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lunes, 13 de diciembre de 2010

Siempre envidié

A los carniceros, porque contaban más plata que mi padre, que era un simple legumbrero. Yo veía a sus hijos más gordos, más cachetones, y con mejor ración que la mía. Hijos de puta, siempre los llame.

Claro, pura envidia le tuve al gordito, que era hijo del panadero, que en la escuelita poseía ese morral de cuero que tenía las letras ABC en relieve y a color. ¡Maldito! Creo que lo envidié tanto, que un día después que tocaron el timbre del recreo y que nos habíamos quedado jugando a un gol más a riesgo del castigo, el gordo se reventó la rodilla en un escalón del patio mientras corríamos de regreso al salón. Creo que fui yo el de la mala energía: lo envidiaba por rico, y porque alcanzaba el mesón de la tienda que a mí me superaba por muchos centímetros. ¡Perro!
Envidié a los niños blancos, y con cara bonita, y con familia con plata y de buen apellido. Ellos se quedaban en las "chuchas americanas” y “chinas” y en los juegos de "pico de botella" con las niñas más lindas, que con tiempo se convirtieron en reinas de todas las frutas y tradiciones de mi pueblo. ¡Pirobos! menos mal salieron maricas casi todos!

Cuando chico (todo es cuando chico!), la envidia cuando adultos es más mala, ya verán.
Cuando chico siempre envidie la zurda de los amigos calidositos (ya sean en las bolas, en el fuútbol, en las peleas). Envidié babeado el buen pulso, la buena puntería, de los más gamines del combo, que eran capaz de hacerle rotos a los panales, descalabrar enemigos, bajarse de un tiro la gajera de mangos. Yo solo tenía una diestra que hacía las cosas simplemente bien.

Es obvio que envidie a todos los que ya no eran "cachuchos", a los que a punta de paja había sido capaz de dejar de ser vírgenes, y luego, en las orinadas, podían decir que se había comido hasta la mamá. ¡Malditos! Seguro todo mi odio les ha beneficiado a tener una vida de mierda. Eso espero, y ruego!

No saben cuánto envidié a los que salían al frente del salón y podían exponer sus ideas clara y divertidamente. Yo siempre fui capaz de perder la nota con tal de no pararme allá y hablar pasito (entre los dientes) y ponerme la cara roja o pálida como una hoja.

Siempre miré con envidia de la mala a los que se ganaban todo. Hasta las rifas hechas en hojas de cuaderno, rifado por la Lotería de Medellín y que daba un premio de 1 pollo asado más Cocacola, se ganaban esos pendejos y pendejas. ¿Y yo? Ni mierda! No me he ganado ni una bala perdida.

Y en silencio tuve envidia de los que tenían hermanos mayores a quién imitar y de quién recibir consejos e influencias. Yo desgraciadamente fui el primero de mi familia, el primer primo de todos, al que todos no imitaron ni escucharon ni se influenciaron. Qué desgracia la de mi familia conmigo a la cabeza.

Y por supuesto, envidié mucho, muchísimo, a los amigos que tenían el “verbo” para conquistar las chicas que quisieran. Soy de la especie: “guevas” que piensan que todos los temas son tontos, que las chicas sienten asco por mí, y que me da pena mirar a los ojos, y que lo mejor está por dentro, y esas bobadas. Otro como yo no nace.

Puedo decirles, antes de pasar a las envidias adultas, grandes, mayores, como para hacer una transición entre la niñez, la adolescencia (bendita época donde uno envidia de todo) y la mayoría de edad, que envidie con todo el amor a los que no tenían las orejas grandes y salidas, a los que median más de 1 con 80, a los que no tenían caratejos en ningún parte del cuerpo, a los que tenían un pene grande (o eso cañaban), o bueno, a los que tenían los pectorales normales, y los que no tienen un huesito en el hombro que les impida cargar cosas sin que duela, y obvio, envidié a los de ojos azules y bocas finas, y a los que tienen el cabello normal y no esta enredadera de pelos que de un lado es así y del otro es asá. Los envidié sin odio, para no hacerme daño, para que mis defectos no se resintieran.

Y así, lográndome soportarme con todas estas envidias, y he llegado no sé cuándo y no sé cómo a ser grande y tener unas envidias diferentes.

