El titulo del texto que lees, era un frase típica de mi papá cuando veía a la gente caminar cerca a los palos que le habíamos quitado a la caja de "guachaca" (Tomate delgado), y que siempre quedaban con un clavo esperando a que pisaras, para traspasar el zapato (el Ten), y hacerte un orificio en el pie.
Un día me pasó. Claro, me gané un regaño horrible, y el huequito que me hice en la planta del pie luego se volvió negro, y con una aguja tuve que quitar ese "clavo" (el pedazo de material mala).
Seguro alguien con muchos kilos de peso, es capaz de meterse el clavo hasta el fondo. Pensaba.
Pero todo esto viene a cuento, porque iba a salir a la terraza de la casa, y sentí un punzón en el "juanete", de una livianise el peso de ese pie poniendo el otro en el suelo rápidamente. Me había parado en un chinche con mis pies descalzos (y sucios).
Cuando estaba en la guardería, me arrodille en el pasillo, al pie de una cartelera, y me calve un chinche en mi pequeña rodilla. El dolor fue increíble. Y ese día entendí que los chinches muy peligrosos, tanto como las puntillas del toldo de mi papá, que en un futuro me iba a decir una y otra vez que cuidado.
Como una semana entera estuve caminando de para atrás. Porque al hincharse la rodilla, y aporrearla de esa manera, no se podía doblar, y de para atrás no es necesario doblar. Mi mamá corriendo para llevarle la comida a mi papá en la plaza de mercado, y yo teniéndome de las paredes, y bajando los escalones casi para llorar. Miraba a Aleida que reía impotente, y ese calle larguísima que llevaba a donde Alirio.
Entendí que la vida es dura, y que uno es afortunado de tener casi todos los sentidos y herramientas buenas, y que no debía quejarme (aunque lo hiciera en sollosos que nadie escuchase) porque mi invalides se acabaría pronto, y otros la tienen para siempre.
Cogí la oreja para meterme a la calle 47D (antecitos de la Macarena), y subí veloz para lograr alcanza el verde del semaforo de la 65, y corrí más, pero el otro semáforo no me dió. "Igual, hay taco en el semáforo de arriba", pensé.
El taco o trancón era normal antes de Juegos Suramericanos, por poner bella la ciudad y todo eso, pero hoy si estaba raro el asunto. En eso pensaba cuando los pitos, y proseguí, a pensar de no tener espacio por donde meterme. Busqué, y busqué, y me metí por la calle del colegio, y de allí pude ver qué era un accidente. Era un bus, y el paso lo estaban dando unos policías.
En medio de los carros, busque al señor de los aguacates, él que siempre está en esa esquina, para verle si chismoseaba algo, mientras vendía. No lo ví. Dieron paso, y logré llegar hasta semáforo, hasta el accidente, hasta el policía que movía su mano fuertemente, y mire para el suelo, a ver quién era el atropellado, y vi a el Don de los aguacates acostado en el pavimento oscuro. De una pensé ir a parquear, y cuando aceleré, ya le habían dado el paso a los que venía por la 70.
"Por andar mirando lo que no le importa, vea! vea!" me dijo el de verde, el que agitaba la mano.
Volví a ver el señor tirado en el piso boca arriba, y la sangre que corría por el piso, y el bus blanco de la empresa Santra encima de la cebra, y los aguacates estripados. Me dieron ganas de llorar, de verás. Sonaron las sirenas, veía el carro verde de los bomberos. Volvieron a dar paso, y dejé la moto rápidamente en una parqueadero de los trabajadores de la obra (aún) del estadio, y saqué la cámara. A lo lejos, vi el mismo bombero que pelea conmigo porque grabó los accidentes, y que por supuesto, salva muchas vidas.
El video saldrá luego. En meses. Mi interés, a diferencia de lo que cree el de rescates, no es de denuncia, sino de impotencia, de que la vida se va por un golpe, de que nos estamos matando con estas maquinas de movimiento, de que el señor que tranquilo silbaba y caminaba con las bolsitas de los aguacates en las manos mientras el semáforo nos retenía, estaba en el piso, con un golpe en la cabeza y con unos ojos que se iban yendo.
Al publicar la foto en el internet, Tips de El Colombiano, hace una notica (ustedes la juzgan), y consigue saber que el Don se llama Fernando Toro, y que estaba en la clínica, y que hasta le van a dar de alta.
