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viernes, 10 de junio de 2011

Ahora entiendo al Gato con Botas

Feliz con las de caucho. Ayer que baje a la ciudad con ellas, y hoy que regrese al campo con ellas puestas. Las miro y la miro, como niño que juega con su regalo recién desempacado. Me cuidaran en el monte, de las culebras y de los posibles machetazos. Y en carretera, de la lluvia y de los golpes. Me siento más torpe con ellas, pero más seguro. La gracia es amaestrarlos, o como decíamos cuando estábamos chiquitos: Domarlas.

Y, que yo tenga que subir tan lejos, para ser un ratico feliz, dice muchas cosas.
Que me feliciten por aguantar estar solo, y no tiene uno palabras para decir que no es tan bueno, pero que ya acostumbrado, no es tan maluco.

Me sumerjo en los días, que ya más estables y menos maldecidos, me dejan estar embotado, ido, sensible siempre,y trato de divertirme con el trabajo, y no de exigirme tanto. Igual, los tirones en la espalda, en el cuello, en la cintura, así este en la escena que más culto le rinda a Baco, me jalonan. Increíble. Debe ser el colchón. O mi trabajo. O las drogas. O todo juntito.

Debo decir, además que mi casco esta malisimo y su vicera deja ver el mundo (de noche) como un chispero de pólvora, convirtiendo cada luz en una estrella luminosa, y que el impermeable huele muchisímo a gato y está demasiado roto, y que tengo muchisímo ganas de dormir, porque la semana pinta perezosa y lenta, y porque me quedo hasta tarde leyendo, o porque el agua se va y luego viene a las tres aeme y tengo que cerrar llaves, y me levanto a abrir la empresa tempranisimo, y los días son azules y luego grises y me pongo pensativo, y pensar va adormilando....

Mi antidoto para las tensiones y la pereza, es hacer un poquito de ejercicio cada noche antes de dormir. Anoche conocí el parque Lineal La Hueso, que tiene aparatos donde levantarte a ti mismo, y hoy, simplemente me relajo estirando y moviendo músculos mientras la tabla de la habitación suena por culpa de mis cincuenta y cinco de peso.

Ya tengo botas. La parte de abajo, por donde estaba a punto de convertirme en anfibio, ya está protegida. Falta el resto del cuerpo. Pero vamos despacio. Los pies, y un libro, muchos libros, para la cabeza, para ser tan listo con el gato con botas.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Donde está el señor de los aguacates?

Cogí la oreja para meterme a la calle 47D (antecitos de la Macarena), y subí veloz para lograr alcanza el verde del semaforo de la 65, y corrí más, pero el otro semáforo no me dió. "Igual, hay taco en el semáforo de arriba", pensé.

El taco o trancón era normal antes de Juegos Suramericanos, por poner bella la ciudad y todo eso, pero hoy si estaba raro el asunto. En eso pensaba cuando los pitos, y proseguí, a pensar de no tener espacio por donde meterme. Busqué, y busqué, y me metí por la calle del colegio, y de allí pude ver qué era un accidente. Era un bus, y el paso lo estaban dando unos policías.

En medio de los carros, busque al señor de los aguacates, él que siempre está en esa esquina, para verle si chismoseaba algo, mientras vendía. No lo . Dieron paso, y logré llegar hasta semáforo, hasta el accidente, hasta el policía que movía su mano fuertemente, y mire para el suelo, a ver quién era el atropellado, y vi a el Don de los aguacates acostado en el pavimento oscuro.
De una pensé ir a parquear, y cuando aceleré, ya le habían dado el paso a los que venía por la 70.
"Por andar mirando lo que no le importa, vea! vea!" me dijo el de verde, el que agitaba la mano.

Volví a ver el señor tirado en el piso boca arriba, y la sangre que corría por el piso, y el bus blanco de la empresa Santra encima de la cebra, y los aguacates estripados. Me dieron ganas de llorar, de verás.
Sonaron las sirenas, veía el carro verde de los bomberos. Volvieron a dar paso, y dejé la moto rápidamente en una parqueadero de los trabajadores de la obra (aún) del estadio, y saqué la cámara. A lo lejos, vi el mismo bombero que pelea conmigo porque grabó los accidentes, y que por supuesto, salva muchas vidas.