Pues, por ejemplo, ando envidiando a cuanta pareja se besuquea en la calle y se dicen: “Te amo miamor”, o cualquier cursilería de esa que el amor genera por montones, y envidio a los que corren de la mano porque sí y porque no en un día de lluvia, y envidio serenamente a los amigos que hablan con pasión entendiéndosen hasta los silencios mientras se toman un tinto. Envidio un tantico no más a los que bailan y ponen a bailar, y mucho mucho a los que son buenos para cantar, tan buenos que lo ponen a cantar a uno. Y requeté envidio al que es capaz de callar por horas, y así lo insulten, no está como yo alzando la mano y opinando hasta en lo que no le incumbe. Envidio la "buena presencia" del resto del mundo, a los que se les sientan al lado en el bus y hasta les conversan, porque mi silla siempre es la ultima que alguien elige por ocupar. Envidio a todo el que está feliz, con buena energía, llenos de ganas de hacer las cosas, mientras yo ando sin ´fuezas´ para hacer . Sonrió de pura envidia al ver alguien feliz con las cosas sencillas, a los que viven en el campo y se ponen contentos porque está bien de salú, porque andan naciendo mariposas o el perro amaneció juguetón.

Miro con sospechosa envidia a los que dicen qué saben para donde van. A los que dicen que su hijo les cambió la vida. A los que mencionan que ya lo hicieron todo.

No son envidias de odio y de putería de las cuales me llené en mi infancia. Ni las lastimeras y absurdas de la adolescencia. Ahora es una mezcla de queja fugaz, de querer ese algo esa acción ese momento esa actitud y guardarla en el disco duro para algún día pueda ser ese que envidien, pero serlo con toda, con gusto, sin perder la sorpresa ni mucho menos sentirse supremo, sólo añorar, lamberse, soñarse con una especie de putería, de lástima, de queja o maldición, que es la envidia por un auto bonito que pasa, o el trabajo que anda haciendo un conocido, o la inteligencia de tal desconocido, o la espalda libre de nudos y estréses de los deportistas.

Ahora cada envidia, como cuando veía a los niños comprar Halls o MyM en el pueblo de mi niñez, o cuando un amigo era un líder bacano y todos lo seguíamos ciegamente, o ahora cuando envidio hacer tal cosa por siempre, todas ellas, las trato de hacer posible. Que sea real, tangible, una experiencia más de mi vida. Es como un reto. Como excusa para vivir un día más. A por las envidias!

Lo que no soy capaz de llevar a cabo, por excesivo o problemático, trato de verlo como paisaje, y obvio, no miro ese paisaje, no entro a revisar cuánto vale el Iphone que envidio, o no voy a los parques a ver “contar plata delante de la gente”, ni me voy a una feria de súper dibujantes para que restrieguen su talento en la cara, ni mucho menos me voy a sitios cooles para querer todos las maricadas que están de moda que bien divertidas y envidiables son.

Por ahí leí que la envidia es el único pecado que uno no disfruta, que el resto de pecados capitales son de gozo, de placer y de excesos. Envidiar es faltarle, es saber que qué chimba leerse todos esos libros, que te haría muy bien ese aparato, o esas palabras, es ver en otros y en otras cosas que de "one" te gustan, que de inmediato te hacen sentir que adentrico recién se ha generado un vacío, como si eso que apenas ves y envidias, te fáltese desde hace mucho tiempo. Algo así es la envidia, un vacío inventado, que uno quiere llenar, ya sea con la imaginación o con el esfuerzo real, para uno estar más lleno cada vez más.

Y como decían en el Chavo del 8: “La envidia nunca es buena, mata el alma y la envenena”.

Como vieron, mis envidias son de las buenas, porque mi alma es de las malas.


*"Siempre envidié" es un texto que escribí para un reto de Pecados Capitales de una amiga de twitter. En su blog, a conocidos y anónimos, les causo como gracias, como furia, como incomodidad. Sé lo que siente, envidiosos!!!

domingo, 12 de diciembre de 2010

conocí a José Asunción Silva

Desde hace días ando cogiendo los libros de "Palabras Rodantes", y me los trago en varias idas al baño, sentado incómodamente en una escala, mientras los parlantes del Metro le hablan a un poco de montañeros en inglés, y por eso no he escrito, y por eso no los he devuelto.