Hasta me alegre. Pero seguro, ese totazo fue la estocada final a la vida sana y alegre y trabajadora del señor que mejor manejaba esa esquina, pues todos los días la toreaba.
Y por adelantado, por ser un buen niño y haber estudiado mucho, ayer sábado 13 de Diciembre, a eso de las 10pm, el niño Jesús, el que trae los traídos, creo que me dio el mío.
Pero antes que el “culicagado” apareciera, era un sábado de camello común y corriente. Hicimos una grabación en el Teatro Pablo Tobón. Estuvo bonito, el Matacandelas es bonito.
Salimos, caminamos “La playa”, iluminada mágicamente y lleno de gente exageradamente. Le dije a mi hermano que sacara la cámara del bolso, para tomarnos una foto en los alumbrados, así sea como dice todo el mundo: “¡Pa´l Facebuuuu!” . Le tome la foto. El me tomo la mía.
Seguimos caminando en busca de taxi. Logramos montarnos fácil a uno en la “La Oriental”. Un viaje sin novedad, aun no había pasado nada increíble. Llegamos a la oficina. Me baje torpemente del taxi. Busque en mis bolsillos donde tenía las llaves. Nada. No estaba por ningún lado. Llame Jorge S, que vive cerca y tiene llaves. Fui pensando en cosas: en la noche, en la fe que se necesita para ser estúpido, en qué loco está todo.
Camine las 4 cuadras de ida y regreso, y cuando ya me estaba acercando a la esquina naranja y crema, mi hermano me señalaba el estuche de la cámara. Y me gritaba: “Se Daño, se daño”. No le entendía, no alcanzaba a sospechar.
Me dijo que estaba mala. Que él estaba sentado en la puerta, esperándome, y voy que una moto paso, e inmediatamente se devolvió. Que el man cogió algo del suelo, y el vio ahí mismito que era el estuche de la cámara.
Que le dijo de una. Que el man se asusto. Que Jorge le dijo que era una cámara negra Sony. Que el man le hizo varias preguntas. Y que mi hermano se las respondió y le recibió la cámara.
Y en ese punto de la historia, me dijo: “Y vea, se daño”. Me mostraba la pantalla que estaba iluminada y que me hizo acordar de cuando uno estripaba las pantallitas de las calculadoras. Me dieron ganas de llorar, en serio. ¡Mierda, mi cámara!
La cogí (entre mis brazos), la mire, la toque. Se sentía que estaba como quebrada.
La cogí con fuerza y el silencio a partir de ese momento, fueron mis palabras de queja.
En las ultimas semana, por culpa mía, claro está, en la empresa, y ahora le incluyo la Cybershot, algunas cosas las perdimos, se embolataron, y como es el caso de hoy, las tiramos cuando nos bajamos del taxi.
Es que cuando me entra el cansancio me da por ceder, por hacer otras cosas, por dizque hacerlo como todos lo hacen. Guevon!!!
Mientras íbamos para la casa en la moto, pensaba entre tantas cosas, que se me había dañado el único juguete que me tenía como contento. Que las vacaciones ya no eran lo mismo sin fotos y videos. Que que chimba de año. Que que chimba de traído me había dado el niño Dios.
Para un año trágicamente bueno como el 2008, que la Cybershot negrita que me había regalado mi mamá hace un año en mi cumpleaños, y que ha tomado más de 100 mil fotos y muchos minutos de video, se dañe, no me parece mal. Y para que no se me vegan las lagrimas, me digo de una: “Te lo mereces Juan”.
Ya he meditado comprar otra. Solo meditado porque están como a 400 mil pesos, unos 200 dolares. No puedo, soy joven pobre, un hippie que hace TV y que no tiene un peso partido a la mitad hoy ni mañana, porque apenas me alcanza para vivir. No tengo un lugar donde fiar. Tal vez Flamingo, tal vez.
Mañana trato de buscar donde arreglan cámaras Sony Cybershot w55. Es lo único que puedo hacer. Porque llamar a los familiares y a los amigos a que me presten una, pos no, porque no hay muchos y no tengo buenos recuerdos de préstamos tecnológicos en la vida. Descartado.
Aun toma fotos y hace video la berriondita. Incluso ahora salí a grabar un video a los borrachos de la cuadra, y mientras los veía, jejeeje, si se puede llamar asi a lo que veo en la pantalla quebrada, pensaba que nunca había tenido como nada en la vida, hasta que tuve la moto, que después se la robaron, y hasta que tuve la Cybershot que se acaba de dañar.
