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miércoles, 9 de junio de 2010

¿Recuerdan la leche?

De veras, sé que no necesito imagen para contarles lo que quiero que imaginen.

Es simple. Imaginen la leche. Tal y como la recuerdas de la infancia. Con amor o con odio. En vaso. En la vaca. En tu boca. En el tetero. Con cereales. De la teta.

A mi hermanita le decíamos: "la muuuuuú!!!", para convencerla que se tomara el liquido blancuzco que llaman leche, y que yo me la imagino con nata por encima, recién hervida, en fogón de luz, de esos que son de parrilla que se pone roja y suena como un reloj cuando uno lo apaga.

La leche me gusta porque da nata. Porque mi abuela me dejaba comerme la nata, sacada con una cuchara. Porque me refresca después las gastritis y las posvomitadas. Porque es natural, no como la puta coca cola o esas bebidas de colores.

Tampoco sé si se les gusta o no, o si les infla el estomago, o los pone mal. Y si lo supiera, no los entendería, porque a mi me sabe riquísimo.

Lo único que les pido, es que imaginen la leche. En las canecas, de esas que a mi pueblo llegaban en la "Escalera" o el "jeep", y te vendían un litro por 500, y te hacia el "trato" para así tenerla asegurada todos los días. O si sos de los jóvenes, que ni idea de la caneca, y solo la han conocido en tetrapack, también vale. A mi casa, aún en el 2010, llega hasta la puerta, 2 litros y medio, en una botella de gaseosa grandes.
Yo recuerdo que me gustaba que las distribuidoras lácteas, vendieran la bolsita de 250ml, porque uno podía comerse la cosa dulce en la panadería, con leche leche suficiente y barata.
Pero ya no. Esa misma leche, que sale de las vacas, ordeñada por campesinos, que en la madrugada la sacan a la orilla de la carretera, para que los dueños de esas grandes empresas se las lleven y las embolses en bolsa de colores, que llega a las tiendas, y por casi medio dolar uno puede comprar que la semi, que las des, y la larga vida, y que tales y que pascuales.

Quería ponerlos a imaginar saboriando, u odiando, para que también se imaginen la rica leche que venden al frente del bloque de Arquitectura en la Universidad Nacional, sede Medellín.
La venden en envases de vidrio, pequeños. A nuestros padres les toco la botella de vidrio, y la canasta; me los imagino todos bonitos quebrando envases a lo loco.

Es leche achocolatada. Buenísima! Ya tienen otra versión de la leche, para cuando imagines.

jueves, 7 de enero de 2010

La vecina tenia oriando la cobija peluda

Cuando volvía de la calle, vi el perro de cabezas de la cobija gigante de la vecina que colgaba en su balcón.

Prueba de ello, la foto.

Con la moto prendida, para que no se apague y pueda subir el resto de escalones hasta la sala de la casa, saco mi cámara y le tomo dos bellas fotos a la cobija matrimonial de los vecinos de Sonsón. Siempre hay vecinos por las ventanas, en los otros balcones. Los siento en la nuca mientras abro la puerta y evito que el gato blanco se salga, me devuelvo por la moto y veo los ojos que se mueven en las ventanas y endijas (ojalá algún día cuelguen su cobija, y les tomo , foto), y meto la moto a la casa de puerta blanca, bajo la pata, apago el motor, voy y cierro la puerta, y en mi mente resuena solo una palabra: "Gobelino".

Como 20 años se me devuelve la mente. Y claro, ahí está el gobelino de dos tigres (jugando?) en una pradera decorando la sala de "Lelis", la mamá de Bayron y Leandro.
Eramos como hermanos, porque nuestras madres parecían hermanas.
Pero el de los tigres no me gustaba tanto, como el de un banderillero clavándole esas cosas a un toro fortachón. Tenia más vida, aunque la escena prepara una muerte. O sea, en la sala de mis amigos había dos gobelinos. Lo máximo.

En casa solo teníamos un cuadro con el puente de San Francisco, o que se yo. Pero gobelino no tuvimos.
Bueno, si cobija grande y peluda. Mi papá la llamaba: "la ecuatoriana" (porque la venden los indigenas de Ecuador). Nosotros, mi hermano y yo, simplemente "la peluda". Y teníamos que sacar todas nuestras fuerzas para doblarla en la mañana cuando mi mamá nos ponía a colaborarle en el arreglo de casa. Cualquier cosa, incluso trapear, que doblar esa "oso".

De eso me acordé mientras la frescura de mi casa me recibía a las 12 y media de la tarde.

lunes, 4 de enero de 2010

Compré minisigüi

Era domingo, y los domingo siempre dan ganas de helado.
Y cuando uno tiene ganas, y va y compra el antojo, por supuesto le dan más ganas. Y en mí, las ganas por comer mecato dulce (o salao, lo que sea) son casi imparables, como de niño de 8 años con la plata de la primera comunión.