Después de Baldomero Sanín, que en una partecita de su selección habla de José Asunción Silva, no quedó otra cosa que leerlo.

Niño superdotado, hijo de comerciantes, en una Bogotá del siglo XIX, pero siempre su mente estuvo en otro lado. Viajó, volvió, y dice el libro que camino los primero pasos del espíritu lírico Colombiano. Murió a los 31. Digo, se mató a los 31 años. Leyéndolo, por su letra y por sus fuerzas y claridades, se me parece a Andrés Caicedo. O será que Caicedo es el Silva del siglo XX?

No sé... Lo que si sabemos es que es el que sale en los Billetes verdes de 5000 pesos Colombianos, y eso debe ser por algo. El que escribe el prologo dice que José Asunción representa "ese sentimiento al mismo tiempo doloroso y sublime, hondo y dulce, contradictorio y terrible que se resume en la expresión: SOY COLOMBIANO".

Demasiado emocional, sentimental, poético. Siempre grito que no soy capaz con la poesía pura, pero algunas palabras del autor me llegaron. Entonces, lean:

Podría copiarles frases de cada poema, de cada rima, pero no, qué desgaste. Debo reconocer que no era el tiempo para leer cantos al amor, pero bueno, fue lo que la mano cogió al escoger el próximo libro.

No solo le escribe al amor, sino a otros dolores también. Dolores y colores que todos tenemos.

Una poesía tan diversa, que hay cosas que directores de cine y animaciones super famosas han llevado a las pantallas, que Silva ya las cantaba desde hace un buen rato:

Frases sueltas, que son bonitas por alguna razón:

"¡cómo tendeís las alas, ensueños vanos,
cuando sobre las teclas vuelan sus manos
!"

ó

"¡El verso es vaso santo. Poned en él tan sólo,
un pensamiento puro,
en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes!,
¡como burbujas de oro en un viejo vino oscuro!

ó

"Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de la vida que ya nadie
conserva en la memoria..."

Versos y versos. Algunos llenos de un humor negro:

"Cuatro lunas más tarde, entre las sombras
del crepúsculo oscuro en el silencio del lugar y la hora, entre las tumbas
de antiguo cementerio
Lázaro estaba. sollozando a solas
y envidiando a los muertos
".

Y para terminar de compartirles un libro más que me leí, tres textos que me dan aliento para seguir, a pesar de la soledad, y de haber puesto todas mis cositas e ilusiones en un barco a punto de partir (¡tan marica yo!).

Y aquí está el texto que le de da titulo al librito, brillante:

y una recomendación adicional al leer (solo, en pareja, en familia, en público), de parte de José Asunción Silva (que dijo que un barco se le ahogo lo mejor de su obra):

lunes, 13 de septiembre de 2010

25 años luchando en Castillos equivocados

no me acuerdo si era en la mañana o en la tarde. Tal vez era la tarde, después de la escuela, yo tenía unos 5 años, quizá menos. No importa, uno a esa edad la preocupación es no orinarse en los pantalones y ponerle cuidado al mundo.
Y si, como les contaba, de pronto era en una tarde, estaba en la casa de un amiguito, riquito por supuesto, que fue el primero en tener una consola de videojuegos en el barrio, y él jugaba Mario Bros y nosotros lo veíamos.
Lo hacía muy bien, o por lo menos duraba un rato dándole a la tecla del atarí, y habían muchos sonidos, y monedas, y malos en un mundo de ladrillos.

Yo sabía que esa escena no se me iba a olvidar en la vida.

El hermano mayor de mi amiguito, insistió por las buenas que diera una vidíta, y mi amiguito que no, y que no, que lo dañaba! Luego de varias veces, lo obligó. Yo recibí el aparato ese que llamó ahora con tanta familiaridad: "control", y listo, ellos me dijeron que ya, que andará, pero que pilas, y de una morí.

Yo sé que a muchos les pasó lo mismo. Lo sé.
Yo devolví el control al amiguito que me regañaba por bobo, y miré a su hermano, que era de esas personas como yo que hoy se ponen al mismo nivel de los más pequeños y les pongo cuidado, y los aconsejo con risa, y les ayudo disimuladamente. Por eso le agradezco a ese muchacho que nunca me conoció y que yo tampoco, que hoy es un señor y aún me levanta la cabeza, gracias por permitirme jugar mi primera vez con Mario Bros, así sea para perder en segundos.

