Mostrando entradas con la etiqueta hombres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hombres. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de noviembre de 2011

Dogville

Una larga, larguísima película, que debí haberme visto hace 10 años, y que me llega ahora, para ponerme a pensar de nuevo en que sí hay otras formas y otros caminos para decir lo mismo, para conmover razones, para hacer el cine.



(La peli no es lo que el trailer pinta, pero tampoco es mentira lo que muestra).

Pueblo de perros. No podía llamarse de otra forma estos pueblos y sociedades que armamos para vivir civilizadamente, donde podemos quejanos todos los días de lo mal que vivimos, de lo olvidados que nos tiene dios, de lo trabajadores y pulcros que estamos, y de lo buenos hombres mujeres y niños que somos y seremos por siempre, así después de cerrar las puertas seamos los animales más malos que existan.

Por eso Lars von trier quita las puertas, los muros, los trucos, las fachadas que no dejan ver los interiores de una América (norte, en el caso de la película) que aparenta ser justa, santa, y progresista, pero que está podrida por dentro.

Del teatro, todos sus artilujios.
De los reallitys shows, las formas de poner a convivir a un pueblo (confessions)
De la vida americana, lo provincianos, religiosos, pecadores, mafiosos, y matones que son.
Del cine, la invitacion a creer en una historia bien contada que necesita mucha paciencia y fe para ser resistida, entendía, y transmitida a esa parte del cerebro que acumula lo aprendido en las películas geniales y necesaria para seguir existiendo en los recuerdos inútiles que tanto te hacen feliz.

Los mismos pueblos polvorientos que recorrió Jack Kerouac, los mismos que los auspiciados por David Lynch recorren hoy, es lo que vemos en Dogville: estáticos, sumergidos en el letargo de los climas de los días de todos las vidas que ocurren en cuadrados que forma un pueblo perdido antes de las montañas, donde no hay otra cosa si no esperara la muerte o la suerte (buena o mala) que venga a visitarnos y justifique nuestras desgraciada existencia poética.

Bonus, para que sigas las pistas de esta rara película:

martes, 5 de julio de 2011

“Crash”, o Choque.

Cogí la copia pirata de “Crash” ("Choque") como se coge una media sucia encontrada debajo la cama.
¿Sandra Bullock? ¿Escenas de crimen en el cabezote del DVD? ¿Muertos? ¿Policías? ¿Musiquita de intriga?
Pura película que ponen en el Bus, me dije.
Y bueno, en ese bus como metáfora, donde va el negro, el blanco, el indio, el que no se bañó, el mala gente, la princesa, el niño dormido, la anciana flatulenta, nos vimos la película en un domingo de lluvia, rumbo a cualquiera parte.



Una película así, de hollywood, donde Sandra Bullock hace un papel cortisimo y malisímo (menos mal), donde hay muchos trucos de película de bus, pero el tema que tocan y muestran, la red que tejen para decirte que las razas: negra, blanca, amarilla, roja, azul, se hacen daño, se golpean (se chocan), se humillan, se extorsionan, se odian, se odian, se odian, se odian!

Como dice la gente que cree en los Mayas: somos un experimentos, donde a cada raza nos ubicaron en un territorio, con una características diferentes, y nos ponen a vivir por largo tiempo juntos uno al lado del otro, separados por barreras invisibles, y el reallity no es demostrarnos que cada raza odia a la otra, y hace guerras y poner muros y crear discursos para diferenciarse, y en muchos casos (holocaustos y masacres) hace desaparecer al otro de la faz de la tierra, fuera del reallity maldito!!! Si no, más bien, demostrarnos, que claro, nos odiamos con los otros que somos más diferentes, que vamos en el bus, y miramos feo al otro, no le colaboramos, bajamos la silla, no le hablamos para negociar la ventanilla y llamamos al ayudante para generar un mal momento, nos hacemos los dormidos para no hablar con el anciano, gritamos “fooofff!” al sentir el olor de la mierda del bebe del vecino, y como en Estados Unidos, no sabemos ni pensamos ni sentimos ni sospechamos, que el otro es hijo de un amigo, que el bebe con diarrea va a estudiar en unos años con nuestro bebe, que el anciano loco hizó tantas cosas en su pasado por nosotros, que la señora que se queja puede ser tu nana, que el qué hoy te grita: “Maldito Latino!” mañana necesitara de esta raza para sobrevivir al mundo, no, eso no es!! el reallity que dicen los Mayas, de lo que trató la película, es que en medio de este taco de odio y asco absurdo que es la vida, odia al otro no es el problema mayor, sino el odiar al parecido, al hermano, al creció con uno, al que lo ama a uno, a la que lo tuvo a uno.