El video saldrá luego. En meses. Mi interés, a diferencia de lo que cree el de rescates, no es de denuncia, sino de impotencia, de que la vida se va por un golpe, de que nos estamos matando con estas maquinas de movimiento, de que el señor que tranquilo silbaba y caminaba con las bolsitas de los aguacates en las manos mientras el semáforo nos retenía, estaba en el piso, con un golpe en la cabeza y con unos ojos que se iban yendo.

Al publicar la foto en el internet, Tips de El Colombiano, hace una notica (ustedes la juzgan), y consigue saber que el Don se llama Fernando Toro, y que estaba en la clínica, y que hasta le van a dar de alta.

Hasta me alegre. Pero seguro, ese totazo fue la estocada final a la vida sana y alegre y trabajadora del señor que mejor manejaba esa esquina, pues todos los días la toreaba.

jueves, 22 de octubre de 2009

Hoy, Prohibido la moto

Entre caminando al Jardín Botánico, así la entrevista sea allí, y así hayan dicho los políticos de turno que el ese espacio era de todos, y seria abierto y disponible para toda la comunidad, tuvimos que dejar la moto roja bien lejos de allí.

Una vez, de noche, a punto de comenzar el evento (cualquier evento), me dijeron que no guardaban motos, que mirara el prohibido, que era la administración, que despejara.
Despeje dejando la moto a un señor parecido al “Grasosos de los motoratones de marte”, que aprovechando el abuso de la empresa privada con el espacio publico, monta su negocio en un espacio de menos de 10 metros, que le estaban pagando para que “celara” (Malicia colombiana)

Hoy dejamos la moto a cuadra y media, y no peliamos con nadie, para evitar la fatiga.

Lo mismo pasa en muchos sitios: Los motociclistas no podemos parquear, o nos ponen al lado de la basura, o en una humedad de un sótano olvidado. Tanto en Centros Comerciales, en Urbanizaciones lujosas, o en Hoteles.
Parecemos los “desechables” de la movilidad de la ciudad. Nos pitan, nos echan el carro, nos mojan con los charcos, nos requisan cada cuadra, no atienden mal en las bombas, nos ponen leyes absurdas (otras necesarias) que nos hacen sacar plata de la poca que tenemos, y no nos dejan parquear ¡El colmo!

Somos la solución vial, mientras, algún día, esta ciudad se llene de Bicicletas. Eso es real.
Y es real, también, que las motos si generamos muchos accidentes, variados tacos (trancones, embudo, atascamiento), generamos desordenes, y claro, mucho parrilleros andan armados y dispara y roba. Si, lo mismo que en los taxistas, o en los buses, o los que manejan las 4x4: Muchos llegamos a casa sanos y tranquilos, otros pocos no llegan.

Pero así como vamos, nos están es obligando a tener un hijodeputa carro que bien costoso y contaminador y aparatoso es.
En vez de fomentar el uso del transporte liviano, en lo publico y privado, hacen todo lo contrario, nos castigan por ser motonetos.

lunes, 19 de octubre de 2009

Hoy, medio mojado

“Y es que no les da miedo de la lluvia, que los veo tan frescos”, ahí mire la lluvia que caía en las calles del poblado, que es la misma que me ha mojado en carretera, en la ciudad, en carretera destapada, en pavimento.

Le respondí al amigo periodista que ya se entraba para su casa mientras nosotros, que estamos duchos en el asunto de la lluvia y la moto.
Cogimos ruta para el occidente en nuestra moto roja, y nos encontramos con la lluvia, y ver la autopista por medio de las goteras, esa desproporción de ruta, y ver el retrovisor lleno de gotas que desproporciona los carros que vienen rapidísimo es un placer.

Parrillero con chaqueta que deja pasar el agua, yo con carpa de celador de plástico, medellín lluvia y motor revolucionando, y mucho cuidado en las pinturas de las señalizaciones, y paciencia en las calles con huecos, y el frío en la cara, y el susto en la esquina, y la casa pronto, y que bueno que llegamos.

Y que bueno una toalla, y que bueno un aguapanelita, y que bueno tener carro, pero mientras seria bueno tener mejor protección para la moto, mientras eso, un abrazo.

Aunque ya las gripas no me entran, porque mi pecho se enfermo para siempre con las lluvia de “Amaga”, o la brisa de este Medellín de lluvia ácida, o el granizo espontaneo. Reconozco que si debo equiparme mejor. Pero si no hay plata para hacer vueltas más fundamentales como hacer el traspaso de la moto, nunca compraremos otro casco, ni las gotas pegaran en nuevos plásticos.