Desde ese día no descanse en jugar cada vez mejor. Aprendí a coger las 100 vidas, y a rescatar una y otra vez y ver que los mundos que uno ya se sabia eran más peligrosos y rápidos, y bueno, tengo hoy nostalgia saber que el personaje de un videojuego con el cual pase muchisímas horas divertidas de mi vida, está cumpliendo 25 años de existencia.

Mario! que viejos estamos!
Y tanto tiempo y nada que rescatamos princesa.

martes, 17 de agosto de 2010

Por favor un paquetico de cigarrillos

Ni cuando mi madre fumaba "Campeón", que los comprábamos a 50 pesos, unos cigarrillos me valieron tan baratos. Me alcanzaron las monedas que tenia en mi bolsillo.

Me comí uno, rápidamente, recordando las tardes aquellas que nos pase con los amiguitos aprendiendo a fumar, y mareados del dulce tan hifueputa que nos habíamos metido.

Le di de a cigarro a cada compañeritos de hoy, no como símbolo de que fume, sino como el único cigarrillo que les regalo de corazón y gusto, porque el los de verdad, los que aprendí a fumar tiempo después,
me hicieron todo el daño del mundo. En las mañanas, por ahí deben haber escritos de esos días, tenia que negociar nuevamente con los pulmones, con la faringe, conmigo mismo que estaba embotado de humo.

Ahora ya no gasto dinero en cigarrillos, a menos que sean de los que venden en la Plaza de La América a 500 pesitos el paquete, porque ya se me olvido fumar, y ahora sol me endulzo.
Endulzate la vida, por favor.

viernes, 13 de agosto de 2010

Y serví la leche pero no encontré los Chococrispis

Si, como lo lee. Cogí la bolsa de leche, que por su peso estaba en al mitad, serví en el plato hondo perfecto para Chococrispis a montones, pero fui a buscar la caja que siempre la he visto en el mismo punto de alacena, y precisamente hoy que a diferencia de otros días, había leche suficiente, o simplemente había leche, o como en otros casos, estaba la caja y en mis bolsillos no había dinero. En fin.

No encontré la berraca caja. La busque! No se imaginan!
Idéntico a cuando niño, que dejaba una gelatina endureciendose, o una cuajada enfriándose, y volvía al rato, y estaba la bolsa o la coca, pero el que se la había comido, con mucho cuidado había regresado vacío el recipiente.
En este caso, no encuentro ni siquiera el rastro de la caja en la basura.
Ya estoy pensando que me la imagine todo el tiempo. Pero no puede ser, yo estuve cuando la compramos, y mucho tiempo la miraba, y mejor comía arepa o algo más "nutritivo", para dejar para luego, o sea para hoy, un rico plato de leche con arroz achocolatado, pero como cuando niño: me puse a guardar, y no comí.

Lo que si grandetote, fue la lista del mercado. A propósito de este pequeño incidente nocturno, de veras no hay nada en la cocina. En menos de 20 días, barrimos con todo. Primero, hay que ponerle cuidado a los chococrispis, no dejar que los apurados integrantes de la familia Punto Link mecateen en vez de comer, y tres: hay que pagar empleada de servicio (y comida) para que el mercado dure, y comamos bien dos días a la semana (contando la de *Rosita).

Me tome la leche como si fuera coca cola. Hace calorcito en Medellín. 10.48pm. Igual, muchos días antes no tenia ni leche, ni chococrispis, y aun así encontraba razones para seguir poniendo un pie en el suelo en las mañanas. Buenas noches.

lunes, 21 de junio de 2010

Haciendo Crispetas, porque no es lo más fácil de hacer

No fuimos de los que compraban cosas que aparecían en la Televisión. Y no era porque no nos gustaban, sino por la plata, que nunca estuvo con nosotros. Recuerdo, que entre muchas cosas que decían en para vender: "Para hacer Crispetas absolutamente fácil" decía un culebrero en la TV, y todos creíamos.

Una vez llegó la feria de Televentas (o Telegangas) al pueblo, no sé como se lo levanto la plata, tal vez la ración (plata que da el padre los domingos) de todos , pudimos adquirir un olla de esas de la tv, y que un man en 5, tan solo con una olla, un medidor para aceite, y un fogón, sacaba millones de crispetas. Y gritaba que había muchas recetas especiales para hacer con esos maicitos llamados "Palomitas de maíz", o como le digan en el lugar donde vivas.

