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domingo, 21 de marzo de 2010

El trasteo más reciente

Desbaratando la casa para irme a otro lado, me fui encontrando pedacitos de historias que no tenia ganas de recordar. El pecho se me inflaba, los ojos se aguaban, el pulso se enloquecía. Y no era cosa que la nostalgia.

Solo ver una canica, dos lapices, y una venda deportiva, te hace recordar la vida que has vivido lejos de la casa de los cuchos, esa que cuesta un montón por los servicios públicos, y por la comida, y por el arriendo, y por los famosos "varios".
Definitivamente, ya no somos niños, pero teníamos un palacio por casa llenos de niñeces.
Todavía no somos buenos estudiantes, pero aun estudiamos.
Y por supuesto guardamos el vendaje, para futuros golpes.

Todo lo metimos en bolsas y en cajas, y por primera vez en muchos años, pagamos para que subieran las cosas y las bajaran del carro. Lo mejor.

Y viajar viendo por el retrovisor un camión con tus cosas por todos lados, seguro es una sensación que has tenido, si no, busque en este mismo blog amigo que aun vive con la mamá o el papá.

Y de nuevo, por no sé cuantas veces que me he pasado, meter en un garaje lo que puedas, y ya vivir en una habitación, ya es otra forma de vivir.

Porque ya boté hasta el router de internet, hasta los detalles que aun guardaba porque tenia cuarto de "san alejo", hasta los monitores que daban amarillo y funcionaban a golpes.

Porque ya me senté por ultima vez en el frío de lo que fue mi lugar, y dejé que todo estuviera vacío, todas esas toneladas de recuerdos están contigo pero que no te molesten sino cuando se necesite la dosis mínima de nostalgia anual. Es un trato.

Ya me fui para un poquito más abajo, y con una casa que tiene agua caliente.
Ahí les dejó la casa como la encontré. Y su barrio, más caliente que nunca. No se mate, no se jodan, no sean tan bobos, porque Villa Hermosa, La Mansión, es un paraíso chiquito.

lunes, 4 de agosto de 2008

El trasteo

Y si no me gusta buscar casa, menos pasarla.

Es una mamera. Cansa, estresa, incomoda.



Pero si, todo debe caber en una caja, en una bolsa, en las dos manos.

Y todo queda vacío. Como cuando llegaste, solo que cada pieza, cada cajita, cada rincón que remuevas te sorprende con mil recuerdos, con lágrimas, con grandes sonrisas.



En mi casa hay pepelitos por todos lados que dicen diez mil cosas que ya hice (y deje de hacer), y que por supuesto se me habían olvidado.


Mi habitación, que compartí con alguien, pero que también fue mía, pero más de la otra persona. Y bueno, con el tiempo tomo forma mía, casi. Ese desorden ordenado tan mío. Esos espacios vacíos que hacen de muebles y de decoración que tanto me jacto.


Pues si, lo fui desarmando todo. Cajitas, bolsas negras de basura. Mucho polvo, la pelota que se había perdido, la postal o el dibujo que ya quise olvidar.



Nos demoramos como 3 días en pasarnos. Empacar es un trabajo agotador, inacabable.

Los gatos no eran los únicos que estaban inquietos, yo estaba esperado, y seguro que mi hermano también, otra casa, otro espacio, una nueva energía, claro, nueva rutina.

(Lo que no sabíamos es que todo iba a hacer tan aparatosos. En fin).




Pasamos lo poco que tenemos en un taxi. En el “amarillo” que mi hermano manejaba hasta que nos pasamos de casa.

Lo llenamos hasta donde se pudo.

Jorge y Anita fueron los ingenieros de espacios y paquetes de este trasteo. A los autores hay que darle los merecidos créditos. Yo solo estorbe, y tome fotos, y empaque lo mío, y lleve unas cuantas cosas en mi moto roja, que en unos días después estrellaría haciendo la nueva ruta a casa.



Subir y bajar. Empacar y reempacar. Y eso que no tenemos nada. Dos viajes. Uno el sábado, y otro el domingo. Ya teníamos la casa partida, la vida en pedazos. Otra vez a subir y bajar. Vaciar el taxi que hacía poco habíamos llenado.


Luego, con despacio, se va tirando todo por ahí, se compra una gaseosa, y se va tomando de nuevo aire. Nuevo aire, que tanto yo pedía.


Igual la casa aun estaba vacía. Un aseo general, mas o menos dedicado, con mucho cariño, (yo, sin alegar mucho), y Anita, que con amor (como todos los que se apuntan alguna vez a pasarlo a uno) limpio los nidos de las cucarachas de la cocina, también el baño, y tantas cosas. Limpio quedo casi todo.

Ahí íbamos, con despacio.



Ya el domingo, todo el día empacando, terminado de embolsar. Era el trasteo real. Ya venía el camión y ya estaba cansado. Faltaba subir y bajar, montar, empacar, viajar, subir y bajar (mil veces) y desempacar. UHF!!

El chófer se río de la frase: “No tenemos nada”. Dijo: “Como será teniendo alguito”.

Tenía que caber todo, tenía. El chófer hacia que no, y nosotros que si. Hasta la nevera cupo.


Y así nos fuimos. No del todo, aun quedaba un parcero, y cosas de una parcera. Pero ya estábamos cambiando de dirección, de teléfono, de barrio, de habitaciones.

Por toda la ciudad voló mi nevera. Bueno, la nevera que fue de mi tía, y que ahora es mía, y que va siendo la hora de cambiar por una nueva más buena, e importante, liviana.

Mientras veía desde mi moto el trasteo, mis cosas, iba pensando en millones de veces que me he pasado, que he dejado tantas cosas atrás. No digo que lloré, no, pero si estaba nostálgico, sensible.
.


Pasar los “chiros” mientras los vecinos miran quien va llegando, mientras los vecinos del edificio te saludan por primera vez, y te van diciendo de una que tiene de malo la casa donde vas a vivir: “Espantan”. “Hay un ruido impresionante los fines de semana”

En fin. Hasta hicimos un viaje especial para los gatos. Taxi para los gatos. Ellos sí que sufren un trasteo, ellos sí que son territoriales.





Mi voz y mi ánimo hasta la fecha siguen empeorando. Ya los días me sorprenden cuando llegan, y me asustan cuando me doy cuenta que ya han pasado.

Ya me estrelle. Ya escuchamos la música de la 68 y la de los vecinos, pero pudimos dormir. Ya nos dimos cuenta que la cuenta de teléfonos estaba trocada con los vecinos, pero ya lo arreglaron. Ya nos enteramos que EPM no tiene triple play por aquí, pero nos conformamos con los tres canales y la ausencia del la internet. Ya sentimos que el depósito que está debajo de la casa es súper activo, pero nosotros también lo somos. Ya mi hermano no tiene trabajo, pero anda tranquilo. Ya los gatos se acomodaron, después de chillar los primeros días. Ya desempaque mis cosas, y aun están tiradas en el piso y creo que ahí se van a quedar. Ya, ya, ya estamos todavía pobres y arrastrados, ¡ya! ya los amores se van apagando como en la caída de una bengala disparada en la noche ¡ya! ya llore por los amores (de hoy y de antes), ya me toca llorar por mí, ¡pero ya!, ya sé que estoy vivo y que puedo meter mis cosas en cajas y sacarlas de ahí y meterla en otra casa y pum! tengo una casa.