No sé si acaba de apagarse la luz de http://puracybershot.blogspot.com/ , tengo aun fe que no. Sea porque arregle la pobre cámara, o porque siga grabando, o más bien, sospechando los videos y las fotos.
Y nada. Solo quería escribir esto para desearme, y desearles un fin año feliz parceritos. Que a pesar de todo lo que pasa en la vida, todo puede ser poesía, amor, y pasión.
Hace un mes exactamente, siendo las 10.30 de la mañana, mientras mi mamá atendía sus enfermos en urgencias de Ciudad Bolívar, mientras mi hermano dormía el guayabo en la casa del barrio San Judas, mientras yo estaba en la casa de Medellín pensando la vida, una camioneta Pathfinder azul manejada por una bisoña, destrozo una moto marca Palermo color amarillo.
La moto era de Aleida, mi madre. La había comprado hacia poco. Tenía 22 mil kilómetros recorridos. Y la quería como si fuese un hijo.
Mientras ella era regañada por el médico de urgencia por estar pendiente de la moto destrozada y no de los enfermos, afuera había guardas de transito, policías, familiares y conocidos de nosotros, familiares de la bizoña, y chismosos en general.
El cuento es así.
Un muchacho, que mi hermano lo conoce como Rodas, estaba ya dando mucha lidia y lo bajaron al hospital para calmarlo. O sea, estaba muy borracho y lo llevaron a urgencia para que lo llenaran de suero. Ellos, niños y niñas ricas, andaban en una camioneta, la cual parquearon afuera de la entrada de urgencias. El guarda de seguridad les pidió el favor que corrieran el vehiculo de ahí, pues en cualquier momento llegaba una ambulancia. Uno de los chicos le dijo a su novia que moviera la moto: “Amor, corre el carro, es que esta estorbando”. Y ella se monto en la camioneta y no se sabe como, pero perdió el control del carro, aceleraba y frenaba. Su novio desde afuera, trataba por la ventanilla de calmarla y tomar el control del carro. Pero nada.
¡Pummmmm!
El carro termino contra el muro, y entre el muro y el carro quedo la moto de mi mamá.
¿Daños? Tumbaron un muro. Perdida total de la moto amarilla. Daños graves al eje y a la parte delantera de la camioneta.
Mi hermano calcula que los dañitos que ocasiono una tonta que no tenia pase pero dizque sabia manejar, se acercaban a los 20 millones.
El hospital hizo una carta comprometiendo al dueño del carro a pagar los daños. Mamá hizo otra similar y le dijo que firmara
El pacto era que en un mes pagaba la moto. O sea, hasta hoy era el plazo. Él, Juan Carlos Henao, se trajo la moto chatarruda en la misma grúa que contrato para transportar el carro desde el suroeste antioqueño hasta Medellín.
Y esta es la hora que no ha pagado, que no contesta el teléfono, no sabemos donde tiene la moto.
Eso si, sabemos que arreglaron el carro y el muro. Pero lo nuestro nada. Se esta haciendo el pendejo.
Él es de plata, o por lo menos su familia lo es. Anda diciendo que la moto solo vale 2 millones 800 mil, y que no da más plata porque la moto vale eso. Nosotros averiguamos en la única parte donde venden la tal Palermo Ventie 125, y nos hicieron la cotización por 3 millones 600 mil pesos. Y eso más un mes de mi madre sin moto, da como 4 millones. Ya hablamos con la dueña del carro, con la mamá. Ellas lo han presionado, pero vuelve y se desaparece, vuelve y saca una rara y no contesta su teléfono 300 ni su extensión en la empresa Tigo, que es donde trabaja.
Hoy comí con mi mamá, y allá la deje echando chispas, y me traje las fotos para hacer esta entrada. El tipo quedo de llamarla ayer. Ella se vino del pueblo para que le dieran la moto, pero otra vez la dejo con “los crespos hechos”.
¿Qué queda? La demanda. O mandarle dos pillos a que lo hagan pagar. Pero sin dudas elegimos la primera opción, así sepamos que eso se demora meses, años, y tal vez una década en resolverse. Pero que nos paga, nos paga.
Ahora Aleida esta viendo una moto que es de un tío. Esta mala, solo le falta una biela, o algo así me dijo ella. Le va a meter la plata para no quedarse sin moto, es suficiente un mes sin transporte. Y ese “hifueputa que me pague mi moto. Así tenga que esperarlo toda la vida”.
