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martes, 30 de noviembre de 2010

y mientras tanto, leo a Baldomero

Creo que no muchos se llaman Baldomero. Pero Baldomero Sanín Cano, tampoco lo conocía. Y mientras las horas, y las noches, y los silencios, voy leyendo, y doblando esquinitas del libro rojo, para luego tratar de hacer un texto que me sirva para mañana recordar algunos autores, o encontrar otros caminos.

Apenas ahora en la tarde devolví los otros libros, para que alguien se los "robe" por un tiempo. Se lo merecen.

Siempre se me olvida escribir en las ultimas hojas, donde hay espacio para hacer anotaciones. En los libros que siguen, escribiré la dirección de este blog, para que encuentren mis opiniones extendidas.

Pero iniciemos con los dobleces de Baldomero Sanín, de Rionegro, intelectual del siglo XIX en Colombia, y que por primera vez leo sus textos en "De mi vida y otras vidas". Unos ensayos (fragmentos) amenos de leer, porque hablan de su infancia, que como todo Antioqueño nacido en cuna, su historia son buena y sana educación, sus bases intelectuales y de felicidad seguras, y por inercia, su llegada a la docencia porque estudió en una Normal.

Fue un matado, un nerd, eso que llamamos hoy. Y lo podía ser, y lo fue.

"No había cumplido quince años, pero comprendí o di por sentado que el mundo predominaba consideraciones distintas de la probidad y la justicia".

Eran tiempos de guerras que cerraban colegios, y cuando se abrían, enseñar en una escuelita de una vereda de Titiribi era el mayor aprendizaje de tu vida, y la miseria absoluta, al tiempo.

Mientras daba clases, siempre -nos va contando- también estaba el
hombre ávido de conocimiento, aprendiendo.
"Para mí el estudio no había sido nunca otra cosa que una tendencia indomable de la naturaleza. Acumular nociones y tratar de comprender la vida en cuanto alcance a ella la inteligencia del hombre, me parecía un objeto final y eminentemente placentero de existencia"

un hombre que sabe, o lo fue aprendiendo de a poco, que si la física, la química, van cambiando a medida que estudiamos, que la descubrimos, en el pensamiento o la filosofía, aún más!: "Todo es incierto y transitorio. Las convicciones mismas de algunos espíritus cambian las vicisitudes materiales o sociales de sus sostenedores".

Y en esos gajes que los rectores (luego fue rector de un colegio), tuvo que ser veedor de algo público, donde obviamente se pilló, o lo hicieron entender los entuertes de la burocracias, y lo hizó echar una frase que espero yo sí espero cumplir:
"desde entonces tomó fuerza en mí la voluntad de evadir hasta donde me fuera posible la obligación de servir en destinos públicos".
Pues claro que luego fue un embajador más, pero bonito sonó.

Luego nos describe a ese Medellín de hace siglo y medio, chiquito, una villa, donde los hombres que pensaban y le daban a las letras (y lo podían hacer): Fidel Cano y esa generación que le dió bases a muchos oficios del país, que ustedes y yo iremos conociendo de a poco. Ya verán.
Antioquia en esa época contaba con 320mil habitantes, y en 40 años se incremento en un 120%, y hoy en día (2010) 60 años después, vamos en 15 millones. Y a pesar del machismo, el alcoholismo, el juego y tanto trabajo, este pueblo mestizo ha regado semillas en 5 departamentos y en el mundo entero hay gentes de estas tierras.

Medellín era en esa época (más que ahora, por los aviones y "carreteras") una isla en medio de las montañas. Y la hazaña en tiempos de poca comunicación de esta comarca con la capital, era que algunos jóvenes (otra vez, que pudieran) intercambiaran experiencias, unos viajando a la capital, y otros viniendo a la montaña. 11 días la distancia (ya nos lo contó Marco Fidel).
Esos paisajes que uno ve rápidamente (en moto o carro) cuando atraviesa todos los climas para llegar a la capital o viceversa, ellos lo vieron y sufrieron a lomo de mula.

"Un Antioqueño del centro, del norte o del occidente de Antioquia que hubiera conocido Bogotá, era notable por esa única hazaña de su vida".
y
"En 1883 eran poco número y prominentes por eso las personas de quienes se decía que había estado en Paris. El nombre de esta ciudad concentraba en sí las maravillas, todas las amenidades y adelantos de la civilización a que nosotros nos linsonjeábamos de pertenecer".