Hoy, me veo rodeado de selva, solo, casi sin amigos, lejos de la casa de mis padres, soltero pero enamorado de algo imposible, me digo que el taco de odio lo tenemos todos, nos odiamos todos, amamos el odio.
Mi familia materna siento que odio a mi paterna, porque eran pobres y trigueñitos. Y yo, que soy la mezcla de la negrura de mi apá, de la blancura de mi amá, que tengo las orejotas de los Escobares, y la trompa de los Alvarez, yo que no soy tan blanco para estar con los blancos, ni tan negro para estar con los negros, ni tan rico para estar con los ricos, ni tan pobre para estar con los pobres, yo, que he sentido todos los “choques” en la partecita del experimento que me toco vivir a mí, me pongo alegre de no estar tan unido a las familias, ¿para qué? si más que ayudarnos nos ponemos zancadillas para ver caer al otro, para qué tener amigos que están contigo mientras encuentran otra raza mezcla tipo característica “mejor” y que le de más poder en este mundo que está a punto de acabarse, porque el experimento ya no da más, ya las familias están destrozadas, ya nos odiamos sinceramente, ya los choques son profundos, ya nos merecemos ser exterminados por el creador.

Recuerdo con horror, que hace poco, alguien que la vida me puso cerca (no lo busqué, no lo quisé, no lo quiero), con la cual intente hacer un punte de unión, y que fue imposible porque encontré a una persona codificada con todos los prejuicios de odio que vemos en la película, que vivimos en el bus metafórico, decía: “Personas como usted no que existan en mi mundo.” y a veces, ya metido en el “minireallity”, porque un bicho iba a picar, porque la bajada estaba peligrosa, porque el frío estaba muy teso, tocaba su cuerpo, y la reacción de asco y odio y repulsión milisengundos después, me hizo sentir lo mismo que la película que nos vimos en el bus, el taco absurdo de odio en la garganta, que no tiene explicación su existencia, ya que somos unos animales en sociedad, con dos ojos, manos, pies, fisiología, mente, y sentimientos cargados de códigos lindos y poderosos, pero por alguna razón que nos tiene a punto de finalizar el mundo como lo conocemos hoy, porque nos queremos desaparecer uno al otro, amigo a amigo, hermano a hermano, madre a hijo, esposa a esposo, amor a amor. Y ni sabemos el por qué.

Una mierda el mundo en que vivimos. Y es más mierda cada día.

Yo, lejos de ese bus donde todos se bajan codeándose, estorbandosen, dando gracias a dios por no volverse a ver, sigo entre las cobijas en un domingo de lluvia, hablando con el gato blanco, con el mono, con el negro y blanco, con ellos que son una remezcla, con los que también choco de vez en cuando, y que me pasan su energía y se roban la mía, y yo les paso mis gritos, y ellos me regalan sus pulgas. Y así convivimos, hasta que el mundo se acabe, o el nudo en la garganta se vaya.

domingo, 19 de junio de 2011

Mi prima se fue con último circo que llegó al pueblo

Para evitar problemas, no voy a decir su nombre, desde ahora conoceremos a mi primita, la que se fue con el “Circo Fantástico”, como “María Paz”.
Como todo en la vida, es casualidad. “Tostadita” y su familia de circo comía, y algunos dormían en donde una conocida, y mi prima, por cosas del destino, termino cuidando el niño chiquito del circo mientras las funciones de 3, 5, y 7pm. Le daban cuatro mil por día, y podía comer manzanas dulces, crispetas o perros hechos a la carrera, y bueno, ver una y otra vez las funciones del "Fantástico", que ya se iba aprendiendo de memoria.

“La niña es muy querida, no pone problema” fue una de las ultimas cosas que se le escuchó decir sobre su trabajo en el circo.

