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martes, 17 de agosto de 2010

Por favor un paquetico de cigarrillos

Ni cuando mi madre fumaba "Campeón", que los comprábamos a 50 pesos, unos cigarrillos me valieron tan baratos. Me alcanzaron las monedas que tenia en mi bolsillo.

Me comí uno, rápidamente, recordando las tardes aquellas que nos pase con los amiguitos aprendiendo a fumar, y mareados del dulce tan hifueputa que nos habíamos metido.

Le di de a cigarro a cada compañeritos de hoy, no como símbolo de que fume, sino como el único cigarrillo que les regalo de corazón y gusto, porque el los de verdad, los que aprendí a fumar tiempo después,
me hicieron todo el daño del mundo. En las mañanas, por ahí deben haber escritos de esos días, tenia que negociar nuevamente con los pulmones, con la faringe, conmigo mismo que estaba embotado de humo.

Ahora ya no gasto dinero en cigarrillos, a menos que sean de los que venden en la Plaza de La América a 500 pesitos el paquete, porque ya se me olvido fumar, y ahora sol me endulzo.
Endulzate la vida, por favor.

martes, 4 de agosto de 2009

Hoy, panelita y leche

En días de mucho movimientos de marca, y de calor, y de frenesí ferial, yo les vengo a hablar de la panelita que me comí hoy.

Las conozco desde siempre, pero no había probado la de “Café”. Riquísima.

Deliciosas como las de doña Flor, o Marleny, que tenían puesto al frente del toldo de mi papá, en la plaza de mercado de mi infancia.

Con Coco. Pedazos de coco que nadaban en agua todos los días de la semana en un frasco transparente. A 100 el coco, y a 100 la panela negra, y a 200 la blanca. El “Casao” ideal para un sábado en la tarde.

O para un martes. O para cualquier día. Lo aprendí cuando compraba panelitas en todos lados. A la salida de la escuela. A los mangueros. Al señor de la tienda.
Me gustan las blancas, las de leche. Deliciosas, en serio.

Un día, por cosas de la amistad, llegue hasta una casa donde el papá del amiguito estaba haciendo panelitas en una pailas grandisima. Vi la magia, la masa, la cantidad absurda de panelitas, que salí cansado, y me demore en volver a comer alguna.

Se que me moriré de azúcar. Y una de las culpables será las panelitas.
Tengo que ir pensando en comprar coquito y tener en la nevera en un frasco con agua. Si me muero, que sea con el casao completo.

domingo, 12 de abril de 2009

Hoy, La "Solterita"

Una campanita sonaba afuera, en la calle. El que la sonaba llevaba prisa, y yo por supuesto, tenia hambre y prisa de saborear una rica “Solterita”, y le grite: “¡Ey, solteritas, ey, aquí!”

Hoy recordé que no recuerdo la primera vez que me comí una “Solterita”. Pero si recuerdo que desde niño, desde “pirringo” he comido esa crema dulce y de colores que se pone en una galleta crujiente.

He salido de misa y he comido. He salido de la escuela y he contado mis monedas y me las gaste todas en puras “Solteritas” dobles. A travesé calles para pedir una con bastante crema. Busque de casa en casa, de donde venia el olor, y me encontré fabricas donde me han dicho los ingredientes. He frenado en seco, y atravesé avenidas para comprar las “Solteritas” más radioactivas que me he comido en mi vida.

Ahora, he vuelto a buscar salidas del colegio, o parques en la hora de misa, para saborear o hacer cara de “maluco” con las cremas y galletas dulces, o secas, o amargas, o crudas, o frías, o raras.