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sábado, 25 de septiembre de 2010

En la Costa Norte Colombiana, Cartagena (parte 2)

Después de comer en una sitio maluco, dizque Kokoriko, me acosté y me dormí despacio, mirando el televisor que estaba colgado en el techo, casi encima mío.

amaneció y en el mismo desayunadero, El palacio de la Frutas, al frente del hotel Almirante, comenzamos el día. Era día de Buques.

Un taxi que ando y ando muy lejos, hasta llegar a yo no sé donde, carretera Mamonal.

Ellos dicen que son el Astillero más grande de Colombia.
Ahí estábamos, casi dormidos porque nos toco esperar mucho, pero listos como siempre a aprender, y a vivenciar el clima de cada región.

No me compro unas gafas, porque quedo muy charro y me parece muy maluco hablar con alguien de gafas. Pero nunca tengo los ojos abiertos en fotos en el sol. Me pongo a llorar de una. Igual, con los ojos chinos, entendimos que se hacen barcos desde cero.

(La foto respectiva fue quitada, por petición de Cotecmar)

y a otros los mejoran o los arreglan. O sea, son Astillero y centro de investigación.
Obvio, no nos quedamos en el piso, subimos a bordo.

(Las fotos respectivas fueron quitadas, por petición de Cotecmar)

Soldadores y dobladores y chispas por todos lados en el Buque 20 de Julio, el más grande que se construye en Colombia para Colombia.

(La foto respectiva fue quitada, por petición de Cotecmar)

Gente de otro lado ahí varada, sin poder bajarse en Cartagena porque no hay visa o permiso, esperando que arreglen su barco.
De todo este paseo hice video para Todo Lo Que Hay.

Y claro, ver el mar, y pensar que me estaba derritiendo, y que la tranquilidad debe ser mi amiga, y que la calma una consejera, y que el mar es más que la tierra, y que buen negocio es el de los barcos.

Nos despedimos de otras personas que amablemente nos muestran sus empresas, confiando que los narraremos bien, y lo que siento hace rato ya, es que ellos (muchos de los contactos del programa) nos andaban esperando, quieren contar su historia.

Un taxi nos esperaba en la puerta, y más aire, y música, rumbo a una lancha.

No conozco algo más refrescante que montar en lancha, sea en el mar o en un lago. Tal vez meterse a una nevera y salir continuamente.

Disfrute el pequeño viaje, desde la Isla de la Naval, hasta Bocagrande, donde estaba el Buque de investigación "ARC Malpelo"

Nos dieron almuerzo, nos hicieron los honores, nos mostraron todo el barco,

Ya los habíamos molestado mucho, hasta los camarotes los grabamos. Debíamos volver.

Ya era el ultimo día, las fotos del recuerdo, Cartagena imponente al fondo.

Agradecimos enormemente. Una imagen diferente me lleve de los militares que estudiaron.

Regresamos al hotel, donde teníamos la ropa en un rincón, me cambie de camiseta, y fuimos a ver caer la tarde de martes en la playa

Dos cervezas, un porro, un masaje hecho por una negra ("dele trabajo a la negra!"), una caminadita, muchos colores, pura alegría y parche.

Quedaban segundos 30 segundos de video, que gasté para narrar la venida, que duró como 6 o 7 horas, una eternidad.

A esos lares debo volver para disfrutar. Pa´enamorarme más. Volveré.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Ya no sueño

Después de vomitar el guión en menos de 3 horas, me levante a las 6.40am, y salí afuera, donde todo es un azar.
Grabamos las presentaciones del programa de Tecnología y aparatos, con un solcito rudo
pero lo hicimos muy rápido, y llegamos a casa al medio día, donde había frijoles de ayer calentados hoy, y cuando la lluvia dejo, me fui otra vez afuera, sin moto.
vi la lluvia desde el metro, desde la acera, desde la esquina del bar que ponía música que decía: "Ando volando bajo...", y cuando la lluvia se fue, mucho canciones después, entre a Plaza Mayor, a ver a los inventores,

un bonito espacio para los que sueñan. Hay que soñar con más fuerza, superar las ideas básica que aun en el tercer versión del "Salón de inventores" están muy presentes, seguro mañana muchas ideas maduraran y darán plata y esas cosas de la vida del libre comercio.