Era el enésimo circo pobre que visitaba el municipio caluroso de donde somos nacidos. Nada raro estaba, había, o iba a pasar. Excepto que María Paz estaba trabajando en el circo. Todo normal, una anécdota más para nuestra familia de locos.

No sé sabe cuando tomó la decisión de irse ese miércoles con la gente extraña, pero amable, que le ofrecieron trabajar con ellos, cuidando la niña, y con el tiempo, la opción de ir aprendiendo un oficio. “Asistente del Mago Sinceryni”, o “la modelo que le tiran las dagas”, y así ir de pueblo en pueblo, gozando lo que nos da la vida, y haciendo fantasías en las noches mientras la gente aplaude y compra el payasito que pita y la crispeta acaramelada.

“Eso debe ser que esa malparida tiene un hombre allá en ese puto circo” gritaba la mamá de mi prima, P, que es muy efusiva y no tiene frenos en la lengua, y que no es mi tía, pero esta casada con mi tío, y bueno, tenia toda la razón. La Paz se debió haber ido por un hombre, pensamos.

“Como es de dura la vida en un circo” decía todo el mundo que se iba dando cuenta del chisme de la pelada que se fue con el circo de la semana pasada.

“Ella no aguanta” se decía entre los familiares en el primer día de la fuga.

Mi mamá, esa noche, hablando duro para que los vecinos de abajo, los papás de María P, escucharan, nos contó con pelos y señales la vez que su hermana, M, se fue con un circo, el más pobre que se haya visto.
"-Sí, M, se fue. Un día no apareció más a la hora de los frijoles de mamá.
-Y me pegaron hasta que les conté que ella me había contado pero que no le contará a nadie que se iba con el circo, a aventuriar.
-Y al otro día agarraron a buscarla como locos. Y en un pueblo vecino alcanzaron el camión destartalado del Circo of Panamá, y se la trajeron del pelo.
-Qué ella no se mandaba sola".

Al otro día la moto de los de abajo muy temprano se prendió rumbo a buscar una hija por cada pueblo.
Tres, cuatro, cinco días de un lado para el otro buscando cualquier carpa clavada en cualquier lote baldío, para reclamar a la "Paz". Pero volvían sin nada.

-"!Aquí no les dieron el permiso"
-"Si, aquí tanquearon, pero les dije que en este pueblo un circo se muere de hambre por aquí la gente solo va a misa".

Iban hasta donde les dieran la luz del día y la gasolina, y volvían con los ojos vidriosos, y no decían nada en las noches. Ya era fin de semana, y tenían que trabajar, entonces, se suspendió la búsqueda un par de días.
Al lunes, de nuevo en carretera, rumbo a Río Sucio, que era el pueblo más probable donde el maldito circo Fantástico estuviese.
Y si, allá los encontró, en pleno parque, haciendo malabares. Los había atracado apenas llegaron, y para poderse ir a seguir con la vida de circo en un país como el nuestro, estaban poniendo el sobrero, haciendo su mejor espectáculo, con lágrimas en los ojos.

No entendieron cuando una loca histérica y un señor bravo, interrumpieron la función improvisada. No entendía quien era María Paz. Ya se les había olvidado la cara de la niñera de ese pueblo de Antioquia de la semana pasada.

Las monedas cayeron por montones. La caída de los payasos parecían reales. Los conejos amarillentos del mago se desaparecían de verdad verdad. Los malabaristas con trajes desconocidos era mejores que niña rumana en los Olímpicos. Hubo aplausos y vivas, pero no apareció María Paz.
Entre la felicidad y el miedo, Tostadita les explico con su voz original de civil, que la niña que ellos buscaban, nunca se había venido con ellos. Es más, nunca se habló con ella de un puesto en el circo, porque no había "cama para más gente".

Eso fue lo que nos contaron, a grito herido, los papás ya flacuchentos, que viven abajo de nosotros, una noche mientras se tomaba tinto.

Y claro, al otro día, mi mamá, como su mamá hace muchos años, peló a mi hermanita hasta que les contó que María Paz no se había ido para ningún circo. "Ya sabemos eso", gritaba y pegaba mi madre. Después de mucha moquiada, y mi hermana de apretar los labios, se le safó un nombre de un hombre y una casa en uno de los barrios de "tolerancia" que hay en el pueblo.

Hasta allá se desplazó el escándalo. Los padres, aún más desencajados y despelucados, le gritaba a una puerta cerrada.