Y aun lo aislados, llegaban libros y revistas, o los correos:

"Recuerdo que "María" de Jorge Isaacs, en un solo ejemplar, pasaba de casa en casa, bañado de lágrimas del vecindario".

Luego Baldomero, al no verse futuro en Medellín como Profe, viaja y hace lo mismo, pero en la capital, hasta que se vuelve bibliotecario. Y siguió leyendo como el más afortunado que fue, mientras pasaba a echar numeros de superintendente de una empresa de algo agrario. Paisa puro era.

Incluso dice que si se lee meticulosamente la prensa, o en mi caso se ve Televisión, uno puede obtener unos conocimientos y unas enseñanzas sanas. Pero:
"Muchos periodistas estiman en poco su trabajo, porque por lo común se dan con empeño y no siempre con limpio y desprevenido criterio a machacar sobre unos mismos temas, de cuya verdad no están convencidos".

Otra forma en que les llegaba en conocimiento, distinto a sus suscripciones y tertulias, era cuando llegaban esos viajeros de las europas. Como José Asuncion Silva. Como Baldomero era intelectual, pero escribir siempre anónimo, y no practicaba el ego (dice él) estos personajes se hacían amigos facilmente de Sanín Cano:

"Creo que nuestra amistad se basó principalmente en la necesidad que él tenía de hallar una persona extraña, extraña al medio social de que formaba parte, para hablarle de sus anhelos, de su experiencia de la vida, de sus viajes, de sus lecturas".

parece que fue amigo de muchos buenos amigos. De diplomaticos, de escritores, de periodistas, de poetas:
"mis aspiraciones se afincaban en lograr un modo de vivir en que mis funciones concordasen o al menos s¿no pugnaran con mis predilecciones de espíritu".

Tal vez eran muy sencillos. Hoy uno solo se suscribe a sus feeds, y no lee todo. Y puede viajar, y no viaja (por plata sobre todo). Y a veces, solo queremos conquistar el mundo, y no nos atrevemos a conquistarnos a nosotros mismos. En fin.

Entre sus amigos estaba Guillermo Valencia, que "Para él parece escrita la sentencia de Sócrates, que dice: "Para el hombre bueno no hay mal ni en la vida ni en la muerte"".

Hasta políticos cambiaron ideas con el autor, que cada vez se iba llenando más de datos, y años, y de más amigos, como Antonio José Restrepo, que era un gran orador, que más que un expositor y monologista, era un, qué, un "causeur", que mientras habla, pone a hablar a los otros y les saca sus ideas, sin que uno se de cuenta. Que bueno son las personas así.
Debe mencionar y escribir esas anécdotas tan lindas de ese amigo, porque muchos de esos privilegiados, como los de ahora, solo hablan y muestra y aparentan, y no son capaz de unir los mundos, las conversas, las ideas de todos. Es mi suposición.

Y terminan sus fragmentos, hablando de alguien que no conoció en persona, pero si a través de sus textos, sus conferencias, que se le parece un tanto a la amistad. Como dice los ingleses: "I Know him". A ese amigo, Bertrand Russell, dijo a sus alumnos de Cambridge en la primera guerra mundial: "la guerra no era más que una especulación de los productores de armamento alrededor de la cual buscaba el capitalismo, sintiéndose amenazado". Y les decía que tenían que viajar a la China, que ese era el futuro. Y vean hoy!

No sé porque Baldomero Sanín Cano escribió eso, o porque el Metro y Comfama lo publicaron, o porque yo lo leí y aislé algunos apartes. No se sabe. Para algo sirven estas reflexiones de gente que ya trasegó variado trecho que uno pensaba volver a repetir desde cero. Para algo.

Una fotico de los manes de esos días, que ya en los años 30´s estaban en lo mejor de sus vidas.

martes, 2 de noviembre de 2010

Leyendo a Don Marco Fidel Suárez

En pleno cumpleaños de Medellín yo voy a escribir sobre un personaje de Hatoviejo (al norte del Valle), hoy, Bello.
Lo llamo Don automáticamente, porque en este solar llamado Antioquia, su nombre esta por todas partes, incluso en mi pueblo había una escuela, en zona pobre y de violencia, llamado con su nombre, y aquí en Medellín también hay una, y es donde tiran piedra y fuman y son alumnos sobresalientes en sus estudios (algunos, pues).

