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lunes, 18 de mayo de 2009

Hoy, mi Hermano jugando el Pateíto

Mientras yo en las misma de siempre: Sentado frente al PC, y él por ahí, dando vueltas a sus cosas y pensamientos, sentado en el quicio de la puerta.
En un domingo cualquiera de sol, mi hermano entro corriendo, me dijo que terminara de hacer el almuerzo, que hoy los “Patos” lo habían invitado a jugar.

De los Patos, el de verde.

Recuerdo un día en la cancha del colegio, que un zurdito le metió un balonazo en la mano y se la quebró. Yo estaba en el tercer equipo, y vi la maldad del man, y el dolor de mi hermano. Lo montamos en una moto, y yo corrí a llamar a mi mamá.

Y jugué con él en las casas donde vivimos. Y en la calle adoquinada y en la de cemento, y en el empedrado, y en la placa polideportiva, y en la manga del estadio, y en el peladero de cualquier parte. Nunca me gusto tenerlo en mi equipo, pensé que no era justo para él, ni para mí, pues siempre eramos rivales.

Lo veía volar, pelear, estar rojo y gritar. Nadie se metió con él, todos lo queríamos, era un figura para jugar (y en la vida), y además era mi hermano. Y no es que yo era un “duro”, ni nada de eso, era el amigo o parcero del “duro.”

A veces pasaba por la escuela donde estudiaba, yo tal vez estaba en Quinto de primaria, y él en Tercero. Y lo observaba un rato desde lejos, todo sucio, pelíon, sonriente, y pensaba en esa época, y ahora aun más, que no era un buen hermano, que he dormido al lado, (y vivió toda la vida juntos), y no conozco, y no soy amigo de Jorge Andrés Escobar.

Así somos nosotros. Silenciosos, pelíones, y jugadores de fútbol a morir.

Yo ya no juego fútbol, y él ya no es frágil
Yo no soy amigo de “los duros”, pero él aun es querido por todos.

martes, 16 de diciembre de 2008

El susto de hoy

Iba tarde. O con el tiempo justo, como decimos los motociclistas.
Busque rápidamente en todo el parqueadero. No veía ninguna moto roja Viva 115. Volví a mirar. Nada.

Llame al “Cucho” del parqueadero.
Y miro, y miro. Se tocaba la cabeza comenzándose a preocupar.
- “Nada hombe. Muy raro. Esa moto no ha salido de aquí mientras yo estaba”

Y con el corazón a mil, y ya sentía el olor a problemon (porque lo conozco bien), trague saliva, y le pregunte:
-“¿Y hace cuanto estas aquí?
-“Desde anoche”

“¿Y entonces?”
“No sé” Me dijo ya muy preocupado. “Como se va a perder esa moto”.

Fue a la piecita que tiene el parqueadero. Se demoraba. Mientras yo estaba tirando cabeza, recordando qué había hecho yo ayer.
Nada. Yo ayer no había salido. Fue mi hermano. Le marque al Tigo. Recién me había despedido de él hacia 5 minutos. Le marque al Comcel. Me lo imagine en el fondo de la casa viendo TV a todo volumen.

Mire al “Cucho”, estaba como apurado, abriendo el teléfono publico que tiene el parqueadero, cogío la bocina.
Al mismo tiempo yo marcaba: 034 471… Sonó varias veces. Escuche: “alo!”

-“Parce. Parce. Usted ayer a qué horas y donde guardo la moto?”
Un silencio largo, como si la señal se hubiese caído. Pensé que era un fijo, y que no era posible lo de la señal caída, que era una señal de culpa, no digital.

-“Parce!! La moto!!!.... No la guardo?!!!!”

Otro silencio. Palabras que no entendí.

-“Jorge, aquí estoy poniendo problemas, salí YA!! y mira si la puta moto está!!!”

Puta. La moto. Otra vez. Ya esto lo conozco. Deja vú.
Eso estaba pensando, eso estaba sintiendo.

Fui donde el “cucho”, le dije que yo no había sido el que había guardado la moto ayer, que yo también estaba sano, que estaba llamando a mi hermano, pero que no le entendí que me dijo. Que ya venia.

No le mencione que mi hermano ayer llego como a las 6pm, que hizo comida, que vimos TV, que lo deje en la misma pieza que lo deje hoy, haciendo lo mismo que estaba haciendo hoy.

Con una rabia inmensa, con la cara caliente, subí la cuadra y media de la 95 a la 96, ví la moto roja mal parqueada afuera de la casa, al frente.

Eh, nunca mire para allá. Pensé.

La limpie con la mano. Mire para la puerta, estaba abierta pero sin mi hermano. No tenia tiempo para entrar y putiarlo. No quería tampoco.

Hoy, a pesar del puto susto, trate de calmarme, de estar sin gritar y sin acelerarme, que si todo era cierto y se habían robado la moto, era lo mismo, los gritos y los insultos dichos con rabia no cambiaba absolutamente nada.

Arranque de una para donde tenia la cita. Ya seguro que no llegaba a tiempo, pero por lo menos si me montaba en la moto, sentía con su vibración que todo estaba bien.
Muchos sustos pase hasta los “Pies Descalzos”. La gente está muy acelerada y mala gente, fue mi conclusión cuando llegue vivo y parquee en AUTONorpe.

Lo bueno de hoy, es que ya sé que en La 68 no roban motos, y que mi hermano no quiere hacer nada, ni siquiera llevar la moto al parqueadero que esta a una cuadra de su comodidad.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Ayer a mi hermano

Mi hermano salió en la moto. Él no tiene pase (licencia), y la moto no tiene el original de la licencia de movilidad.

Igual salió en la moto. Iba para Belén, se metió en la calle que no era, voltio, dio vuelta a la derecha, y se encontró un reten de la policía nacional.


Pare.


-Buenas.

-Papeles de la moto?.

-Una requisa.

-Y la original?

-Comandante este muchacho no tiene el original.


En el intermedio del dialogo/reten, una señora había pasado en una moto y había dicho:

-unos pelados que andan en una moto, no hacen sino dar vueltas por ahí.


Cuando el comandante, o lo que sea, vio bajar a una moto con dos muchachos despacio, no le prestó mucho cuidado al policía que estaba requisando a mi hermano. Y más cuando los muchachos “sospechosos” voltearon a la izquierda disimuladamente.


-Entonces que, le damos piso?


Le dijo el comandante a mi hermano.


-De una.


Respondió el hijo de Aleida.


-Prenda la moto pues!


Y mi hermano, me lo imagino, con su sonrisa maliciosa, arranco a toda en la Viva 115 rojita.


Por allá en la “Bolivariana” se lo alcanzaron. El policía se bajo, los increpo por huir del reten, y les pidió los papeles. Ellos se los dieron.


-Arranque hermano.

-Y a ustedes, los espero allá abajo, y ojala vayan los dos.


Mi hermano volvió al reten. El otro policía le devolvió los papeles y le dijo:

-Hágale, hágale, váyase.


Jorge prendió la moto, hizo la vuelta que tenía que hacer, y regreso a casa y a carcajadas nerviosas me conto la historia.

jueves, 28 de febrero de 2008

Ayer me reí con mi hermano

Dijo un chiste. Jajajaja. Largo, duro y a carcajadas nos reímos. Ya estamos grandes. Y aun somos pequeños.

Íbamos para la casa, despacio, era la noche. Mi hermano Jorge y yo.