martes, 13 de diciembre de 2011
Garage Olimpo
Era el tiempo de la dictadura, la puta dictadura, donde casi todos estaban involucrados en la política activa, de resistencia, de revolución, de insurgencia. No querían vivir así. Por eso, y por otras causas absurdas, muchos murieron y desaparecieron como por arte de magia.
De eso se tratra “Garage Olimpo” (de Marco Bechi): de un centro de torturas y desaparición humana que funcionaba en un garage cualquiera del gran Buenos Aires, por debajo de la sociedad que estaba atemorizada o dormida (o era culpable totalmente), allí los desnudaban y les echaban electricidad en el cuerpo, golpes en su piel, y luego los inyectaban y los mandaban a la mierda, donde sus familiares, amigos y cómplices nunca los pudieran encontrar jamas.
Una película sobre el dolor de una juventud.
Sobre el dolor de las madres que parieron con tanto esfuerzo para que un día el gobierno se llevara a su nene, y algunas sin saber el por qué.
El amor en medio de la macabra seguridad política.
Las truculentas acciones de unos y otros, que convencidos de su formas e ideas, quieren defender o cambiar el país, y en ultimas están jodiendo una patria, en vez de crear el mejor vivedero para los suyos.
No les cuento más para no dañarles la historia. Sólo me quedo con las preguntas de mi país, de mi patria, que se sigue matando, desapareciendo, secuestrado, y torturando a muchos inocentes, gracias a los de bien y a los del mal, a los los diferentes y a opositores.
Quién nos cuenta esas historias? Quién nos señala en qué lote, el garage, o la cárcel donde fueron masacrados nuestros amigos? Quién nos describe el método, la hoguera, el avión, la fosa exacta donde está el hijo de la vecina?
miércoles, 2 de julio de 2008
Libertad, libertad!! y Medellín como si nada.
Luego de ver caer, o no arrancar, más bien, las paginas de las grandes cadenas de noticias, mejor decidí salir a la calle, al centro de Medellín. La misma Medea y en Caracol Radio decían que la gente celebraba en la calle.
Pues, y la verdad era un día de verano, la gente seguia normal. Yo no queria nada, ni celebración como en fútbol, pero si que la gente le importase. Ni los taxistas estaban "tan" al tanto, la gente tenia sus rostros como en un miércoles cualquiera.

Esta ciudad ha pasado del miedo a la insensibilidad.


Y nada, me devolví a casa, a ver el espectáculo de llegada. Que felicidad ese abrazo entre Ingrid y su madre (Yolanda). Que bueno ver la cara feliz de los soldados.
Uno duda mucho de muchas cosas, esa operación Jake estuvo de película. Hay que esperar los detalles.
Pero sin duda, un día feliz para la nación Colombiana, así la gente ni se inmute, así sea una larga noticia que corre las novelas, hoy recordamos constantemente una palabra y un derecho fundamental: Libertad.
jueves, 17 de enero de 2008
Yo vivo en un país libre. Teóricamente hablando.
Esta semana. No se que día fue, pero es un día cercano a hoy, pensaba mientras escuchaba un podcast de la entrevista a la esposa de un secuestrado, que a mi no me importa nada.
Julito la entrevisto muy temprano. Lo mejor de la W, o de Julio Sánchez Cristo, sucede temprano, antes de las 9am, antes que estados unidos deje de escucharlo.
Una vez entrevisto a un camionero que iba a medio camino entre la puta mierda y Phoenix, y hablaron de comidas y camarotes de carretera. Otra vez entrevisto a una niña empleada del servicio domestico, que desde un patio repleto de gallinas en Barranquilla, leyó un par de poemas y me emociono a mí, que estaba lavando mi ropa interior en un patio solitario de Medellín.
Esta semana entrevisto a una esposa de un secuestrado. Yo no escuche la entrevista en vivo. La escuche después, que es casi lo mismo. La escuche en la noche, en la soledad de mis noches... en los parlantes escuche a una señora que no podía hablar, que estaba llena de dolor y alegría, que decía: " a los Colombianos no nos importa los que están secuestrados". Y tiene razón. Pedía solidaridad, que no nos olvidáramos de ellos, por favor.