"Salí de ahí, perra!"
"Hifueputa!! déjala salir, o llamamos a la policía"
"Salí, salí o entro y te saco del pelo, malparida!!".

Los vecinos solo atisbaban a dos desconocidos que le pegaban puños y patadas a la casa que los "muchachos" del barrio tenia para pasar un rato con las chicas que conseguían.
La policía nunca llegó, así los hubieran llamado y puteado por teléfono. La puerta verde se descolgó un poquito, pero nunca abrió.

En la noche, cuando ya nadie estaba en las calles de nuestro barrio, y de ninguno otro, la chica churrusquita y flaquita, camino de vuelta a su casa. Ella sabía que ya la cagada estaba hecha, que ya la había pillado, y además, el novio la echo por ese escándalo "tan gonorrea que hicieron esas gonorrientas cuchos tuyos!!".

La puerta blanca de abajo, a altas horas de la noche se abrió, y solo se escucharon lloriqueos y compasiones, y puños, y cosas que se quebraban, desde manos hasta corazones. La pela duró más de dos horas, despertó al barrio entero, y le volvió el alma a unos padres que había creído que su hija se fue a un circo y nunca sospecharon que estaba haciendo malabares en un cama con un hombre todos los días durante más de 8 días seguidos.

(con algo de ficción)

sábado, 12 de junio de 2010

La edad de los hombres se mide en mundiales

Por supuesto estoy hablando de los hombres (varones) que nacimos y a los días alguien nos enseñó que había que correr detrás de una pelota, y que el otro amiguito a veces se convierte en enemigo, y que hasta el último aliento teníamos que buscar la victoria, meter el esférico (a veces era un huevo) dentro del arco que podía ser un marco de una puerta, o dos piedras, o las camisetas, o dos lineas imaginarias, o lo que sea, y cómo fuera, para poder gritar Gooooooool!!!

Nací en 1982, y como vi el mundo en diciembre, me perdí el mundial (España 82).

El magnifico mundial de Mexico 86, que dicen los mitos, hubiese podido ser en Colombia, solo que el viejito cacreco que Presidia la nación dijo que mejor se robaría la plata en escuelas y carreteras; ese de Dios y de Maradona juntos, no está en la memoria. Supongo que estaba en la delicias de los 4 años de acoplarme a la guardería.

Jugué en las calles adoquinadas cuanto partido me retaban en San Judas, mi barrio. Ensucié las paredes de casa dándole a la "cáscara" de balón en los cotejos que me jugaba con mi hermano en los zaguanes de las casas donde vivimos. En la escuelita ya me escogían, como siempre, de segundo o tercero en el sorteo de equipos. Ya me afectaba el corazón ver al Atletico Nacional jugar, empatar, perder, ganar!!!. Mientras todo eso pasaba, y el futbol eran todos mis pensamientos, y mi rostro era negro por la mugre y el sudor que se juntaba con la felicidad del juego, llegó el mundial de Italia 90, y Colombia estaba en un mundial por segunda vez después de muchos años, por un gol que metimos por allá en Israel.

Un mundial que recuerdo a color, porque mi papá se ganó un chance, y había adquirido hacía poco el Sony de perilla que me dejaba ver como era la mascota cuadriculada de los italianos, y le melena del Pibe, y las locuras de Higuita, y el gol de Milla, y los Alemanes, y la final que perdieron los argentinos, y la copa de Oro, y mi niñez hecha dicha, viendo a los mejores jugar, y nosotros salir a la calle a repetir lo que veíamos en la TV.

Éramos enfermos por el fútbol. Lo jugábamos en tiempo libre, mientras íbamos para la escuela con cualquier piedra o lata nos ibamos yendo hasta llegar, en los descansos o cuando se iba el profe patiábamos lo que fuera a lo que fuera y goooooool!!!, y a la salida, y en la noche, y los fines de semana entrenábamos en la selección del pueblo (oficial, no oficial, en contra de la oficial), y lo llenábamos en caramelos, y lo veíamos en la tv y lo escuchábamos en la radio, y lo vivíamos con toda, porque en medio de tantas violencias y dolores, ese estúpido juguito nos entretenía hasta olvidar.