Yo conseguí mi historia, la cita para una grabación de un capitulo que sale pronto, y me largue con un sabor a Vodka con maracuya en la boca rumbo al Jardín Botánico, y allí se camino mucho, porque era la Fiesta del Libro, y se hicieron compras que se pasaron del presupuesto, pero no importa, ya tengo billetera nueva, que resume todo lo que ando pensando y sintiendo:

Por favor, no molestar, estoy desinflado, sin sueños, sin billeticos en los bolsillos, pero con estampitas y papelitos para hacer bulto.

Volví a casa un poco mojado, y con los pies como si los hubieran picado las hormigas.
Buenas noches, buenos días, mañana hay ciclovia.

sábado, 3 de julio de 2010

Un día de esos que uno respira más de 10

Después de la llamada de la genial productora de éste viaje, que nos dio posibilidad de vivir otro día en la ciudad de Bogotá, la señora (del servicio) del hostal Judío nos dijo que para afuera.

Buscamos en el mapa (más perdidos que embotadatos) la ruta hasta el barrio Soledad, un hotel, o habitaciones en una casa de una señora llamada Blanquita (que tiene un hijo vago y jodón (lo supimos luego). Lo único malo), y que es recomendadisima, si se va a quedar en la fría capital. Colchones blanditos, y televisión en la pieza, y ventana que muestra una obra sin terminar que la alcaldía está haciendo. Y hasta parqueadero tiene. Y el desayuno es deli.

Dejamos la moto guardada, y cogimos un bus hacia el Parque Simón Bolívar, allá comenzaba el Rock al Parque. Era el día del Metal.
El chofer no nos dijo nada, y nos bajamos en la parte más lejana. En fin. Lindo parque, sólo que solo no se ve bonito. Se escuchaba en el fondo los sonidos guturales y "virtuosos" del metal.
Nos metimos en medio del montón de gente de negro, ya teníamos los zapatos quitados y la cédula en las manos, y me hicieron botar el tarro con agua, y luego me dijeron que la cámara no se podía entrar, y me señalaron el mismo letrero que leí el año pasado (y que si me la dejaron entrar), y le dije qué por qué, y la respuesta fue: "Si la entra, se la botan en el próximo control".
Me causo mucha simpatía la respuesta, me reí, le alegué, y me sentí un poquito como la señora de Tu Boleta (o qué Boleta!) y nos sentamos a ver cómo requisaban y le pegaban, y insultaban (la policía nacional, por supuesto) a algunos "desadaptados".

Esa fue nuestra experiencia de Rock al Parque. Una decepción más de unas autoridades que se jactan de la tolerancia y la convivencia y el "acceso gratuita a la cultura", a sabiendas que están cagados de miedo con la masa que viste de negro (o el color que sea), y creen que la gente que tomamos nuestras fotos personales tenemos en los bolsillos o en las manos una arma mortal y perjudicial para la nación.

Nos comimos un perro de esos de 2500 que dan con Big Cola (la coca cola de los pobres), y nos animamos a preguntarle a otro habitante de está linda ciudad "qué hacer para ir a tal lado". Y como pocas veces, nos ayudaron, tal vez porque eran Policías (bachilleres).

Ya en el bus, a las pocas cuadras, nos dimos cuenta que, otra vez nos dieron mal la indicación, y entinces decidí (porque Dani sólo se sentía perdido), que nos fuéramos hasta alguna parte en ese berraco bus de San Francisco/Candelaria en dirección apuesta a la que nosotros, unos desparchados que pagaron hotel para soyarse la fiesta de (gratis) de la música, y que ahora no sabíamos que hacer para llenar ese día soleado que nos hacía quitar las chaquetas y sonreír a cada escena bonita que protagonizaban la luz y la gente afuera en la calle.
Nos bajamos cuando llegamos a donde comienza la montaña llenas de casas,

Y de nuevo confiamos en un señor Bogotano (ya del sur) que nos hizo esperar 30 minutos (quizá menos) en la dirección en la que no nos servía. Lo bueno es que otro busero nos hizo caer en la cuenta, y ahora sí, rumbo al centro de la ciudad, que en mis pocos conocimientos, era lo poco que podíamos hacer con poca plata.

