Mostrando entradas con la etiqueta contar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contar. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de julio de 2011

Quería contar tantas cosas, pero no tantas

Sábado 18 o 19 de Mayo

Quería contar tantas cosas. Qué bajé al mundo (me volvió a empujar Julián casualmente) , y luché por arreglar la moto, y perdí el día y las fuerzas,

Don Uriel. Mayordomo y mecánico (bomba San Antonio - La Ceja)

Pieza que compré, y que una si era, y la otra no, entonces, mamando.

y a los dos días, la pieza que me faltaba para la moto valió 500 pesos oro, con hoja manual de moto y todo. Faltaba ponerla.

y que subí en bus con una amiga,



y en la carretera sufrimos una persecución (de película B gringa) por un carro manejado por un borracho, a las 10.10pm en una vereda oscura y en una noche lluviosa. No pasó a mayores. La experiencia la escribiré en un cuentecito corto. Vale la pena.

Y que el prado de la casa está llenito de flores amarillas, y yo todos los días (yo que soy antiflores) mando digitalmente una flor distinta casa día.

Y que me llamaron de Cali, que fuera, que me ayudaban a ir en bus.

Siempre los Doritos!!

Aprendiendo (en la foto Internautismo), escuchando, hablando, en plena Celebración del Día de Internet Cali (made in Casa Occio).

Con el amigo Julián Mauricio Perez (profetaloco)

Quiere? Mmmmmm! en Cali lo compra, ve! (Plaza de la Gobernación)

Y que después de meses de no parar de camellar, tomé tres días de reflexión y ventiada, y volví a casa con más preguntas que respuestas. Con más miedos que seguridades. Pero voy recobrando la felicidad, el ánimo, la buena onda, las ganas de hacer de esta vida algo luminoso y poderoso en la sencillez de lo que somos.

Por eso no les cuento detalle a detalle, como siempre; pues, a nadie le importan mucho. Sólo a mi. Entonces, mezclare mis días con mis historias medio inventadas, con la anécdota de un día, con la ocurrencia que me provoco aquella señora, con la realidad que lo supera todo.
Cuentos mal escritos, para hacer de la realidad todo un cuento.

Deseénme suerte, tanto en la vida, como en la escritura.

lunes, 13 de junio de 2011

Ya no quiero contar mis historias

Estoy lleno de picaduras por todos lados. Debo cargar chiches, pulgas y demás, de aquí para allá... pero eso no es lo que quiero decir. Lo que quiero escribir ya son otras cosas que no sean estas bonitas y feitas de la vida mía.
Tal vez me ponga a inventar, o a poner más cuidado en los otros, y quién sabe, en sus imagenes y gestos, quede reflejado yo.

La voz mía en los inicios de Mayo (2010) by Elreticente

miércoles, 11 de agosto de 2010

En algún momento me sentiré solo

Tal vez escriba de forma intensa por estos lados, para compensar los días que vienen de silencio.

Las charruras de mi familia, mi cabeza estúpida que olvida lo importante y maximiza lo inútil, el desorden que tengo de vida, no es tan fácil contarlo en letras, se necesita la oralidad.
Y estoy tratando de no mover mucho las manos para contar los cuentos, y estoy aprendiendo a hacer pausas, a buscar la palabra exacta para no molestar, a escuchar hasta el final.

En todo caso, en algún momento me sentire solo, y tendré que aprender a salir en Bicicleta, y cerrar los ojos al pedaliar.

domingo, 8 de junio de 2008

Somos confesos de una misma religión

"Somos confesos de la misma religión, la poesía,
nos merecemos el mismo paraíso."

Ojalá

Que el paraíso no sea más esa idea melosa de lugar perfecto, de placeres infinitos… bueno, mejor vuelvo a usar las palabras de Estanislao Zuleta, para legitimar con las ideas de un amigo, el paraíso que quiero.