No me acuerdo si lloré. Me quede un rato callado, mirando el computador (el cursor, que titila incansablemente). Pensaba que a nadie le importa mucho cualquier cosa que no sea uno mismo. Que a los guerrilleros no les importa sus presos tampoco. Que a la vecina no le importa su vecino, ni viceversa.
Me dije que debería mandarle una carta, todos los días, al secretariado de las Farc, para que se enteren de lo que piensa y siente un man desde Medellín, y para que algún día me dejaran grabar a los secuestrados, me dejaran escucharlos a mi y a mi cámara. Me sobra corazón pero me falta disciplina, entonces desistí de la idea.
Tenia una idea, antes de todas estas ideas, de hacer una camiseta que dijera: "Condenado a vivir". Como una ironía en un país de muerte, que cada segundo que se esta sobre este suelo es un puñado de buena suerte.
La libertad en mi país es más teórica más que otra cosa. Libertad en Colombia es, después de persignarse, un regalo de Dios, nada más. Aquí es la ley del más vivo, no tienes que ser fuerte siquiera. Y suficiente tenemos con hacernos espacio a nosotros, ahora para ponernos a pensar en los otros.
Somos un país de egoístas y mezquinos. La individualidad nos sirve para protegernos del vecino, de las cosas buenas de su vecino, pero no de su maldad. No sabemos vivir con el otro, porque no nos importa .
El más perro de todos los hombres, el escritor maldito e iluminado, la voz de la conciencia del pueblo Colombiano, Fernando vallejo, dijo: “Colombia es un país de asesinos… porque es un país oportunista y traidor… Siempre pensé que iba a morir en Colombia, y lo sigo creyendo. Tengo claro que si vuelvo a Colombia voy a morir asesinado. Colombia es un país asesino".
Y es cierto, todo. Así nos desgastemos en maldecir a alguien que no le importa que lo maldigan, así nos gastemos el tiempo en odiar a Vallejo en vez de odiar a Marulanda o a Castaño o a Uribe. Todo es duro, pero así somos. Aquí no matamos a nuestra madre porque nos quedamos, de pronto, sin quién nos haga el desayuno.
Aquí lo que debemos hacer todos los que hacemos algo de arte es, sin dudarlo un segundo, aprovechar esta Patria malparida y contarla, no cambiarla, más bien narrarla y comunicarla. Con pelos y señales, sin matices y slogan, porque somos un país de derecho y no una agencia de turismos S.A. Nosotros, yo, voy a aprovechar la hipocresía de la sociedad colombiana para aportar mi grano de arena. A esta sociedad a demás de la bala y la pobreza, lo único que recibe con facilidad es la ironía. Contarles a los hijos de puta que son unos hijos de puta, y que se ven una chimba, que lo hacen muy bien. Y así con todo.
Hay que elegir denunciar la vida desde nuestra particular visión, mientras esperamos que llegue nuestra muerte desde la visiones particulares de los miles de asesinos que nos respiran en la nuca todos los días.
Sigo con vallejo, esto fue algo que escribió cuando renuncio a la nacionalidad, vaina pendeja y ridícula pero que firma precedente en esta patria boba:
“el país de la impunidad! En que los asesinos y genocidas andan libres por las calles, como es el caso de los paramilitares, con la bendición de su cómplice el sin vergüenza de Álvaro Uribe que han reelegido en la presidencia. Desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia. Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino"
Tal vez yo no haga nada, que tan solo piense en detenerme un rato a discutir con un policía que le pega a alguien en la calle injustamente, y termine siendo empujado con la punta de un bolillo mientras un tombo me dice: “Vayase, vayase, no se meta que a usted no le importa” O llorar en silencio mientras leo la carta de ingrid, y me seco las lagrimas diciéndome que porque lloro si eso no me importa.
Si. No haré casi nada. Típico de todo Colombiano.