Y como en casa Escobar- Alvarez, a la segunda usada, se quemó. En todo caso, no duro nada. Lo que dura una torta en la puerta de una escuela, dirá mi madre.

Por eso toco aprender a hacer a lo clásico, y después de disfrutar de este alimento blandito y que poco llena pero entretiene, debías de sacarle los quemaos a la ventiunica olla buen que tenia la cocina.

Les comparto una hecha de Palomitas que hicimos hace poco. No seguimos bien las poquísimas instrucciones, pero salió muy bien.



Gracias @Quinsal, y @Juanesg, quienes hicieron de chef y cámara, para un post más de las clases de cocina para los que ni siquieran son cocineros, y se les quema la aguapanela. Y saludos, y qué bueno que se conectan en el chat, que se soyan un tiroteo, por lo visto.
Seguiremos desde la cocina de Punto Link, haciendo de comer para solteros que no saben hacer nada, que alguna vez en la juventud la mamá se fue de paseo, o se demoro yendo a la tienda y le toco inventar cómo no morirse de hambre.

martes, 15 de junio de 2010

Tómese una colada, que le alimenta

Me entregaron ganas de tomar colada. Recordé a mi tía calentando la leche, luego disolviendo algo de una caja amarilla, y luego el olor a rico que se subió cuando hirbió.

Me contó que era para una señor(a) que estaba enfermo, en el Manzanillo, el barrio vecino.
Me dio a probar, y les aseguro que fue el sabor más suave y delicioso que recibía mis gustativas desde que había nacido. En serio. Yo tenia unos 8 años, no sé. Siempre, hasta los 18, me tenia que empinar para todo, entonces las edades las confundo porque casi siempre he calzado lo mismo, 37, y me sirve la talla M.

Pero lo importante es que aprendí que nunca había tomado colada de verdad. En la escuela, al medio día en el restaurante público, daban una sopa dulce espesa nutritiva y caliente. Hacia filas, y decía que era muy pobre (si era pobre, pero no tanto), que me dieran colada, y me daban, y me la comía toda sentando en el suelo frío que hacia de silla de unos mesones grandes, de un salón amplio con ventanas altas con techo de eternit, donde unas mujeres gorditas casi todas, nos daban de comer a los que necesitábamos, o queríamos, o gustábamos.
Pero no eran coladas de leche pura, ni de maizena, que fue el tarro amarillo que mi tía saco aquel día.

Y cuando mi mamá nos llevaba a las tarde de madres comunitarias, o que amamantaban, o primerizas, o no sé cuantos programas (desorganizados y mientras ese gobierno) se han hecho para ayudar a las madres pobres, con hijos en crecimiento. Esas tardes tranquilas, donde las mamas hablan de esas cosas que estaban aprendiendo, comíamos entre muchas cosas, colada hecha con aguapanela, que era oscura, pero sabrosa hasta chuparse los dedos. Hecha con Bienestarina, o Colombiaharina, que mandaba el gobierno en bolsas, y nos daban, y mi mamá los domingos, que cerraba la cocina porque era el día de descanso de la mujer, y el de los hombres el del trabajo, entonces nos despachaba con arroz con leche, o coladas hechas con mucho amor y más bien poca leche.

Hoy, cuando tengo 27 años, aun me empino, parece que estoy pasando a talla S, y ya me sirven otra vez los zapatos de mi mamá y mi novia, compramos los ingredientes para hacer una colada de las ricas, puras en leche, con la receta de la maizena.

Fue en vivo, y quedo grabado para que ustedes la hagan en casa:



Quedo rica. Pero no tan rica como la que hizó mi tía Amilbia aquel día.

Otro día hacemos arroz con lecho, o café con tostadas, y seguimos recordando.

jueves, 29 de octubre de 2009

Hoy, El mago

7.30am, estábamos subiendo a Santa Elena. Se veía bonito la neblina encima de la ciudad. Buscamos la vereda, grabamos un pedazo del show del Mago, nos reímos, nos fuimos.
Buscamos otra vereda, grabamos otra vez.

Hoy, El Mago.