"La pobreza de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de Cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo; un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes…"

Yo soy de los que vivió la generación entre lo análogo y lo digital. No la sufrí, no la sufrimos, más bien la hicimos posible. Todos, hasta desde el más recóndito pueblo, le dimos un empujo al inventico éste, y por ahí derecho a nuestra vida.
Yo jugué videojuegos todo lo que usted quiera, en palabras de mamás: dañe todos los televisores de la casa. Estos dedos (muevo los dedos de las dos manos en el aire) los moví demasiado. Esta mente (me toco la sien) se ejercito mucho.
Porque la niñez es el gimnasio de la vida, y a mí la niñez me toco en la época del video clip… que la vida tenia música, decían. Y si escuchas ahora, si pones cuidado, aun sueña cada pedazo de esta vida.
Que nuestra vida es una línea de tiempo, un video con una duración X. Comenzamos en ceros y ahora vamos en 25 años. 25 años a 30 cuadros y a 1 latido por segundo.
Esto va rápido, y todos los días más rápido. Yo nací en los días de las fotocopias, o entre las fotocopias y el papel mantequilla, y crecí - afortunamente- con el Control C (ctrl+c).
Y también se cayó el muro, e hicieron concierto en el muro. Antes, más antes, yo ví TV a color, yo nací con el color, pero solo tenia blanco y negro porque éramos pobres, pero era posible ser a color, solo que era en otro lado.

Yo pase mi niñez en un mundo feliz, en final de guerra fría, en la era MTV, en plena euforia de la robótica, en el declive de la religión católica. Yo digo siempre, que donde en mi casa se demoren un año más, yo no hago la confirmación. Yo solo me confesé 2 veces. Yo crecí en la era Groudge:
Somos inteligentes, pero el mundo se va acabar y todo es una mierda, pero el placer de vivir extremamente es el mejor. Yo crecí en plena euforia de bikini y juegos extremos (X Games). En mi mundo todo ha sido posible, pero inalcanzable, pero ha sido divertido hacer todo para alcanzar lo inalcanzable, y hacer símiles de lo que es imposible de hacer símiles...
Se puede ir a al luna, pero vale un platal y para qué si eso es un peladero. Y si quieres sentir la gravedad cero, eso ya esta inventado y lo puedes hacer en tierra, para qué ir por allá arriba si todo se puede hacer aquí abajo.
Se puede tener la mansión más fantástica, el habita más perfecto, la isla paradisíaca, pero para qué si lo que necesitas es recorrer el mundo. Necesitas, necesitas! Tener muchos trabajos, tener muchos carros, muchas mujeres, mucha plata. Todo es posible, y casi nada de eso, significa felicidad, otros ya lo han comprobado y nosotros ya lo vimos que lo comprobará, y muchas veces nos reímos de ellos.
Yo soy de los millones de Colombianos que nos creímos clase media (bueno, nuestra familia) pero que éramos clase baja, raspando algunos meses –de por si a principio del año- en la miseria, pero que después – de por si al final del año- parecíamos clase alta.
Yo no tuve nada, yo ví los inventos y los paraísos cuando estaban calientitos recién salidos del horno – de la mente de un soñador-, pero los viví cuando ya todos estaban pasados de moda, cuando ya el mundo los había desechado, cuando estaban vencido y con la etiqueta de: “esto no es la felicidad”.
La felicidad del hombre y su habita perfecta, se llama recorrer y parar, recoger y desechar, vivir y olvidar. Seguir, seguir…
Pues el mundo se iba a acaba. ¿No? El Y2k, Nostradamus…Para qué íbamos a hacer más que simplemente vivir. Y claro, en el 99 no paso nada, y tampoco paso nada el 2002. Y tampoco nunca nos llego ese futuro mejor que nos prometieron desde niños, porque siempre estábamos cada vez peor, y lo único que fue creciendo fue la realidad.

Yo vi Rambo I, II y III y Salí a la calle y ví matar al "mono", al "cholo" y a John Jairo Bravo. Todo para mi fue real y fue posible. Todos cayeron y en la pantalla decía: “Game Over”. Y yo le di continuar, o le saque más vida, o apague y volví a encender. Y si era en la vida misma, uno sabia, que otros ya habían podido seguir, que con los días, con el dejar pasar de los cuadros por segundo, y a pesar de los latidos, la vida pasa y las historias siguen, y como en la imaginación, todo continua, y hasta un poco mejor, hasta se puede seguir igual, o simplemente se puede seguir contar la historia. El mundo no se detiene si cierras los ojos, todo sigue ahí, sonando. Todo esto es una historia y estamos recorriendo para encontrar el fin.