Estiré la mano, y agarré un libro café, era el del señor que fue muy pobre, y que estudió y salió adelante y pudo ayudarle a su mamá que toda la vida lavó ropa para sostenerlo, y del mismo que en su ciudad Natal tienen su choza protegida por cemento:


BELLO - ANTIOQUIA

Foto: laloking97 (algunos derechos reservados).

Como inculto que soy (yo debería estar vendiendo papas y yucas, obvio), nunca lo había leído, solo sabia que había sido Presidente, y desconocía que había sido tan letrado.


Estos fueron algunas cosas que leí y se me ocurrieron cuando leía el libro de Ensayos y escritos de Suarez, que publicó Palabras Rodantes.

Y claro, de primero me encuentro un texto sobre "Antioquia". De ahí vienen muchos mitos Paisas, de que somos blancos, hijos de los Españoles blancos, de los boreales de yo no sé donde, y los cántrabros; puras relaciones de apellidos, lenguaje, y las formas de las familias. Y que somos comerciantes, somos los Isralies Colombianos.

Un lindo texto, que con poesía va asociando cuanto bueno conocía en el mundo (escritores, poblaciones, geografías), y lo comparaba con nosotros, los Antioqueños, que vivimos en un tierra diversa en comida, y al final del cuento, somos una revoltura de puras buenas cosas. Será que por eso somos tan malos, a veces? Se preguntó, y ahora la repregunto otra vez.

Ya sé por lo menos de donde vienen los chismes que han contado profesores, amigos y llenadores profesionales de crucigramas, de Marco Fidel Suarez que escribió hace dos siglos!

Luego me encuentro "Pensilvania", un texto de un viaje. De ese paisa que se va para la ciudad, a probar suerte. Hay muchos ejemplos, yo soy uno de ellos.
Y leyendo, me acorde del viaje que hice a Bogotá en Moto. Pensaba miles de cosas, del paisaje, del clima, de todas esas montañas que nos dividen y nos protegen, y uno que de chistoso se pone a salir de la comodidad de la casa de los padres, a veces con tanto afán.

Y el escritor nos recuerda un dicho popular:
"Si las cosas tiene remedio ¿para qué te afanas? Y si no tienen remedio ¿para qué te afanas?"
Y claro, como buen paisa, cambia el dicho, para pensar en trabajar, trabajar y trabajar.

Por él me entero que Sonson (Antioquia), es gracias al sonsonete que uno escucha de las cascadas cuando uno se acerca al pueblo.
Y que Pensilvania (Caldas), es obra y gracia del café y su trabajo y los precios internacionales. Pronosticaba que Pensilvania, que se llama así porque un Ingles que le compró las tierras a los indios (con permiso del rey. Un robo) y se apellidaba Penn, y a eso agregrele Silvania, y que en un futuro iba a tener muchas carreteras por las minas que iban a descubrir, y que seguro una gran ciudad, prospera.
Creo que no ha pasado ni lo uno ni lo otro. Algún día voy por allá a conocer.

En 1926, ya Marco Fidel pensaba que era mejor hacer esos viajes por avión. Definitivamente!

Luego, habla Maravillas de "Gregorio Gutierrez Gonzalez", un poeta que se quedó en las mentes de todos. Ni idea quién fue, qué escribió. Esperamos que el Metro imprima algo de él.

Después, en "El Cáracter" un discurso de 1882, que le echo a los jóvenes del colegio Espíritu Santo. Mero vaciadón! Espero que no haya sido al medio día, porque por más lindo el mensaje, que difícil.

Que así no pueda hacerse a los alumnos más inteligentes, por lo menos la educación, la sabiduría, se hace mejores hombres: Por ejemplo los griegos, los romanos. Hay hombres que eligen el camino de Eruditos.
Hay que dejarlos, digo yo.

Las palabras de Salomón a su(s) hijo(s) al momento de morir: "Ten valor y sé hombre". O sea, "tenga Cáracter!" dice Suárez. En palabras mías: "Sea berraquito pues!"

Si hacemos toda la conjugación estudiar lo que quieres, y hacerlo bien, lo único que debes agregar es:
"Ferendum atque sperandum".

