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lunes, 21 de junio de 2010

Haciendo Crispetas, porque no es lo más fácil de hacer

No fuimos de los que compraban cosas que aparecían en la Televisión. Y no era porque no nos gustaban, sino por la plata, que nunca estuvo con nosotros. Recuerdo, que entre muchas cosas que decían en para vender: "Para hacer Crispetas absolutamente fácil" decía un culebrero en la TV, y todos creíamos.

Una vez llegó la feria de Televentas (o Telegangas) al pueblo, no sé como se lo levanto la plata, tal vez la ración (plata que da el padre los domingos) de todos , pudimos adquirir un olla de esas de la tv, y que un man en 5, tan solo con una olla, un medidor para aceite, y un fogón, sacaba millones de crispetas. Y gritaba que había muchas recetas especiales para hacer con esos maicitos llamados "Palomitas de maíz", o como le digan en el lugar donde vivas.

Y como en casa Escobar- Alvarez, a la segunda usada, se quemó. En todo caso, no duro nada. Lo que dura una torta en la puerta de una escuela, dirá mi madre.

Por eso toco aprender a hacer a lo clásico, y después de disfrutar de este alimento blandito y que poco llena pero entretiene, debías de sacarle los quemaos a la ventiunica olla buen que tenia la cocina.

Les comparto una hecha de Palomitas que hicimos hace poco. No seguimos bien las poquísimas instrucciones, pero salió muy bien.



Gracias @Quinsal, y @Juanesg, quienes hicieron de chef y cámara, para un post más de las clases de cocina para los que ni siquieran son cocineros, y se les quema la aguapanela. Y saludos, y qué bueno que se conectan en el chat, que se soyan un tiroteo, por lo visto.
Seguiremos desde la cocina de Punto Link, haciendo de comer para solteros que no saben hacer nada, que alguna vez en la juventud la mamá se fue de paseo, o se demoro yendo a la tienda y le toco inventar cómo no morirse de hambre.

martes, 15 de junio de 2010

Tómese una colada, que le alimenta

Me entregaron ganas de tomar colada. Recordé a mi tía calentando la leche, luego disolviendo algo de una caja amarilla, y luego el olor a rico que se subió cuando hirbió.

Me contó que era para una señor(a) que estaba enfermo, en el Manzanillo, el barrio vecino.
Me dio a probar, y les aseguro que fue el sabor más suave y delicioso que recibía mis gustativas desde que había nacido. En serio. Yo tenia unos 8 años, no sé. Siempre, hasta los 18, me tenia que empinar para todo, entonces las edades las confundo porque casi siempre he calzado lo mismo, 37, y me sirve la talla M.

Pero lo importante es que aprendí que nunca había tomado colada de verdad. En la escuela, al medio día en el restaurante público, daban una sopa dulce espesa nutritiva y caliente. Hacia filas, y decía que era muy pobre (si era pobre, pero no tanto), que me dieran colada, y me daban, y me la comía toda sentando en el suelo frío que hacia de silla de unos mesones grandes, de un salón amplio con ventanas altas con techo de eternit, donde unas mujeres gorditas casi todas, nos daban de comer a los que necesitábamos, o queríamos, o gustábamos.
Pero no eran coladas de leche pura, ni de maizena, que fue el tarro amarillo que mi tía saco aquel día.

Y cuando mi mamá nos llevaba a las tarde de madres comunitarias, o que amamantaban, o primerizas, o no sé cuantos programas (desorganizados y mientras ese gobierno) se han hecho para ayudar a las madres pobres, con hijos en crecimiento. Esas tardes tranquilas, donde las mamas hablan de esas cosas que estaban aprendiendo, comíamos entre muchas cosas, colada hecha con aguapanela, que era oscura, pero sabrosa hasta chuparse los dedos. Hecha con Bienestarina, o Colombiaharina, que mandaba el gobierno en bolsas, y nos daban, y mi mamá los domingos, que cerraba la cocina porque era el día de descanso de la mujer, y el de los hombres el del trabajo, entonces nos despachaba con arroz con leche, o coladas hechas con mucho amor y más bien poca leche.

Hoy, cuando tengo 27 años, aun me empino, parece que estoy pasando a talla S, y ya me sirven otra vez los zapatos de mi mamá y mi novia, compramos los ingredientes para hacer una colada de las ricas, puras en leche, con la receta de la maizena.

Fue en vivo, y quedo grabado para que ustedes la hagan en casa:



Quedo rica. Pero no tan rica como la que hizó mi tía Amilbia aquel día.

Otro día hacemos arroz con lecho, o café con tostadas, y seguimos recordando.

martes, 23 de febrero de 2010

Hay vida en la nevera

Hoy tuve el momento exacto para volver a cocinar: Tenia hambre, y creía tener ingredientes para hacer una sopa.

Hacer de comer, es algo que deje hacer hace mucho tiempo. Que lo iba a retomar con la ida de mi hermano, y de una vino Camilo, y no tuve que preocuparme, y luego se fue. Y en estos días viaje, y de comer por fuera, no habían permitido la oportunidad. Pero hoy si, hoy sí!

Fui a la nevera, y si, se podía hacer sopita de alverjas (allá esta en la olla presión, medio masatuda, pero con un sabor increíble), solo debía ir por un caucho para la olla, y votar esa papás tan feas que tengo en la nevera. Ya iban a nacer aliens, y yo todo tranquilo.

Incluso, se puede jugar al micromundo, a Querida Enchiquite a los niños, y están en las papas criollas.




Que bueno que mi apá no sabe leer, ni escribir, porque seguro hasta me comentaría para putiarme por dejar perder la comida así. Pero es que yo no estoy cocinando, son estos manes que no han distribuido la comida.
Si yo cocinará, seguro todo consumido, pero es que cocinar quita mucho tiempo, y cada vez se tiene menos.

(Meteré la olla a la nevera, no vaya y se nos pierda la sopita saladita masatudita).

Hay planes de irnos para otro lugar. Pronto, pronto se cambiarán los hábitos, y espero estar participando activamente en nuestra intoxicación tres veces al día, y de aprender a no tener mucha privacidad.

Pero esa es otra historia. Luego será contada.