Las políticas, todas cayeron y pasaron de la gloria a la miseria, del poder al repudio.
No admito que me digas que funciona, demuéstreme que funciona, tengo derecho a meter el dedo en la yaga, yo tengo derecho a saber la verdad. Ya nada me limita, todo esta escrito, las historias de nuestros pasados son conocidas y a veces –para mi gusto- muy olvidada, pero sin peros ahí están, la podemos conocer.
Yo crecí escuchando a los mayores y todas sus dudas y errores, y no necesite ninguna de las dos, porque nunca he tenido derecho sino a sus historias. Mis dudas son mis dudas, mis errores serán más grandes. El conservar – para mi- paso a ser el transformar. No somos una generación terca, más bien somos una generación salvaje, altanera, caminante, que corre, que huye, que imagina, que se golpea y que cae y se levanta, como si nada, porque todo es como si nada, como en un juego o como en la vida.

Nada. Para nosotros la felicidad es éste instante, hoy, ya! Saltemos o esperemos, para nosotros el placer y la felicidad pasa por la adrenalina y la vitamina, pasa por la acción y reacción.
No somos religiosos ni militantes, somos creyentes.
Dígame donde queda el paraíso, cuénteme la historia y yo la vivo contigo. No me corras pa´la foto, si mientras te tomas el tiempo para acomodarme, ya has perdido tantas oportunidades de buenas fotos. No me inventes el paraíso, hagámoslo, de eso se trata, eso es lo más divertido.

Ya el mundo y los inveticos y los paraísos de otros hicieron posible –por ahora- que existan los nuestros. Y los nuestros es la lucha desde abajo, esta basada en hacer, en el próximo paso, en el día a día, en uno a uno, y al final entre todos. Somos universales porque estamos todos, porque vivimos, porque nuestras historias están rodando al mismo tiempo..

Propongo contar historias de los hombres comunes asi sean excéntricos o sencillos, propongo todas las historia sin limite de moral y valores, los limites serán la realidad y la posibilidad desde el placer de hacer y de sufrir. Es el orgullo a no tener, a que le falta a uno, es un aplauso al poder de la imaginación, el poder de la palabra y las ganas que hacen otros mundos y valores y otras morales y otros límites con la contundencia de la verdad, de la belleza, de la fealdad, del horror, de la dicha, de la verdad, de la mentirita piadosa, de descubrir la mentirita, de llorar, de enojarse, se sentir, de estar vivito y coliando…

Propongo una temática de la minucia, de la vaina particular, todo desde lo individual, ya estamos hartos de ser del montón y que nos hablen en tercera persona. Que contemos las pequeñas historias que componen las enormes, porque al fin de cuentas son las mismas, hechas por la unión de todas.

Propongo una elección de cómo contar, qué contar, para poder revolucionar(se). Nosotros recordaremos y nos apoyaremos –en los buenos y malos momentos- en las historias de otros para armar las nuestras. Por eso debemos contar las historias de los hombres y sus luchas y sueños sin ocultar nada, sin corregir nada, sin una mentira, sin armar cuenticos, sin obvia lo obvio, sin olvidad el entorno, sin artilugios, para que todo -sin ningún filtro- les llegue a los oídos que quieren y necesitan nuestras historias, para que la próximas generaciones no sean una pared de icopor.

Propongo contar a estos hombres, y sus minucias, de forma actual, tal y como vemos el mundo hoy: como en un bus, como en el carro, como en una bicicleta, como cuando se camina. Así de agitada, así de visual, así de fugaz. Que estas historias tengan el tiempo que tiene el saludo en la mañana, los minuticos que tenemos para revisar el mail, el cuarto hora que pagamos en el café internet, el tiempo de un semáforo de una calle que no es principal. Que tenga el ritmo efervescente del mundo de hoy. Y que tenga la voz de sus autores, de los que la viven y sueñan.

miércoles, 16 de abril de 2008

Cuando salgo al mundo, qué me interesa de lo que miro, qué me conmueve de lo que vivo

Por estos días he mencionado mucho la palabra miedo. Quizá en verdad sea mi acompañante que más me influencia en este ir hacia alguna parte que es la vida.