En fin. Rifan un accidente y nosotros sacamos el número ganador. Estamos demasiado de malas.
El día 16 de Julio, según caras y expresiones que le vi a mi papá (Alirio), y una voz que sonaba angustiada por el móvil que me decía, “no mijo, una tragedia, esto es una tragedia. Imagínese que se nos prendió el carro, ahí abajito de la clínica La María, eso se quemo adelante y por debajo, nosotros nos tiramos, gracias a Dios eso no exploto. Y luego, para acabar de ajustar, su tío lo termino de dañar estrellándolo contra el semáforo...”
Eran las 9.30 de la noche del 16 de Julio, un día trágico, un día para recordar, o en mi caso, para olvidar. Le dije a mi papá que ya bajaba, que cómo así? Y él me insistía que me quedara en casa, que durmiera tranquilo y me cuidara las heridas. Yo le dije que si mientras buscaba ropa, los impermeables (sonaba el goteo fuerte en el techo de mi nuevo patio), salí con el casco y las llaves en la mano. Me estaba diciéndome mentalmente mientras miraba la moto y me montaba en ella: “Tranquilo Juan, no se acelere, ellos están bien, y ya viste que por acelerado lo que te paso.”
Porque antes, en el transcurso de todo el miércoles, nos pasaron muchas cosas, demasiadas para estos corazones y esperanzas tan frágiles.
En el día, un día que todos en sus mentes habíamos planeado para que saliera todo a lo bien. Tenía que pagar el último arriendo, tenía que pagar los últimos servicios públicos, tenía que ir a Arrendamientos Santa Fe, tenía que grabar el desfile de la Virgen del Carmen, tenía que recoger a mi papá en La Terminar del norte para mostrarle mi nueva casa, tenía que trabajar en casa.
Trabaje en Punto Link en la mañana, me rindió. Ya a la una de la tarde, comencé a coordinar el resto de cosas que dizque TENIA que realizar.
Pero, primero, mi hermano se le olvido pagarlos servicio, y tuvo que devolverse hasta la casa en taxi. Yo claro, me comencé a desesperar. también la plata fue un lío conseguírmela, desde hace un tiempo el dinero no está de mi lado. Ya tarde, después de enojarme con mi hermano (Jorge) por ser tan enredado y mentiroso, Salí para Santa FE a terminar de pagar las deudas. Pero no pude, mi hermano no había pagado todas las facturas. “Mañana tiene plazo hasta el medio día”. Ahí pensé que me debía calmarme, y creí haberme calmado.
Llegue a la casa, llame a mi papá como 5 veces en el transcurso de la tarde, a él el viaje desde el pueblo se le demoro un poco más por los desfiles de la Virgen.
Lo recogí a las 6pm pasadas, y ahí comienza la tragicomedia.
Entonces, adelanto la historia minutos antes de hacerle la llamada a mi padre. Donde estaba al frente del computador escribiendo lo que hasta la 9pm me había sucedido, que ya de por si era muy mala anécdota.
Yo había escrito:
"Hoy descargue toda mi energía, la buena y la mala, contra una niña que iba en una moto gris que termino debajo de un carro rojo por culpa de un muchachito de una viva 115 roja que iba con un señor.
Mis rabias, impulsos, ganas, perezas, afanes, sinfines, me los detuve al no detenerme.
Stop. Pare. Luz roja. Muchacha en moto. Golpe. Voz de mi papá que con un quejido se adelante un milisegundo a lo que venia que viene. Pum, carro.
La 65. Al frente del cementerio Universal. Un accidente más. Carro con estacionarias puestas. Pedazos de moto en el piso. Lucecitas amarillas que iluminan, esta vez, mi accidente.
En un milisegundo pensé, entre el gemido de mi apá y el golpe, que marica yo sin seguro otro accidente ay mi papá carajo ay la niña la niña la mate hijueputa por queeeeeeeeeeé., pummmmm!
Eliana E. Se llama la niña a la que le pegue por detrás después de haber acelerado y ver como la hilera frenaba.
Le pedí todas las disculpas. Bueno, para ser sinceros, le pedí primero disculpas a mi papá. Me ví en la 65, con mi moto en el piso vuelta mierda,a las 6.30pm, de un día donde corrí, donde grite y pare en seco junto a mi padre que venia, simplemente, a conocer la casa nueva. Le dije, “cucho que pena, que pena.” Y el me dijo que no había pasado nada, cierto? No le paso nada? –No nada, nada. Solo la mano, en el pie un raspón (decía mientras me tocaba el pantalón), y en el hombro, un golpe, no más.