Nos soyamos los venteros, y cuenteros en el bus. Caminamos desde la calle 0 hasta la candelaria, y nos gustaron las montañas con sombras,

y detestamos a los polis (otra vez!) que nos hacían borrar las fotos (de un escudo de Colombia, por Dios!!), y nos dió el sol en la cara mientras comíamos churros en la Plaza de Bolívar,

y vimos caer el sol mientras escalábamos al Chorro de Quevedo,

y claro, que mucho loco y extranjero, y mucho graffiti, y perros (animales) que lo miran a uno fijamente, y fiesta en el Chorro, y mini escuela de malabarismo, y (acelero este relato, pues me tengo que acostar para mañana viajar de nuevo, luego ven el video)y canelazo con guaro en la Jimenez, y caminar por la Séptima a cuatro ojos, y chocolatico en La Florida, y más caminada por calles llenas de gente, y bus, y caminada por calles desconocidas con casas bonitas, y dos compras (entre ellas la plata para tener internet), y ahora que les tecleo éste relato con el TV en mute, pienso que hay mucho gente hija de puta en ésta cuidad (qué lastima), pero que el problema es de uno que es tan buena onda e/o inocente. Y que las mini vacaciones están que terminan y que no tengo ningún balance, solo preguntas. Y que todo el trabajo retrasado, lo debo hacer cómo hoy, aguantandome la rabia de no ser cómo el mundo, o que el mundo sea cómo uno; y dejar que todo fluya, que siempre todo sale.
Lo dice Deciderata, el mundo marcha cómo debería, uno es el que sale de la casa a quererlo cambiar.

domingo, 31 de mayo de 2009

Hoy, Las Empanadas

En la moto, con el rayo del sol tenue de las 5pm que nos daba en la cara, iba escuchándole las historias a mi mamá sobre manejar, hasta que llegamos al fin de la Urbanización “El Alferez”.

Hoy, en donde siempre compramos, en donde “Tomas” y las señoras “zarcas” que venden empanadas y helados, compramos 4000 pesos. 2000 de empanadas que nos la comimos en una sentada, y las otras 2000 que las llevamos para la casa.

Mi mamá también vendió empanadas. En la acere de mi casa, y en la tienda de “Lelis”. Hasta que un día, una “Bedoya” dice ella, le robo lo que había vendido, mientras fue a la cocina por algo.

“¡Hastahí! Dije no más, y no volví a mantequiar” Dijo mamá mientras se comía una empanada de de donde “Tomas”, quien no las hace pero les da el punto en el fogón.

Eran a 50 pesos. Ricas como todo lo de mi madre. Pero eso no dejaba. Había que sacar la plata de lo que valía los ingredientes, y partir con la que le ayudaba.

Después de esos días, le vine a probar una empanada a mi mamá, cuando le dimos los ingredientes, e hizo unas grandotas todas grasosas, de lo mejor.

Por eso cuando veo las manos amasar y rellenar, y juntar y fritar, veo a mujeres como mi madre que salen con su perol y las ilusiones a realizar 5000 pesitos para ayudar en la casa. Veo a mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, luchando para ganarse sus areticas, sus cigarrillitos, o su loción, o el mecato para despachar a los muchachos todos los dias.

En cada esquina miro si alguien tiene un perol encendido y unas empanas calientes. En los días frío, en los de hambre y poco tiempo, en los de no cocinar, en los de locha.

En fin, la empanada, desde siempre ha sido un desembale, tanto para comer como para trabajar.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Hoy, Arcoiris en una tarde Marciana

En un día muy lento, pero increíblemente lleno de acción y sorpresas, salimos del metro como siempre: empujando. Y tal vez por costumbre mía, caminamos hacia las escalas del lado de Niquia.

Hoy, mire al cielo y había un arcoiris gigantesco en un Medellín a las 6pm.

Fue como un regalo. Nos equivocamos en la orientación, y terminamos viendo un espectáculo.
Así fueras de afán, te detenías un instante a ver el cielo toxico, y el doble arcoiris que estaba sobre “Buenos Aires”.

Y para el occidente estaba todo el atardecer tóxico. Y más gente pensando en cosas bonitas mientras la tarde iba muriendo.

Recuerdo muy pocas momentos mágicos, pero los he tenido, como hoy.
Momentos de belleza, instantes únicos, simplezas espectaculares, donde alcanzo a decir: Dios se hizo presente.

Dios es la belleza del instante que desde niño me ha sorprendido y me ha enamorado de la vida. Dios aparece cuando una bolsa vuela por el viento, o cuando recibes un beso por primera vez, o cuando un presentador de TV te habla a tí, si a tí, y cuando aprendes algo, y cuando dices una verdad y hay un silencio, o cuando miras al cielo y más que nubes y una promesa de paraíso ves colores sicodélicos.

Y la sonrisa, y el alma llena, y el corazón a toda, y las ganas de correr o hablar con alguien, y decir duro que estas feliz, y que la vida es una chimba, y que no importa los problemas o las malas cosas, todo, todo se justifica y se compensa, lo he sabido desde niño, con cualquier momento de belleza.