Soy un animalito pequeño y miedoso, frágil. Eso es una gran defecto y una fabulosa virtud.
Yo antes, cuando niño era (muy) frágil, hasta los otros animales se burlaban de mi. Con el tiempo entendí el mundo, lo observe como leyendo de izquierda a derecha en un cuaderno, así de fácil.
Esa frase que Santiago Rendón odia tanto: "No dice nada, pero pone un cuidado". Esa era mi frase de batalla, así era yo, así me sentía más cómodo. Por eso soy un contador de historias, un narrador de la vida.

Vivo la vida para ver la del otro. Ya grande tenia que seguir contando y repetir las historias. Y vivir de eso.
Hoy ando despacio, a mi ritmo. Gano plata por mirar, por registrar lo que veo. Me he educado para ser un lector de ojos, de pieles, de sonrisas y pensamientos, de cuerpos y de automóviles, de barrios y sociedades.

A veces pienso que la señora de rojo esta triste, y pasa a mi lado y saluda a una amiga y le dice que esta muy triste. Eso no puede ser nada novedoso, usted mismo lo hace siempre. Yo soy de los que escucha la conversación en los teléfonos públicos, o me pongo alegre con la historia de los que van adelante en la fila. O era de esos niños que escuchaba las historia en la tienda y me daba cuenta de quien decía la verdad. No verdad de ultima palabra, es verdad de ser posible.

En este viaje que es la vida, los días y las horas, ¿qué será lo importante? ¿Qué será trascendental?

Veamos que dice Albero Fuguet al respecto de viajar, y de vivir en contar el viaje.

“Pero partir de viaje con la sola intención de escribir-para-contar. Es una experiencia intensa. Es lo más parecido a estar siempre encendido. Es como vivir al cubo. Tus antenas están tan paradas que a veces solo captas interferencias. Cada paso que das, cada puente que cruzas, cada playa en que te sumerges, puede ser un sitio que forme parte de tu crónica ¿o no? ¿Qué usar, qué ver?

Optar por un sitio implica, necesariamente desechar otro. La misión del cronista de viaje es ver lo que los otros no han visto sin olvidarse de lo que todos ven”.

Apuntes Autistas


Pues bien. Yo ando armado siempre con mi cámara de fotos. Toda la vida me falto olfato para las mujeres, pero me sobro para lo demás. Veo, veo y veo cosas. Leo, encuadro en mis ojos, recuerdo mientras camino esta ciudad que uno es una mierda, una cabeza entre tantas, que por qué no parar un momentico a ver cómo se esta cruzando la calle, o como es la señora que saca al perro, o cómo una pareja peleas y se reconcilia en el transcurso de diez paso.

En las mañanas, tipo 10 am, una señora saca a su nieto al sol cerca de mi parqueadero. Quiero tomarle una foto pero nunca tengo el ánimo y las palabras precisas para irrumpir en los segundos del otro y para frenar la moto que ya va a 40 km. Pero claro, algún día una foto y varias palabras sobre la señora y los bebes.

Días antes, bajaba por San Juan y había un accidente. Un pelado estaba en el piso, lo había atropellado un taxi. El taxista se robo el semáforo y se gano a dos manes que chocaron con su parabrisas y volaron, diga tu (esta semana dije que 80metros), 20 metros. De cebra a cebra. Había un tumulto, y me orille. La noche estaba luminosa, la gente estaba anonadada, nadie sabia qué hacer. El pelado del piso aun estaba vivo, estaba boca arriba y con los pies hacia la alpujarra. El otro quedó vivo y de pie. Eso debe ser el semáforo de la 68 o 69. En fin. Recordé una nota que había hecho en un programa de TV. A los atropellados no se les puede mover, así se este muriendo porque un movimiento más lo puede acabar de matar del todo (así sea su mamá, la tienes que dejar en el piso).

Había sangre, las luces amarillas estallaban contra el pavimento, el taxista estaba callado, mirando al infinito, mirando la cárcel. Y yo, ¡maldita sea! no tenia mi cámara, no la saque porque esa noche no iba a hacer nada interesante.

Llegaron los bomberos, llego la ambulancia. La gente en los carros pasaban asomados a sus ventanas con los ojos abiertos y diciendo: “¡ave amaría por dios!”.

Todo estaba dolorosamente precioso.

Tal vez las historias no se han contado porque hay que vivirlas; y claro, se debe estar preparado para hacerlo.

Aquí voy viviendo para contarla, y mientras se pueda, todos los días me atreveré a más.