Y para terminar, más de Vallejo. Esto lo dijo en el primer congreso de escritores, reunidos en Comfama en el año 1998:
“Que cada quien hable por sí mismo, en nombre propio, y diga lo que tenga que decir que el hombre nace solo y se muere solo y para eso estamos en Colombia donde por lo menos, en medio de este desastre, somos libres de irnos y volver cuando queramos, y de decir y escribir y opinar lo que queramos, así después nos maten. ¡Y qué importa! Una libertad de semejante magnitud no tiene precio. En uso de esa libertad espléndida que me confiere Colombia, que a nadie calla, me dirijo a ustedes esta noche aprovechando que todavía estoy vivo. ¡Y que se callen los muertos! Con eso de que cualquier vida humana aquí no vale más que unos cuantos pesos, los que cuesta un sicario... ¡Y adivinen quién lo contrató! Esa es la ventaja de vivir en Colombia, de morir en Colombia, que uno se va tranquilo sin saber de dónde vino la bala, si de la derecha o de la izquierda, y así, ignorante el difuntico del causante de su muerte, sin resentimientos ni rencores, se queda por los siglos de los siglos en la infinita eternidad de Dios.
Pero una cosa por lo menos para mí sí está muy clara, pese a lo turbias que parecen que están aquí las aguas: que hoy por hoy el signo de Colombia es la impunidad, que se le viene a sumar al de la infamia. ¿Cuál infamia? La de siempre, la ignominada, la que todos padecemos pero que nadie señala como si nadie la viera porque fuera invisible, y la que nadie nombra como si no tuviera nombre. Y sin embargo sí lo tiene y sí se ve. Es cuestión de querer nombrarla y verla….
…Ni el partido conservador ni el partido liberal ni la Iglesia, que aquí son los dueños de la voz, han hablado nunca por ellos. Por eso de los dos millones que éramos al comenzar este siglo ya somos cuarenta y no nos toleramos porque no cabemos.
Pero estábamos en la proliferación de impuestos. ¡Cómo así que un impuesto de guerra! ¿No se ha venido pues gastando siempre el Ejército una parte enorme del presupuesto nacional? ¿Todo ese dinero qué se hace, qué se hizo, a qué saco roto ha ido a dar? Como el impuesto de guerra lo que nos resultó fue el impuesto de la derrota, ahora estrenamos gobierno con el impuesto de la paz. ¿La paz un impuesto? O sea, como quien dice, que aquí pagamos porque estamos vivos y pagamos porque estamos muertos. Un Estado que no es capaz de protegerle la vida a nadie no tiene derecho a cobrar impuestos. Ni de paz ni de guerra ni de nada. Eso es una inmoralidad….
… En fin, los bandoleros, que por cuestiones de semántica hoy se llaman guerrilleros. ¡Cuánto petróleo no han regado, cuánta sangre no han derramado! ¡Cuánto boleteado, cuánto desplazado, cuánto secuestrado, cuánto asesinado por ellos! Con sus chantajes, con sus cultivos de coca, con sus secuestros, ya tienen dizque de todo: armas modernas, cuentas en Suiza, sofisticados equipos de comunicación. Yo no sé, no los conozco. A mí todavía no me han secuestrado, para quitarme estas regalías enormes que me pagan en Planeta y Alfaguara. Pero lo que sí sé es que también tienen, tienen, tienen «ideólogos». Como el partido comunista de Cuba, vaya, o como tenían antaño aquí el partido liberal y el conservador. ¿Y quiénes serán, qué harán estos señores «ideólogos» del E Ele Ene y de las Farc? Ah yo no sé, no sé qué harán. Serán los que idean los chantajes, los secuestros, y qué tramo del oleoducto hay que volar o a qué sicario hay que contratar para que mate a fulanito de tal. ¿Y habrá posibilidad de negociar con estos «ideólogos», o será pura ilusión, espejismo? ¡No, qué va! Sí se puede negociar, por supuesto. ¿Y cómo? Denles puestos. Repártanse con ellos los puestos, según la fórmula ya probada y requeteprobada del Frente Nacional. Por sus «ideologías», sus convicciones, no se preocupen, que son tan sólidas e inconmovibles como los principios del gran partido conservador y liberal…”
Si quieres leer el texto completo lo encontrás en este link: http://www.galeon.com/ojosabiertos/aficiones1607366.html
Me despido de cualquiera que me este leyendo, me despido viviendo en un país sin memoria y sin corazón. Qué más da, así también soy yo: un sin vergüenza.
Colombia. Toda una lastima.
Fin de la misiva.