Recuerdo la desilusión en Usa 94. La Colombia que no hizo nada, y a Maradona salir y no volver, y los gringos tratando de ser hinchas de un deporte que no les salia y a los Brasileros Bebeto y Romario, unos magos. Y claro, la muerte de Andrés Escobar, que fue como terminó el recuerdo de ese bendito mundial.

Y cuando ya había dejado le fútbol por muchos deportes más, y cuando ya había dejado esos deportes a un lado por el rockandroll, y cuando aún me jugaba uno que otro partido, sobre todo en videojuegos, y cuando la violencia estaba en lo peor, vino un mundial para remediarlo todo, Francia 98, donde no hicimos nada de nuevo (Colombia), y donde disfrutamos de un fútbol con otros calidosos campeones (Francia). Qué bueno. Lo malo, es que le dije a mi papá que no apostara por esos franceses, que por lo Brasileros, qué era obvio. Desde ese día no lo aconsejo en marcadores, así mis pálpitos por muchos años fuera muy acertados.

Ya las drogas, los amores, el estudio, y el horario, no me dejaron disfrutar a lo bien el mundial de Corea y Japón 2002. Pero me gustaron las gráficas, las cámaras, los ángulos y todo eso que usaron los orientales para mostrarle al mundo cómo se transite un mundial (por mi profesión), y también le paré bolas a los hinchas, la fiesta, las locuras, los viajes (porque era Barrista).

Desde eso se han jugado 6 mundiales, 7 con el que estamos viviendo. Olvidé por completo Alemania 2006. Lo veía en los televisores, pero estaba ocupado en mi vida, en mis pensamientos. No estaba mejor dicho. Los infortunios, y las historias me tragaron por 4 años los recuerdos. Todo fue vital, menos el fútbol. Ya no pateaba. Ya no cantaba. Ya me cansaba yendo a la tienda. Ya el fútbol Colombiano no dan ganas de verlo sino de vomitarlo.

Entonces, hoy tengo 27 años, 7 mundiales vividos, y siempre cuando busco, donde he vivido, he encontrado una pelota debajo de cualquier cama o armario.

Otra vez, conseguí álbum de nuevo. De nuevo fracaso en la llenada, pero me atreví, después de ese fiasco de Francia, a jugar dos pollas (U de A, y Soho-LG). Ambas gratis, para no arriesgarme mucho.

Estamos viviendo Sudafrica 2010.

Unos lo ven en HD (¡qué afortunados!), otros como yo, a punta de Gol Caracol, y radio, y streaming (que hasta dejan los partidos grabados), y de gadgets en el pc, y grupos de Facebook y Twitter, y he vuelto a conversar del fútbol, y me animo de nuevo al ver una jugada buena, y grito un gol con todo mis fuerzas, y madreo un arbitro, y me levanto a ver partidos a las 6am,
y hoy, ahora, en el 2010, me reafirmo, los hombres, la mayoría, llevamos nuestras cuentas de recuerdos, por años, y sobre todo, por los mundiales de fútbol que hemos vivido. Ah, y que fuimos calidosos, cuando jugábamos. Seguro.

No nos molesten, estamos viendo fútbol, y madurando.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Panal en un poste

Caminando por la calles de Medellín, haciendo zig zag por los barrios para llegar rápido y
evitar los ladrones de esquina concurrida.
Así fue como me encontre el panal "mierdero", como lo llamabamos en el barrio.

Siempre yo evitaba que alguien lo patiara. "Parce, qué le están haciendo las abejitas a usted?"
Había que peliar, porque la sensación animal de patiar y destruir y matar una comunidad de una especie más pequeña, es casi inevitable en los hombres de estos tiempos.

Hasta me quedaba mirando cómo trabajaban, cómo zumbaban. Y cuando iba ya a una cuadra de distancia, veía a un niño agacharse, y después correr, y hasta ahí llegaba mi conexión con las especie, y animales, y vidas.

A las mierda las abejas y sus casas en cualquier hueco, y a los hombres tan estúpidos y juguetones!

domingo, 8 de junio de 2008

Somos confesos de una misma religión

"Somos confesos de la misma religión, la poesía,
nos merecemos el mismo paraíso."

Ojalá

Que el paraíso no sea más esa idea melosa de lugar perfecto, de placeres infinitos… bueno, mejor vuelvo a usar las palabras de Estanislao Zuleta, para legitimar con las ideas de un amigo, el paraíso que quiero.