Del Macflurry me pase a la zona de dulces,

Y en una bolsita de esas que usaba el doctor chapatín, me metieron un quesito dulce Urraeño, una galleta naranja rellena de arequipe (y para mal, de guayaba, que no me gusta mucho), y una bolsita de Minisigüi.

Lo pedí verde, por el Nacional. Azul fluorecente me recuerda al puto de millos, y que esos colores así de locos son malos si o sí.

Qué pensaría la profe de segundo, por allá en el 90, que el minisigüi hasta debía tener invima. Nos mata a cantaleta: "Bien duro que nos toca a las escuelas publicas, y ahora metiendosen con el Minisigüi. Es el colmo!".

No me acuerdo el nombre de la profe. Tampoco les compraba mucho, yo era un niño pobre, que era capaz de aguantarse hasta que en casa compraran fresco Royal, y hacia un montón de minisigüi con azucar, que me dejaba con una sed y una lengua de colores días y días.

Minisigüi también me acuerda de la clase donde vimos la diéresis, y me recuerda sobre todo a Pingüino, o Itagüi. Los que nos creíamos charros, después de los ejemplos básicos, gritábamos: Minisigüi. Y claro que el ejemplo valía.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Panal en un poste

Caminando por la calles de Medellín, haciendo zig zag por los barrios para llegar rápido y
evitar los ladrones de esquina concurrida.
Así fue como me encontre el panal "mierdero", como lo llamabamos en el barrio.

Siempre yo evitaba que alguien lo patiara. "Parce, qué le están haciendo las abejitas a usted?"
Había que peliar, porque la sensación animal de patiar y destruir y matar una comunidad de una especie más pequeña, es casi inevitable en los hombres de estos tiempos.

Hasta me quedaba mirando cómo trabajaban, cómo zumbaban. Y cuando iba ya a una cuadra de distancia, veía a un niño agacharse, y después correr, y hasta ahí llegaba mi conexión con las especie, y animales, y vidas.

A las mierda las abejas y sus casas en cualquier hueco, y a los hombres tan estúpidos y juguetones!

domingo, 1 de noviembre de 2009

Hoy, romper vidrios

Estaba entrando la moto, y mire para atrás, y un niño le puso conversa a mi hermano. Yo entre la moto, y mi hermano cerrando puerta y descargando me dijo que habían quebrado un vidrio.

“Ahí echandome la murga, dizque un niño que paso quebró el vidrio. Que no es de por aquí”.

Fui a la pieza, encendí el bombillo, y vi los vidrios en el suelo

Espere hasta el otro día para tomar las fotos del vidrio y la ventana, pero salí en la madrugada, pero cuando regrese, mi hermano me recibió con la noticia que había quebrado otro.

El balón queda en manos de esta casa, y sabemos exactamente que estas ventanas son un objetivo muy apetecido, pero nunca pensamos que los chinos iban a quebrar dos vidrios, y los adultos (hasta la fecha) ninguno. Ya nos lo habían advertido, ya lo esperábamos. No sé si lo pagaremos, eso no sé.
Devolvimos el balón, con el grito de “no volverlo a hacer”, de lo contrario, “lo pagan”. Tal y como nos habían dicho toda la vida todos los “gruñones” que nos rajaban los balones y llamaban a la policía. Ya somos grandes, ya estamos de este lado de la película.

Cuando en San Judas quebrabamos un vidrio, corríamos hasta la esquina, y allá discutíamos quién se haría responsable o si no había que pararle bolas o si teniamos que ponerle más cuidado en la próxima. Siempre odiábamos al que rajaba el balón, o nos echaba a los “tombos”, y luego le dábamos con más ganas a la pared donde estaba el enfermo, o en la parte del garaje que hacia más bulla, o a la columna que sabíamos que tenia una repisa llena de cerámicas.

Entendemos a los niños, por eso les jugamos con la estrategia más efectiva, no siendo chévere con ellos: No darles agua, ni ponerles conversa, ni respondeles las preguntas.... no pararles bolas hasta que no se pongan serios y dejen de poner los vidrios de malla.

martes, 4 de agosto de 2009

Hoy, panelita y leche

En días de mucho movimientos de marca, y de calor, y de frenesí ferial, yo les vengo a hablar de la panelita que me comí hoy.

Las conozco desde siempre, pero no había probado la de “Café”. Riquísima.

Deliciosas como las de doña Flor, o Marleny, que tenían puesto al frente del toldo de mi papá, en la plaza de mercado de mi infancia.

Con Coco. Pedazos de coco que nadaban en agua todos los días de la semana en un frasco transparente. A 100 el coco, y a 100 la panela negra, y a 200 la blanca. El “Casao” ideal para un sábado en la tarde.

O para un martes. O para cualquier día. Lo aprendí cuando compraba panelitas en todos lados. A la salida de la escuela. A los mangueros. Al señor de la tienda.
Me gustan las blancas, las de leche. Deliciosas, en serio.

