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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Persépolis, 2007

Estuvo en las carteleras y en la boca de todos, pero yo estaba en la época de no ver y no leer, entonces Persépolis llega a mi corazón un octubre del 2011, tarde, pero llegó.


Estamos tan ocupados tratando de ser felices, que se nos olvida que no somos libres” (algo así dicen en la película).



No me sé la historia bien de la directora (Marjane Satrapi), pero que es biográfica y que antes que película era una historieta (o historia gráfica), y que tuvó tanto éxito que llegó al cine en forma de dibujos preciosos, con luces y sombras como la vida misma, dibujado capa tras capa de dolor paisaje tonterías ilusiones y absurdos que tiene la vida, con trazos que no tenían las lógicas físicas pero si los sentimientos vividos, con las ironías llenas de fuerzas en medio de represiones controles dictaduras religiones y muertes por montones. La historia del Sha, de la revolución y contrarevolución, de la puta democracia, de los ejes y las potencias mundiales y brutales dividiendo a la población y destruyendo las familias.

se fiel a ti misma”.... “recuerda quién eres y de donde vienes”.

Somos ricos natural y milenariamente (no sé si la palabra milenariamente exista, pero hablo de todo lo que nos dejaron los ancestros), pero la raza humana es un animal despiadado que ha hecho todo lo posible por ser animal gritando lo civilizado que es, lo elegido, lo estudiado, lo occidental o lo que sea. Nos atrapamos en sociedades que ahogan lo mejor de nosotros, y excitan lo peor que podemos ser. Una desgracia ser tan tristes pudiendo vivir a las carcajadas.

El miedo no deja ser conscientes”.

Huir del útero calientito de la madre y el padre, de su tierra, de sus amigos, es el precio que se paga por encontrar otro lugar, otra patria, distintos amigos, nuevas guerras, repetidas derrotas, miles de mundos.

No hay nada pero que la amargura y la venganza”.

Por lo que somos, aquí estamos, pobres, excluidos, en guerra, pero a las carcajadas y buscándole la formula a la felicidad, en medio de las mariposas y las balas perdidas.
Todos tenemos burka invisible, y nos la ponemos y la quitamos en el segundo exacto que necesitamos seguir existiendo otro segundo más. Irán, Colombia, dibujos, realidad, mujeres, hombres, Francia, la misma furiosa, conflictiva, bizarra, y alegre vida.

sábado, 12 de junio de 2010

La edad de los hombres se mide en mundiales

Por supuesto estoy hablando de los hombres (varones) que nacimos y a los días alguien nos enseñó que había que correr detrás de una pelota, y que el otro amiguito a veces se convierte en enemigo, y que hasta el último aliento teníamos que buscar la victoria, meter el esférico (a veces era un huevo) dentro del arco que podía ser un marco de una puerta, o dos piedras, o las camisetas, o dos lineas imaginarias, o lo que sea, y cómo fuera, para poder gritar Gooooooool!!!

Nací en 1982, y como vi el mundo en diciembre, me perdí el mundial (España 82).

El magnifico mundial de Mexico 86, que dicen los mitos, hubiese podido ser en Colombia, solo que el viejito cacreco que Presidia la nación dijo que mejor se robaría la plata en escuelas y carreteras; ese de Dios y de Maradona juntos, no está en la memoria. Supongo que estaba en la delicias de los 4 años de acoplarme a la guardería.

Jugué en las calles adoquinadas cuanto partido me retaban en San Judas, mi barrio. Ensucié las paredes de casa dándole a la "cáscara" de balón en los cotejos que me jugaba con mi hermano en los zaguanes de las casas donde vivimos. En la escuelita ya me escogían, como siempre, de segundo o tercero en el sorteo de equipos. Ya me afectaba el corazón ver al Atletico Nacional jugar, empatar, perder, ganar!!!. Mientras todo eso pasaba, y el futbol eran todos mis pensamientos, y mi rostro era negro por la mugre y el sudor que se juntaba con la felicidad del juego, llegó el mundial de Italia 90, y Colombia estaba en un mundial por segunda vez después de muchos años, por un gol que metimos por allá en Israel.

Un mundial que recuerdo a color, porque mi papá se ganó un chance, y había adquirido hacía poco el Sony de perilla que me dejaba ver como era la mascota cuadriculada de los italianos, y le melena del Pibe, y las locuras de Higuita, y el gol de Milla, y los Alemanes, y la final que perdieron los argentinos, y la copa de Oro, y mi niñez hecha dicha, viendo a los mejores jugar, y nosotros salir a la calle a repetir lo que veíamos en la TV.

Éramos enfermos por el fútbol. Lo jugábamos en tiempo libre, mientras íbamos para la escuela con cualquier piedra o lata nos ibamos yendo hasta llegar, en los descansos o cuando se iba el profe patiábamos lo que fuera a lo que fuera y goooooool!!!, y a la salida, y en la noche, y los fines de semana entrenábamos en la selección del pueblo (oficial, no oficial, en contra de la oficial), y lo llenábamos en caramelos, y lo veíamos en la tv y lo escuchábamos en la radio, y lo vivíamos con toda, porque en medio de tantas violencias y dolores, ese estúpido juguito nos entretenía hasta olvidar.