"La pobreza de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de Cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo; un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes…"

Yo soy de los que vivió la generación entre lo análogo y lo digital. No la sufrí, no la sufrimos, más bien la hicimos posible. Todos, hasta desde el más recóndito pueblo, le dimos un empujo al inventico éste, y por ahí derecho a nuestra vida.
Yo jugué videojuegos todo lo que usted quiera, en palabras de mamás: dañe todos los televisores de la casa. Estos dedos (muevo los dedos de las dos manos en el aire) los moví demasiado. Esta mente (me toco la sien) se ejercito mucho.
Porque la niñez es el gimnasio de la vida, y a mí la niñez me toco en la época del video clip… que la vida tenia música, decían. Y si escuchas ahora, si pones cuidado, aun sueña cada pedazo de esta vida.
Que nuestra vida es una línea de tiempo, un video con una duración X. Comenzamos en ceros y ahora vamos en 25 años. 25 años a 30 cuadros y a 1 latido por segundo.
Esto va rápido, y todos los días más rápido. Yo nací en los días de las fotocopias, o entre las fotocopias y el papel mantequilla, y crecí - afortunamente- con el Control C (ctrl+c).
Y también se cayó el muro, e hicieron concierto en el muro. Antes, más antes, yo ví TV a color, yo nací con el color, pero solo tenia blanco y negro porque éramos pobres, pero era posible ser a color, solo que era en otro lado.

Yo pase mi niñez en un mundo feliz, en final de guerra fría, en la era MTV, en plena euforia de la robótica, en el declive de la religión católica. Yo digo siempre, que donde en mi casa se demoren un año más, yo no hago la confirmación. Yo solo me confesé 2 veces. Yo crecí en la era Groudge:
Somos inteligentes, pero el mundo se va acabar y todo es una mierda, pero el placer de vivir extremamente es el mejor. Yo crecí en plena euforia de bikini y juegos extremos (X Games). En mi mundo todo ha sido posible, pero inalcanzable, pero ha sido divertido hacer todo para alcanzar lo inalcanzable, y hacer símiles de lo que es imposible de hacer símiles...
Se puede ir a al luna, pero vale un platal y para qué si eso es un peladero. Y si quieres sentir la gravedad cero, eso ya esta inventado y lo puedes hacer en tierra, para qué ir por allá arriba si todo se puede hacer aquí abajo.
Se puede tener la mansión más fantástica, el habita más perfecto, la isla paradisíaca, pero para qué si lo que necesitas es recorrer el mundo. Necesitas, necesitas! Tener muchos trabajos, tener muchos carros, muchas mujeres, mucha plata. Todo es posible, y casi nada de eso, significa felicidad, otros ya lo han comprobado y nosotros ya lo vimos que lo comprobará, y muchas veces nos reímos de ellos.
Yo soy de los millones de Colombianos que nos creímos clase media (bueno, nuestra familia) pero que éramos clase baja, raspando algunos meses –de por si a principio del año- en la miseria, pero que después – de por si al final del año- parecíamos clase alta.
Yo no tuve nada, yo ví los inventos y los paraísos cuando estaban calientitos recién salidos del horno – de la mente de un soñador-, pero los viví cuando ya todos estaban pasados de moda, cuando ya el mundo los había desechado, cuando estaban vencido y con la etiqueta de: “esto no es la felicidad”.
La felicidad del hombre y su habita perfecta, se llama recorrer y parar, recoger y desechar, vivir y olvidar. Seguir, seguir…
Pues el mundo se iba a acaba. ¿No? El Y2k, Nostradamus…Para qué íbamos a hacer más que simplemente vivir. Y claro, en el 99 no paso nada, y tampoco paso nada el 2002. Y tampoco nunca nos llego ese futuro mejor que nos prometieron desde niños, porque siempre estábamos cada vez peor, y lo único que fue creciendo fue la realidad.