Un día, por cosas de la amistad, llegue hasta una casa donde el papá del amiguito estaba haciendo panelitas en una pailas grandisima. Vi la magia, la masa, la cantidad absurda de panelitas, que salí cansado, y me demore en volver a comer alguna.

Se que me moriré de azúcar. Y una de las culpables será las panelitas.
Tengo que ir pensando en comprar coquito y tener en la nevera en un frasco con agua. Si me muero, que sea con el casao completo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Hoy, un conocido pasó a factor X

Hoy, como todos los días, llegue y apague la moto rápido para que la casa no se llene de humo, y me quite la chaqueta y el saco, y me pongo cómodo, y me siento en el pc, y miro “qué hay”.

Y hoy, leí que Factor X tal cosa, y le dije a mi hermano que encendiera la TV, y unos minutos después, vi que mi hermano se tiro al suelo a reírse estrepitosamente.

Mi hermano no dejo oír nada. Pero le aseguro a mis recuerdos, que si, que era un pelao de Ciudad Bolívar, que habían estudiado juntos, y se seguía riendo a carcajadas.

“Alex Olivier se llama”.

Que venia de una vereda, que daba clases, que sus alumnos iban a verlo en los pocos televisores que habían por allá. Algo así entendí.

El titulo de este post es estrepitoso como un hombre de 23 años riéndose porque alguien que vimos desde la infancia, al lado suyo en el salón de clases, o en una finca por allá en un caserío de una vereda de un pueblo antioqueño, o cuando lo echaron del colegio porque insulto a la monjita, si, ese está saliendo en TV haciendo el ridículo.

O eso pensábamos.

Y canto bien. Si, como cualquier conocido que haya salido en un acto cívico: Canto con el alma.
Y los jueces, increíblemente lo pasaron. Merecidamente debería decir, pero en este post, que es una bitácora de dos pelados que nunca se presentaran a cantar en un show televisado, la frase es es: increíble que alguien del pueblo vaya a ser famoso.

Ojalá entre en carro de Bomberos por la calle principal del municipio donde nació. Ojalá lleve cantos y sonrisas a sus alumnos. Ojalá nos divierta todas estas noches de hacer de Realitys.

Buena suerte Alex Olivier Hernandez!

sábado, 18 de abril de 2009

Hoy, Tomate y Sal

Eran las 11am y tenia hambre. Hoy por hoy, hay que decirlo, necesito doble desayuno. Y en la tarde lo mismo. Como cualquier cosa, en general basura. Es dexir, mecato, sopitas, cosas livianas que no me caen mal al estomago, pero tampoco me llenan mucho. Fui a la cocina, y escogí el tomate más rojito, y volqué la sal en un tapa blanca.

Los tomates me recuerdan toda mi vida. Recuerdo sacarlos de las cajas de tomate, uno por uno, y limpiarlos con un trapo que olía a jugo de viejo, hasta que quedaran relucientes, luego los poníamos en la “mesa de trabajo”. Me fascinaba tirar los tomates, y hacer un arrume, y poner los buenos en el fondo, y los malitos (“la guachaca”) por encima. Me gustaba empacarlos en paquetes de 1 libra, para que mi hermanito los fuera a vender en la calle. Me gustaba el orden de los tomates en la bolsa, es todo un arte que la cara buena de cada fruto quedara contra la bolsa, y lo malo hacia dentro.

El tomate me recuerda los domingos, las mañanas, los olores, a mi papá, a mis tíos, a mi infancia, al trabajo, al campesino, las “chivas”, las manos negras, el hogao, los limosneros, la sal.

La sal me recuerda la carne que va pa´lejos. Me recuerda los carniceros. Las brujas. La arepa con mantequilla. Los mangos. El tomate.
Me gustaba coger un trozo grande sal de carnicería, y me lo metía a la boca, y caminaba hasta el puetecito de legumbres de mi papá, y con la boca apunto de reventar por tanta saliva salada, cogía un tomate, el más grande, y me lo comía, y me chorriaba, y me chupaba ese liquido lleno de pepas que se juntaba con la sal, y que era un sabor tan rico, que me dolían hasta las amígdalas.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Hoy, la infancia


Hoy, jugamos a ser niños, a escuchar, a ser Alejandro, o Juan David.

Afoetunadamente mi mamá me dejo ser niño completamente. Gaminie todo lo que podía en las horas que tenia hasta que me llamaban desde la puerta: “Juan Davidddddd!!!!!!!
No fui un niño muy inteligente, pero si rarito. Más bien silencioso, asolapao que llaman. Pero siempre quería meter el dedo en la yaga, y lo metí. Hice de todo, se los aseguro. Con decirles que me columpie en muchos columpios, que corrí en muchas mangas de muchas fincas donde muchas veces robamos mucho.

Ayer fui un niño de pueblo. Hoy soy un niño de ciudad.