Recuerdo la desilusión en Usa 94. La Colombia que no hizo nada, y a Maradona salir y no volver, y los gringos tratando de ser hinchas de un deporte que no les salia y a los Brasileros Bebeto y Romario, unos magos. Y claro, la muerte de Andrés Escobar, que fue como terminó el recuerdo de ese bendito mundial.

Y cuando ya había dejado le fútbol por muchos deportes más, y cuando ya había dejado esos deportes a un lado por el rockandroll, y cuando aún me jugaba uno que otro partido, sobre todo en videojuegos, y cuando la violencia estaba en lo peor, vino un mundial para remediarlo todo, Francia 98, donde no hicimos nada de nuevo (Colombia), y donde disfrutamos de un fútbol con otros calidosos campeones (Francia). Qué bueno. Lo malo, es que le dije a mi papá que no apostara por esos franceses, que por lo Brasileros, qué era obvio. Desde ese día no lo aconsejo en marcadores, así mis pálpitos por muchos años fuera muy acertados.

Ya las drogas, los amores, el estudio, y el horario, no me dejaron disfrutar a lo bien el mundial de Corea y Japón 2002. Pero me gustaron las gráficas, las cámaras, los ángulos y todo eso que usaron los orientales para mostrarle al mundo cómo se transite un mundial (por mi profesión), y también le paré bolas a los hinchas, la fiesta, las locuras, los viajes (porque era Barrista).

Desde eso se han jugado 6 mundiales, 7 con el que estamos viviendo. Olvidé por completo Alemania 2006. Lo veía en los televisores, pero estaba ocupado en mi vida, en mis pensamientos. No estaba mejor dicho. Los infortunios, y las historias me tragaron por 4 años los recuerdos. Todo fue vital, menos el fútbol. Ya no pateaba. Ya no cantaba. Ya me cansaba yendo a la tienda. Ya el fútbol Colombiano no dan ganas de verlo sino de vomitarlo.

Entonces, hoy tengo 27 años, 7 mundiales vividos, y siempre cuando busco, donde he vivido, he encontrado una pelota debajo de cualquier cama o armario.

Otra vez, conseguí álbum de nuevo. De nuevo fracaso en la llenada, pero me atreví, después de ese fiasco de Francia, a jugar dos pollas (U de A, y Soho-LG). Ambas gratis, para no arriesgarme mucho.

Estamos viviendo Sudafrica 2010.

Unos lo ven en HD (¡qué afortunados!), otros como yo, a punta de Gol Caracol, y radio, y streaming (que hasta dejan los partidos grabados), y de gadgets en el pc, y grupos de Facebook y Twitter, y he vuelto a conversar del fútbol, y me animo de nuevo al ver una jugada buena, y grito un gol con todo mis fuerzas, y madreo un arbitro, y me levanto a ver partidos a las 6am,
y hoy, ahora, en el 2010, me reafirmo, los hombres, la mayoría, llevamos nuestras cuentas de recuerdos, por años, y sobre todo, por los mundiales de fútbol que hemos vivido. Ah, y que fuimos calidosos, cuando jugábamos. Seguro.

No nos molesten, estamos viendo fútbol, y madurando.

domingo, 31 de mayo de 2009

Hoy, Las Empanadas

En la moto, con el rayo del sol tenue de las 5pm que nos daba en la cara, iba escuchándole las historias a mi mamá sobre manejar, hasta que llegamos al fin de la Urbanización “El Alferez”.

Hoy, en donde siempre compramos, en donde “Tomas” y las señoras “zarcas” que venden empanadas y helados, compramos 4000 pesos. 2000 de empanadas que nos la comimos en una sentada, y las otras 2000 que las llevamos para la casa.

Mi mamá también vendió empanadas. En la acere de mi casa, y en la tienda de “Lelis”. Hasta que un día, una “Bedoya” dice ella, le robo lo que había vendido, mientras fue a la cocina por algo.

“¡Hastahí! Dije no más, y no volví a mantequiar” Dijo mamá mientras se comía una empanada de de donde “Tomas”, quien no las hace pero les da el punto en el fogón.

Eran a 50 pesos. Ricas como todo lo de mi madre. Pero eso no dejaba. Había que sacar la plata de lo que valía los ingredientes, y partir con la que le ayudaba.

Después de esos días, le vine a probar una empanada a mi mamá, cuando le dimos los ingredientes, e hizo unas grandotas todas grasosas, de lo mejor.

Por eso cuando veo las manos amasar y rellenar, y juntar y fritar, veo a mujeres como mi madre que salen con su perol y las ilusiones a realizar 5000 pesitos para ayudar en la casa. Veo a mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, luchando para ganarse sus areticas, sus cigarrillitos, o su loción, o el mecato para despachar a los muchachos todos los dias.

En cada esquina miro si alguien tiene un perol encendido y unas empanas calientes. En los días frío, en los de hambre y poco tiempo, en los de no cocinar, en los de locha.

En fin, la empanada, desde siempre ha sido un desembale, tanto para comer como para trabajar.