Recuerdo, aun, cuando estaba en preescolar a un payaso/mago que se levanto a un compañerito en una silla con la madibula. Eso no era magia, era otra cosa. Pensé durante mucho tiempo, y aun si veo el truco se me viene la imagen de la “Isabel Solis”, de la manga, de muchos niños abriendo la boca.

Otra vez, tal vez tenia 9 o 10 años, el compañerito de lado, lo saco el mago al frente, y le metió la cabeza en una caja negra, y a esa caja le metió muchos machetes. En serio que sufrí, que me imagine, hasta que el amiguito me invito a “chitos”que le habían dado por manejarse bien, y no contar nada.

Yo era de los niños que pensaba cómo es que eran los trucos de las cosas, que ya grande estudie un oficio que hace magia.
Los niños de Santa Elena se emocionaron como yo cuando niño. Supongo que en el futuro alguno estarán escribiendo algún texto sobre los payasos o los magos de su infancia en una escuelita de un corregimiento, y que algún truco (malo o bueno) que hizo el señor de traje, le disparo algún gusto, alguna habilidad, o simplemente, una pregunta.

lunes, 17 de agosto de 2009

Hoy, Patrullerito

En la fría mañana, mientras termino de entrar al Metro, veo a unos “Patrulleritos” formados adentro de la estación.

Hoy, mientras sacaba la Cívica, escuchaba las “voces de mando” que otro Patrullero bachiller gritaba a los niños uniformados de verde. Hoy, camine despacio, viendo la maldad en los ojos de los niños que están en la misma posición que estuve alguna vez.

Recordé que me metí a los “patrulleritos”, o “sapos”, porque mi hermanito se metío, y los amiguitos también, y ya un parcero de enfrente de la casa se había metido, y le decían que era un bobo, un “soplón”.
Yo quería saber cómo era el mundo de los señores de verde. “Los tombos”, que yo los reconocía por matar gente en la noche (encapuchados) mientras dormiamos, y porque se nos llevaban los balones con los que jugábamos “los pateos” en las calles adoquinadas de mi barrio.

Como todo en mi. Fui Patrullero Infantil del la Policía Nacional, Por llevar la contraria, y por saber una cosa más en la vida.

Había que disfrazarse. Dizque boina, y un overol que llevaba la bandera de Colombia en el hombro, y botas bien lustradas, y camisa blanca por dentro.
Y debíamos aprender a marchar. Y a ser respetuosos y elegantes, y silenciosos, y obedientes.

En esa vaina nos metimos un combo del barrio. Solo quedamos algunos Y aprendimos un montón.
Noches enteras de marcha, haciéndole caso a “Silva”, un soldado delgado, blanco, y muy amable, que nos puso a escuchar grabaciones de “tomas guerrilleras” que tenia tenia en cassettes, y que nos contaba chistes, y que nos regañaba por indisciplinados, y que un día no volvimos a ver, porque en un operativo en las afueras del pueblo, fue muerto “en situaciones confusas”.

No se si no volví por eso, o ya me había mamao desde hacia días. No importa. Tal vez solo tengo los recuerdos de estar en la estación de policía toda la tarde viendo TV (El Chavo), y enterándome que cogieron a yo no se quiencito, y que tal parte esta peligrosa, y que los policías se enamoraban, y que eran tipos hasta amables, y que otros eran unos Hijos de la Gran Puta (y todos lo sabíamos), y que la marihuana se sacaba de una mata, y que los calabozos eran miedosos, y que los polís también sentían miedo y, pues claro, también se reían, y que estar en la mitad de la población era un estrategia, y que la guerrilla no era derrotable, y que la guerra era algo absurdo.

En fin. Sigo mi vida. Ya de esos días (lindos de por si) no quedan sino los recuerdos, y una foto que algún día posteo.

domingo, 16 de agosto de 2009

Hoy, Marañón

Iba a coger la loma más dura. Estaba muerto de sueño, el sol me tenia jodido, y un marañón corría libremente por la calle.
Hoy, vi que estaban cogiendo marañones, y me comí uno que se rodó.

Había Marañones al frente de los Loteros, en mi barrio. Y también en la finca de los amigos. Y sobre todo, en la finca de Los Vélez.

De todos comí. Más maduros que verdes. Los verdes me hacían hacer malacara, y me daba agriera. Los maduros son dulces, jugosos. Es como comerce una fruta que en su interior tenga algodón húmedo. Una delicia.

