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lunes, 19 de octubre de 2009

Hoy, medio mojado

“Y es que no les da miedo de la lluvia, que los veo tan frescos”, ahí mire la lluvia que caía en las calles del poblado, que es la misma que me ha mojado en carretera, en la ciudad, en carretera destapada, en pavimento.

Le respondí al amigo periodista que ya se entraba para su casa mientras nosotros, que estamos duchos en el asunto de la lluvia y la moto.
Cogimos ruta para el occidente en nuestra moto roja, y nos encontramos con la lluvia, y ver la autopista por medio de las goteras, esa desproporción de ruta, y ver el retrovisor lleno de gotas que desproporciona los carros que vienen rapidísimo es un placer.

Parrillero con chaqueta que deja pasar el agua, yo con carpa de celador de plástico, medellín lluvia y motor revolucionando, y mucho cuidado en las pinturas de las señalizaciones, y paciencia en las calles con huecos, y el frío en la cara, y el susto en la esquina, y la casa pronto, y que bueno que llegamos.

Y que bueno una toalla, y que bueno un aguapanelita, y que bueno tener carro, pero mientras seria bueno tener mejor protección para la moto, mientras eso, un abrazo.

Aunque ya las gripas no me entran, porque mi pecho se enfermo para siempre con las lluvia de “Amaga”, o la brisa de este Medellín de lluvia ácida, o el granizo espontaneo. Reconozco que si debo equiparme mejor. Pero si no hay plata para hacer vueltas más fundamentales como hacer el traspaso de la moto, nunca compraremos otro casco, ni las gotas pegaran en nuevos plásticos.

jueves, 19 de marzo de 2009

Hoy, mientras la lluvia

Hoy, si en gmail no escampa, afuera menos.

Mientras comíamos en la mesa de Punto Link, el cielo soltaba un aguacero durísimo.

Cuando estaba más joven, y no tenía que llegar a ningún lado, y no tenía que cumplir horarios, me soyaba la lluvia, me metía a los chorros, y llegaba a casa feliz. Cuando comencé a trabajar, comencé a pensar cuando caía agua, en los sin casa, en los desamparados, a los trabajadores de calle.

Y en estos meses y años llenos de agua en una ciudad que me vendieron como de eterna primavera, me dan ganas de correr por la mitad de la calle o sentare a pensar mientras veo golpear las gotas contra el piso. A veces me dan ganas, pero la verdad, aprendí a aguantarme.