En los Apartes de sus escritos, los anteriores eran ensayos, habla de "Bello y sus paisajes". Yo viví unos años melancólicos en esas tierras, y las montañas, que describe el libro, estaban ahí, bellas con la tarde y las mañanas, y yo la miraba, y otras veces no.

Luego en "De: Oración a Jesucristo" al que le pasó de todo, y al que vienen todos. Nos recuerda que somos los más devotos, porque declaramos ser el País del Sagrado Corazón (hace muchos años ya, en un congreso eucarístico).

Y sigue "si, "hay que trabajar hasta el fin". Morir no es dormir mi ser de piedra; morir tampoco es soñar; morir es llegar al centro del amor infinito"...

Después te entretiene con "El ocaso del sol", de ver las montañas, los nevados en el fondo de la cadena de montañas, tras las nubes. Todos lo hemos hecho. Todos hemos dicho parados en una montaña: "Si, yo veo el nevado. Usted no?".

y al final del aparte de "El Taller" dice: "¡Oh Clase obrera! ¡Oh trabajadores de todos los tiempos, que a veces no estimas la nobleza insuperable de vuestro oficio".

Y en "El lenguaje es Patria" una foto lo dice todo:

Y bueno, otros dos cosas, que en ultimas termina hablando de la poesía, de las plantas, de la belleza de los Libros y su poder:
"En un rincón con sus libritos" aspiraba vivir Kempis.

"Los libros como objetos inmortales".

Y yo que ando escribiendo mi libro digitalmente, también vale Don Marco Fidel Suárez?

Un libro menos para mí, un libro más para ustedes por leer.
Hasta un nuevo libro!

domingo, 9 de septiembre de 2007

Feria del Libro, Medellín 2007. El Contrasueño.

Leí en la programación que la feria seria inaugurada el 7 de septiembre, ese día lanzarían una segunda edición de un libro que quiero mucho, que me marco. Tal vez no me cambio, pero me giro hacia otro lado, me sensibilizo.

El libro es El Contrasueño, historias de la vida desechable. Escrito por Carlos Sánchez Ocampo, un escritor antioqueño, egresado de comunicación social de la universidad de Antioquia. Una man que decidió no pasar por una sala de redacción, porque él consideraba que no tenía nada que hacer allí, que todo sucede fuera, en la calle. Entonces, echo a andar con su mochila. Primero la ciudad, y luego Latinoamérica, o al contrario. Cuando termino, si se puede decir que uno termina de andar, decidió que su tesis seria un libro, un libro de la vida desechable, de las historias de los que no tienen nada, ni alma.

El resto de historia lo cuenta el prologo y las mismas historias que están en el libro. Para mí desde ese día Carlos Sánchez es un héroe, quien hizo lo que hemos pensado y querido hacer muchos de los que contamos historias: Tirarse a la calle y volverse paisaje.

En fin, fui por el libro, no a comprarlo porque no tenía plata, sino para ver que caratula tenia, y por si las moscas, que el autor, carlos, estuviese allí. Y Sucedieron las dos cosas.

El lanzamiento era humilde, los libros venían en una caja de cartón sin marcar, el señor que hizo a tola o a maruja, no recuerdo bien, pero es el que hace cultura y no el que trabajo en francotiradores. Ese señor fue el responsable de la reedición, convenció a Carlos de hacerlo. Sigo, la ceremonia muy sencilla. Hablo el profe Juan José Hoyos, que parecía aburrido, y que dijo lo mismo que escribió en el prologo de la primera edición. Luego, Carlos se subió, les agradeció a los que tenía que agradecer y se sentó a leer. Me leyó tres capítulos del libro a mí y, a todo el auditorio Restrepo del Jardín botánico de Medellín, que estaba no estaba a medio llenar. Un capitulo era inédito, nuevo, y los otros dos los recordaba. La verdad saboreé la lectura, sentí lo mismo que viví cuando lo leí por primera vez, fue muy vacano.

Se termino el acto, ofrecieron vino. No quise, hoy aborrezco el vino, siento el olor y me dan nauseas, cosa que no me pasaba en la adolescencia.