Hacia años no comía. Y como siempre, comí hasta que me quito la sed.

Hoy, no fue robado como cuando niño, o de afán mientras íbamos al colegio. Como siempre, gratis, gracias a los arboles que han crecido afuera de nuestras casas.

lunes, 18 de mayo de 2009

Hoy, mi Hermano jugando el Pateíto

Mientras yo en las misma de siempre: Sentado frente al PC, y él por ahí, dando vueltas a sus cosas y pensamientos, sentado en el quicio de la puerta.
En un domingo cualquiera de sol, mi hermano entro corriendo, me dijo que terminara de hacer el almuerzo, que hoy los “Patos” lo habían invitado a jugar.

De los Patos, el de verde.

Recuerdo un día en la cancha del colegio, que un zurdito le metió un balonazo en la mano y se la quebró. Yo estaba en el tercer equipo, y vi la maldad del man, y el dolor de mi hermano. Lo montamos en una moto, y yo corrí a llamar a mi mamá.

Y jugué con él en las casas donde vivimos. Y en la calle adoquinada y en la de cemento, y en el empedrado, y en la placa polideportiva, y en la manga del estadio, y en el peladero de cualquier parte. Nunca me gusto tenerlo en mi equipo, pensé que no era justo para él, ni para mí, pues siempre eramos rivales.

Lo veía volar, pelear, estar rojo y gritar. Nadie se metió con él, todos lo queríamos, era un figura para jugar (y en la vida), y además era mi hermano. Y no es que yo era un “duro”, ni nada de eso, era el amigo o parcero del “duro.”

A veces pasaba por la escuela donde estudiaba, yo tal vez estaba en Quinto de primaria, y él en Tercero. Y lo observaba un rato desde lejos, todo sucio, pelíon, sonriente, y pensaba en esa época, y ahora aun más, que no era un buen hermano, que he dormido al lado, (y vivió toda la vida juntos), y no conozco, y no soy amigo de Jorge Andrés Escobar.

Así somos nosotros. Silenciosos, pelíones, y jugadores de fútbol a morir.

Yo ya no juego fútbol, y él ya no es frágil
Yo no soy amigo de “los duros”, pero él aun es querido por todos.

domingo, 17 de mayo de 2009

Hoy, Me Disfracé

Sentados en la terraza, mientras el sol, buscamos un numero telefónico o un lugar donde alquilasen disfraces. No había pensado disfrazarme, pero resulta que hoy sábado estábamos entrando a “Carnaval y Fantasía”.

El ultimo disfraz que recuerdo fue de payaso, pero hace muchos, y mi hermano estaba muy pequeño. Nos paramos en una tela, una foto de 1500, y confites, y pa´la casa. Era un día que uno veía raro, pues una mascara te la filtraba o un maquillaje te quitaba la pena y vivías un día tan rápido como divertido.

“Eso coja una ropa rota y se viste de gamín”. Me decían. O un costal, con el mismo disfraz, y “Quedas de viejito”. Ah! Nada, me compraba un máscara, y salia a pedir confites. A veces había días que nos rotábamos las mascaras y pedíamos en el mismo sitio varias veces.

Me he, y me ha, disfrazado de Pollito, de payaso, de... No se que más, yo creo que ahí para la cosa. Que familia tan pobre!

Hasta hoy, que me puse el disfraz de “Flash” al revés, y me tuvieron que bajar la cremallera de las botas, y el traje rojo que valia 30 mil de alquiler me quedo grande.

Me tuve que afeitar, quitar toda la ropa, tomar mucha agua, aguantame el mareíto para salir a la calle y la pena que siempre me ha dado salir disfrazado de otra cosa que no sea Juan David.

Y en la calle, mientra me ofrecían una fumada de marihuana (que no me dieron) “para que me fuera entonado para la fiesta”, y cuando los niños y los adultos nos me miraban, o miraban a Flash, y Flash los miraba fijamente, mientra eso, yo pensaba en mi niñez, en las sonrisas, en la magia, en los dibujitos animados que nunca me vi por estar trabajando y que por eso me puse el traje al revés, y que no sé que putos poderes tienen los benditos Superhéroes.