Yo vi Rambo I, II y III y Salí a la calle y ví matar al "mono", al "cholo" y a John Jairo Bravo. Todo para mi fue real y fue posible. Todos cayeron y en la pantalla decía: “Game Over”. Y yo le di continuar, o le saque más vida, o apague y volví a encender. Y si era en la vida misma, uno sabia, que otros ya habían podido seguir, que con los días, con el dejar pasar de los cuadros por segundo, y a pesar de los latidos, la vida pasa y las historias siguen, y como en la imaginación, todo continua, y hasta un poco mejor, hasta se puede seguir igual, o simplemente se puede seguir contar la historia. El mundo no se detiene si cierras los ojos, todo sigue ahí, sonando. Todo esto es una historia y estamos recorriendo para encontrar el fin.

Las políticas, todas cayeron y pasaron de la gloria a la miseria, del poder al repudio.
No admito que me digas que funciona, demuéstreme que funciona, tengo derecho a meter el dedo en la yaga, yo tengo derecho a saber la verdad. Ya nada me limita, todo esta escrito, las historias de nuestros pasados son conocidas y a veces –para mi gusto- muy olvidada, pero sin peros ahí están, la podemos conocer.
Yo crecí escuchando a los mayores y todas sus dudas y errores, y no necesite ninguna de las dos, porque nunca he tenido derecho sino a sus historias. Mis dudas son mis dudas, mis errores serán más grandes. El conservar – para mi- paso a ser el transformar. No somos una generación terca, más bien somos una generación salvaje, altanera, caminante, que corre, que huye, que imagina, que se golpea y que cae y se levanta, como si nada, porque todo es como si nada, como en un juego o como en la vida.

Nada. Para nosotros la felicidad es éste instante, hoy, ya! Saltemos o esperemos, para nosotros el placer y la felicidad pasa por la adrenalina y la vitamina, pasa por la acción y reacción.
No somos religiosos ni militantes, somos creyentes.
Dígame donde queda el paraíso, cuénteme la historia y yo la vivo contigo. No me corras pa´la foto, si mientras te tomas el tiempo para acomodarme, ya has perdido tantas oportunidades de buenas fotos. No me inventes el paraíso, hagámoslo, de eso se trata, eso es lo más divertido.

Ya el mundo y los inveticos y los paraísos de otros hicieron posible –por ahora- que existan los nuestros. Y los nuestros es la lucha desde abajo, esta basada en hacer, en el próximo paso, en el día a día, en uno a uno, y al final entre todos. Somos universales porque estamos todos, porque vivimos, porque nuestras historias están rodando al mismo tiempo..

Propongo contar historias de los hombres comunes asi sean excéntricos o sencillos, propongo todas las historia sin limite de moral y valores, los limites serán la realidad y la posibilidad desde el placer de hacer y de sufrir. Es el orgullo a no tener, a que le falta a uno, es un aplauso al poder de la imaginación, el poder de la palabra y las ganas que hacen otros mundos y valores y otras morales y otros límites con la contundencia de la verdad, de la belleza, de la fealdad, del horror, de la dicha, de la verdad, de la mentirita piadosa, de descubrir la mentirita, de llorar, de enojarse, se sentir, de estar vivito y coliando…

Propongo una temática de la minucia, de la vaina particular, todo desde lo individual, ya estamos hartos de ser del montón y que nos hablen en tercera persona. Que contemos las pequeñas historias que componen las enormes, porque al fin de cuentas son las mismas, hechas por la unión de todas.

Propongo una elección de cómo contar, qué contar, para poder revolucionar(se). Nosotros recordaremos y nos apoyaremos –en los buenos y malos momentos- en las historias de otros para armar las nuestras. Por eso debemos contar las historias de los hombres y sus luchas y sueños sin ocultar nada, sin corregir nada, sin una mentira, sin armar cuenticos, sin obvia lo obvio, sin olvidad el entorno, sin artilugios, para que todo -sin ningún filtro- les llegue a los oídos que quieren y necesitan nuestras historias, para que la próximas generaciones no sean una pared de icopor.

Propongo contar a estos hombres, y sus minucias, de forma actual, tal y como vemos el mundo hoy: como en un bus, como en el carro, como en una bicicleta, como cuando se camina. Así de agitada, así de visual, así de fugaz. Que estas historias tengan el tiempo que tiene el saludo en la mañana, los minuticos que tenemos para revisar el mail, el cuarto hora que pagamos en el café internet, el tiempo de un semáforo de una calle que no es principal. Que tenga el ritmo efervescente del mundo de hoy. Y que tenga la voz de sus autores, de los que la viven y sueñan.