Espere un rato a que Carlos Sánchez estuviese desocupado para irlo a saludar. Me acerque, lo sentí muy ido, muy apresurado. Desde el inicio de la ceremonia se le notaba lo incomodo. Me saludo sin mírame, no creo que me haya visto a los ojos, esos ojos que llevaban una intensidad de agradecimiento tan fuerte, que le querían decir qué gracias por esas historias, que gracias por ese monologo del que muere en la calle, que gracias por esa calle que está en su libro que es la misma que yo veo todos los días. Y lo hice, muy rápido creo, también creo que se me entrecorto la voz cuando dije monologo, pero eso no importo mucho porque Carlos solo me dijo, en plural sabiendo que estaba sólo: “gracias a ustedes por venir” y se fue, se fue a saludar gente importante.

Lo mire irse, y pensé en la vida toda, en los mitos que se derrumban, en que los autores no somos nada al lado de las obras. Porque casi siempre, el autor es una farsa, o más bien es que uno como lector piensa en el autor como un ídolo, como en una persona con quien se podría sentarse a hablar horas y horas. Uno ve a los autores como amigos.

Carlos Sánchez, felizmente es feliz o debe serlo, y debe también tener trabajo, y todo lo que se merece. Pero hasta hoy fue mi ídolo, hasta hoy que se convierte en un hombre más. Porque alguien que escribe sobre desamparados, sobre olvidados, y que le importe más saludar a un señor importante que aun joven que transpira su literatura, es literalmente, una persona poco interesante. Lo que no quiere decir que deje de ser una persona importante.

Deje de lado dos tesis probables sobre el comportamiento del autor, y que hay que decir, no cambiarían en nada mi apreciación de esa noche. La primera que no estaba en su día. La segunda que estaba drogado.







Esta es la portada de la primera edición del libro. Cabe aclarar que el libro me lo presto la madre de Camila Sepulveda. Y como ven, aun lo tengo. Camila te ofrezco disculpas, pero me enamore del libro. ¡Qué pena! Te agradezco en el alma.


Adiciono el capitulo que más me gusta del libro. Un capitulo que habla de la muerte y que a mi medio fuerzas para seguir viviendo. Y hoy que lo releo, la verdad, no entiendo el por qué.


MONÓLOGO DEL QUE MUERE EN LA CALLE

“¿Recuerdas las cosas con sentido?”

De la película Nacido el 4 de Julio

La calle ha ido perdiendo colores como cuando se aproxima la noche.

Estoy sentado en mi trozo de acera enfrentado a la muerte y a sus aterradores poderes, pero no tengo miedo.

Resisto solo, desgajado de todo afecto que no sea el ramalazo de compasión de algún transeúnte. Resisto agarrado a mi piel que es bandera contra el desahucio. Piel mía, girón de piel, hermanita…

¿Qué hora será? Es raro que me interese por el tiempo. No lo necesito para nada. Yo no vivo con los días jueves o viernes, ni sobre ellos, ni por ellos. El tiempo ya no me interesa para nada. Lo que siento importante para mí son estos dos palmos de acera donde defiendo mi vida.

No me interesan las promesas. ¿Qué sería de uno si le da por atender a todas las promesas? Pronto se quedaría sin propósitos. El más allá, cielo o infierno, tampoco me preocupan.

No puedo descuidarme un solo instante. Puede reventar mi piel hinchada, atosigada de líquidos. A veces siento que estoy quedando sin alma y sin piel. Sin embargo, piel mía, hermanita, ahí sigues defendiéndome, colgada a los huesos de mi voluntad.

Mi esqueleto visto desde afuera debe parecer un chamizo cargado de trapos… Un espinazo.

Como en una confesión definitiva me he despojado de todo deseo, de todo esfuerzo y de todo habito. Veo a la muerte apelmazada alrededor de mi cuerpo, cercándome como un animal de presa.

Muchas veces la muerte ha avanzado sobre mí. En su primer lance yo tenía trece años. Desde entonces, año por año, nos hemos enfrentado.

Escapé siempre. Para mí la brecha entre vivir y morir es demasiado grande. Nadie cree que pueda resultar difícil morir. Ni yo mismo que tengo muerte por dentro.

… Yo no tengo muerte por dentro, sólo tengo muerte por fuera y ya estoy acostumbrado a verla apelmazada junto a mí, haciendo grumos que sólo esperan borronarlo todo.

La vida la he ido perdiendo a manotazos. No lentamente por el hábito de los años, sino en trozos arrebatados al descuido de una puñalada, de un balazo o de un garrotazo.

