anoche, con y sin historias. Recuerdo el ¡Pum! Y como olvidar el ¡Pam!.

Casi nunca me escondí(amos) mucho, siempre me gusto ver quien era el de las balas. Y casi no me importo el hueco en la pared, quería era ver el casquillo. Y bueno, sé que me asusto con la bala, que me pongo blanco, que me cierro los ojos y me aterra oír un ¡pum! o un ¡pam! afuera, porque de pronto pega en mi cuerpo en vez que en el cuerpo de “los muchachos”.
Pero nada, reconozco que me gusta el misterio de la minúscula bala que pega tan duro que puede hacer meros huecos. Puros gustos que uno adquiere en un país en guerra.

sábado, 25 de abril de 2009

Hoy, los Puentes

Mano en el pasamanos. Pie en el aire y comienzan las escaleras. Y uno mira hacia arriba.
Hoy subí las escalas del peatonal que comunica “Suramericana” con Carlos E.


De una pensé que uno como pueblerino monto por primera vez en Puente Peatonal. De la mano de alguien mire los carros que pasaban enloquecidos en ese Medellín del 90´s que me hacia llorar los ojos.

Recordé los puentes colgantes de Betulia, un pueblo donde mi tío trabajaba y yo me pasaba las horas sintiendo el miedito que se siente al pasar por puentes que se mecen. Pasaba una y otra vez.

Saco de mi memoria cualquier puente, de los que tanto he subido, donde uno se encuentra gamines, venteros, locos, amigos, huecos, locos, amigos, la pelada esa, el enemigo que no deberías encontrarte, la profe..

Recuerdo escupir hacia abajo, y no mirar a quien le cayo.
Recuerdo el puente con rejas de la pelicula “Gummo”
Recuerdo el puente amarillo de Bolombolo.

jueves, 23 de abril de 2009

Hoy, Aguacates

Salí en una mañana a cualquiera buscar desayuno. Salí a la tienda, y me encontré un señor gritando “Aguacates!” en la calle. Le grite: “Aguacates! Y volteo y me miro. Yo le hice señas, que uno, que uno. Y en par de segundos ya estamos escogiendo dos de mil. Y mientras me trataba de engañar, diciéndome que no estaban bueno, recordé a mi familia.

Recuerdo los aguacates metidos en el escaparate, debajo de las cobijas, envueltos en “Colombiano”. Recuerdo los costales de “tres rayas” que llenaban la casa, las habitaciones, los “escondederos”, el rincón del perro. Aguacates de 200, de 100, de 500 los buenos, estaban por todos los lados, sacados y contados en susurros entre mi padre y mis tíos, y vendidos en las calles del Pueblo. El aguacate fue uno de los “rebusques” de mi familia. El aguacate fue el mejor desayuno comido desde niño en mi casa.


“De mantequilla, juan, pura mantequilla” me decía mi padre al cortarme el mejor aguacate con su machete, para que comiéramos con una arepa comprada en el restaurante del frente.

De esos tiempos hasta hoy, aun salgo a la calle, a ver qué “calidad” de aguacates lleva el señor que grita.

miércoles, 15 de abril de 2009

Hoy, La Virgen

Caminando en bajada, ahí después de la una calle que es muy transitada, en la segunda casa después de la esquina, en la ventana, vi un sticker de la Virgen.

Me recordó a mi abuelita Virgelina. A la Rosa Mistica. Al grupo de oración. A escapulario, a corazón adolorido, a lagrima de sangre, a hijos que se persignan, a amor de madre, a las madres.
Recordé que siempre he pensado que hasta en la religión a las mujeres les toco lo peorcito: Sufrir.

Me acorde una niña que vivia “por la tercera”, y que era sobrina de “Liborino”, y que se llamaba Yuliet (o algoa asi), y que se desmayaba porque la virgen la poseía. Recuerdo verla desmayarse una y otra vez, hasta pillarmele el truco.
Recuerdo ver muchos documentales de vírgenes que se aparecen. Recuerdo mirar a todas las vírgenes con mucho respeto. Recuerde no entender por qué los Cristianos no quería a la Virgen si era lo mejor que tenia el cristianismo.

Recordé que fui muy creyente, y que muchas veces canté esperando que fuese cierto: “Es María la blanca Paloma, que ha venido a América a traernos la paz...”