Y mierda. En serio me había estrellado. Idiotas movimos las motos. Creímos, Eliana y yo, que eso no era para llamar al guarda de transito, pero el señor del carro pensó otra cosa, y se bajaron del carro malacarosos.
¡Hijueputa! Solo pensaba eso y zapateaba, y mi papá me miraba y me decía que el pie qué. Y yo le negaba, le decía pasito que tenia rabia, ¿ah? ¿Estrellarnos? Es que yo pongo cuidado pá, en serio.
En esta ocasión no tengo explicación, fue un accidente. ¿Imprudencia? Si. mía y de toda la ciudad. En algún sitio de esta red de calles, por más alejado que sea, detona, la energía que alguien con rabia y dolor e imprudencia mando desde bello llega hasta la 10ª y choca un carro con otro.
Soy un detonador. Y mi vida es un incidente.
Y este video es la muestra de mi día. Un día de corte-Stop-Sin tiempo para más.
Lo que quería decía es, “que lo llevaba para la casa, y vea, lo metí en un accidente”.
Igual la cara de mi Alirio esta descompuesta, no descifró si es rabia por ponerme en esas en pleno accidente o por mi (puta) imprudencia, por ser tan acelerado, o por su mala suerte."
Hasta ahí escribí, nunca pensé que un día traería más tragedias.
Cuando llegue al sitio donde estaba el carro quemado, y vi a mi papá, hermano y tío mirando con asombro el carro, entendí que esto si había sido un día trágico.
Mi papá me recibió con una cara descompuestisima, peor que el video pasado.
Él cree, y mi mamá también, que es cosas de brujas y brujos, que en Ciudad Bolívar los están rezando para que nos vaya mal. Y la verdad, aparte de nuestras risas dolorosas y nuestra esperanza y ganas de sobrevivir en este mundo, uno se pregunta, ¡eh! tanta cosa mala junta, ¿eso si es posible?
Y la respuesta es si, absolutamente, y siempre puede ser peor.
Mientras trataban de llamar la grúa, íbamos teniendo una conversación de familia, de apoyo, con palabras entre cortadas por el dolor y la realidad pero que llevaban fuerzas, nos dijimos que tenemos que seguir pase lo que pase, cueste lo que cueste.
Subí hasta donde fue la quematon. Y tomando fotos le pregunte a la señora que vendía confites ¿si había visto algo? Y me dijo que sí. Que hasta bonito había sido. Que el carro venia despacio, que se parqueo a esperar el semáforo, cuando de pronto cae una llama al piso debajo del carro, y que eso se comenzó a prender, rápido, muy rápido. Y que eso se volvió un solo taco, de La 65 se bajaba con extintores, que unos no servían, que otros no sabía, que esa llamarada estaba muy bonita. Hasta me hizo sonreír por verle lo bonito a una cuasi tragedia.
Esperamos en la lluvia, solos, porque mandamos a mi papá a dormir, a descansar. Él no se merecía estar con nosotros en tantos incidentes, pero que más se le iba a hacer, le toco.
Mi tío Carlos, el dueño del carro, o dueño no, intermediario de la venta del carro, se fue por una grúa y nos dejo. Nosotros contábamos la historia uno y otra vez, nos mirábamos sorprendidos y nos reíamos. La lluvia nos mojaba, y al igual que un accidente o el fuego, nos hacía sentir vivos, nos hacía sentir hombres.
Luego vino el otro taxi de mi tío, y después, la grúa. Entre todos sacaron el carro y vieron como la remolcaban.
Al final quedamos Jorge y yo solos en La 65. Eran casi las 11pm. Nos montamos en la medio moto viva 115 y nos fuimos sintiendo la lluvia en nuestro rostros. Guardamos la moto, buscamos minutos a celular para dar la ultima mala noticia a un amigo, a otro enredo que teníamos en otro lado. Mi hermano se reía contándole, recordando, le pidió disculpas que no debió dar, pero qué más se dice en estas situaciones. Y nos fuimos para la casa, nos quedamos otro momentico dándole la vuelta a las conjeturas y tratando de darnos ánimos, y a eso de las 12 nos dimos las buenas noches.