Conozco gente que dice que estoy vivo de pura idea, de puras ganas, y es cierto. Otros no alcanzan a comprender si mi obstinación para seguir vivo es muestra de amor, de resignación o de ignorancia. Alguno ha recordado, viéndome, la historia, en un poema, de un hombre que estuvo trece veces por entrar a la muerte, pero volvía de puro acostumbrado.

Sobre la acera donde estoy tumbado, la acera que es mi línea de horizonte, todo se ha vuelto distante.

…¿Qué palabras mantienen interés para mí? Ninguna. He empezado a perder no sólo el habla, sino también sus palabras. Tengo la mirada recta, fundida, nadie entre en ella, nada la quiebra.

También he perdido la gracia de soñar como si toda mi vida fuera un paraíso y no esta obra enferma.

Mientras las moscas lamen mis llagas, saciándose, escucho las voces de mis amigos acompañando, azuzando la muerte contra mí…

He nacido en un lugar donde los hombres muy pronto, en la adolescencia, se hacen dueños de inmensas cicatrices que testifican su osadía. Allí mis muertes se convirtieron en espectáculo muchas veces.

Ahora vivo en lugares más duros. Entre grupos de hombres y mujeres donde saludar con ternura puede ser visto como una debilidad.

Aquí prolifera en los rostros un gesto cerril. Muchos tienen la cara cuadrada de tanta intolerancia que albergan. Una mirada errante, una palabra suelta pueden desviar toda una vida.

Entre gente así. Entre las hordas nómadas del centro de la ciudad, desposeídos de todo menos de sus cuerpos borrachos, como yo, oigo que dicen, apiadados, como solicitando una ambulancia “¡Quien fuera capaz de matarlo!”

… Otros, los más duros, hablan de los castigos de Dios o sugieren en una forma que yo comprendo meno, que me mate yo mismo. Nadie ha preguntado por mi deseo, que es único. Tengo mi cerebro enrojecido de tanto emitirlo: quiero vivir. Quiero vivir. No me interesa mi cuerpo lacerado, impedido.

… Mis ojos deben haberse secado porque sólo mirar por entre los parpados abotagados, recargados de vigilia, me cuesta un gran esfuerzo. Las cosas crecen mientras las estoy mirando, como si se me arrojaran encima, entonces no puedo verlas.

Pero no importa. No maldigo, tampoco odio. Sé que un porta ha dicho: ”¿Será que el sentido de la vida está en buscarle sentido?” Y yo ya encontré el mío. ¿Por qué no voy a tener derecho a él?

Oigo que dicen que ya no tengo oportunidades. Miran mis miembros hinchados por la acumulación de líquidos en los tejidos de la piel. Intentan recoger las palabras que dejo caer pesadamente, entrecortadas por siseos y ronquidos que yo no logro manejar…

A veces creen que sufro mucho y me consideran un santo. Entonces hacen grandes esfuerzos por cosechar perdón de mis pústulas. Cuando se alejan siempre repiten, creyendo que no los escucho “Se va a morir, se va a morir”

Pero hace poco vino uno de aquí. Un gamín de veinticinco o treinta años, un atrevido de verdad que cree en el poder de los muertos y me dijo “Ñero, ñero, cuando se muera venga por mí”. Intente míralo, reconocerlo, pero no con la intención de volver por él, sino porque jamás he compartido el suicidio y su petición me lo parecía.

…Le dije que sí para evitarle el dolor natural de sentirse olvidado también por los muertos, pero en realidad no tengo la mínima intención de llenar mi muerte con dolores ajenos.

Tal vez muera antes que yo. Tal vez algún muerto amigo esté ahora mismo obrando por él, juntándolo trozo a trozo ante Dios.

… Hace un momento sentí una respiración libre, vigorosa, junto a mí, entonces intenté recordar cuando era sano y descubrí que ya empecé a perder los recuerdos. No pude saber si fui feliz algún día. No sé si existí antes de ahora.

Diciembre de 1991.

El 3 de diciembre durmió en la acera de Amador con Díaz Granados. El 6, ayudado, se levantó. Gastó tres días cruzando Guayaquil hasta el sector de La Bayadera (ocho cuadras). Murió allí el 10 de diciembre en la acera, frente al bar Mexicano.

EL CONTRASUEÑO

Historias de la vida desechable

Carlos Sánchez Ocampo