Por el hueco vestido de rojo, caminando al lado “Batichica” y “La Sombra”, mientras le sonreía a la gente, y saludar a los bebes, y le pedía el favor que nos tomaran una foto, y nadie quería retratar a unos superhéroes, todo eso, todo, lo mismo que el 31 de Octubre, pensaba que pese a todo, a los años y las crisis y las lucha, nunca, pero nunca se debe dejar de ser niño y superhéroes. Mientras el mundo se cae, como nos lo viene demostrando desde antes que nos disfrazáramos de payasos o me cargaban en brazo todo amarillo.

Mientras todo, no hay que dejar de ser felices, coloridos y distraídos.

domingo, 19 de abril de 2009

Hoy, "el pateo"

Los golpes que sonaban eran contra mi puerta. Afuera se escuchaba la algarabía, los gritos, las puteadas, y otra vez el balón golpear la puerta, pero esta vez la del vecino de al lado. Hoy era domingo de futbolito, hoy es el día y la hora precisa para ver dos minutos por la ventana cómo va el “Pateo” de los “Patos” de Villa Hermosa.

Mientras veía a los muchachos jugar, pensé en los miles de partidos que me jugué.
Juegue futbol desde antes de tener uso de razón. Jugaba con mi hermano en el pasillo de la casa y nuestros arcos eran los umbrales de las puertas. Juegue con los pies descalzos en la calles de “San Judas” que estaban mal adoquinadas. Me revente los dedos de los pies contra el cemento, contra las patas de la cama. Metí golazos que definieron partidos. Peleé con los amigos por un gol, o por un partido. Fui capaz de jugar 4 a 5 cotejos seguiditos.

También recuerdo como los carros nos pisaban el balón de 200pesos. Vi como la policía nos capturaba la segunda pelota de la noche. También recuerdo a las doñas mala clases (había muchas) que nos echaban la policía y nos cortaban el balón con cuchillos. Me veo mirar para arriba, esperando que la pelota bajara mágicamente por el techo a la que recién el más “vaca” la había tirado: -“que no se quedara atrancada por dios!!”.

Nuestros arcos fueron dos piedras, un par de línea marcadas en el suelo con pedazos de teja o ladrillo, o de “la acera hasta la camiseta”.
Nuestro balón fue de plástico, de cáscaras, marca Golty, marca “robo”, hasta jugamos con balones rotos pero llenos de tela por dentro. Jugamos hasta con piedras.

Nuestros uniformes fueron: Con Camisa o Sin Camisa.
Y nuestra cancha: La calle, la manga, la subidita, cualquier muro.
La verdad, Jugábamos en cualquier morro.

martes, 31 de marzo de 2009

Hoy, Chococonos

Hoy saque de una bolsa de mercado tres chococonos. Uno era para mí.

Ayer también saque chococonos. De los dos, yo me comí uno.

Los Chococonos me recuerdan los días que tengo plata y que me compro uno. Me hacen pensar en día que vi en helados “Mimos” recubrir un cono con chocolate, “así se hacen”, grite para mí. Vi claritico la nevera que se abre y me tira todo el aire frio a mi rostro sudado de domingo en la tarde, cuando sacaba del bolsillo los mil pesos que me ladroniaba a mi padre. Já, sentí en la boca el sabor dulce de una masa blanca que salía por la esquinita de una bolsa transparente llena de 5 o 6 Chococonos defectuosos que compraba en Helados “El Antojo” por 100 o 200 pesos, por allá en el año 90 del siglo pasado. Y por supuesto, tengo grabado en la memoria, la sensación de no tener nunca para nada más que una paleta de agua, y que huevonada, nunca me alcanza para un rico Chococono.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Hoy, la infancia


Hoy, jugamos a ser niños, a escuchar, a ser Alejandro, o Juan David.

Afoetunadamente mi mamá me dejo ser niño completamente. Gaminie todo lo que podía en las horas que tenia hasta que me llamaban desde la puerta: “Juan Davidddddd!!!!!!!
No fui un niño muy inteligente, pero si rarito. Más bien silencioso, asolapao que llaman. Pero siempre quería meter el dedo en la yaga, y lo metí. Hice de todo, se los aseguro. Con decirles que me columpie en muchos columpios, que corrí en muchas mangas de muchas fincas donde muchas veces robamos mucho.

Ayer fui un niño de pueblo. Hoy soy un niño de ciudad.