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miércoles, 13 de abril de 2011

otro mes, le yendo, vi niendo

27 de marzo del 2011

Ya se está terminando el tercer mes del primer año de la segunda década del siglo veintiuno.

Ya estoy como los trabajadores malos y los estudiantes perezosos, queriendo que llegue el fin de semana, para no tener que cumplir horarios ni citas, para no tener que iniciar o terminar proyectos, para meterme en mi casita, y no hablar con nadie y no atravesarme en la vida de ninguno. Y, por supuesto, ya que es domingo, y que me distraído durmiendo, fumando, haciendo comida, yendo al baño, hablando con los gatos, leyendo, leyendo, leyendo, y viendo el cielo azul oscuro llenito de estrellas y los horizontes titilando a cada segundo por los relámpagos de las tormentas eléctricas, y escuchando las conversa de los perros, y me voy durmiendo otra vez con el chirriar de los grillos y demás gritones que tiene el campo, no quiero que se termine el finde semana, no quiero mañana, no quiero salir en la moto y mojarme y no quiero trabajar tanto para tan poco y no quiero que me pasen todas las cosas malas y no quiero sentir que nada tiene sentido y no quiero caminar tan largo y tendido y no quiero estar tan triste y tan solo y no quiero darme cuenta que a pesar que los días no tan malos ni tan mierdas sigo queriendo nada.

De vez en cuando, unos rayos de luz, la sonrisa de alguien, una canción, algún viento con otros aires, me hace parar mi maquina de hacer días malos y tomo una foto o grabo un video o converso con la gente o se me ocurren dos ideas juntas y buenas, y creo que seguiré esperando, a ver qué.

Mirándolo bien, estoy leyendo puros diarios.

Las tristes historias poderosas locas y adolescentes de Andrés Caicedo. De él saque eso de “estoy tan triste y tan solo” que él sacó de los libros y que un día se lo dijo a la mamá, y la mamá se pusó a llorar.

Luego, leí las “Cartas desde asía” serenas, maduras, humanas y humanistas del señor Hector Abad Gómez (que lo mataron los malparidos de este país por ser así, humano) sacó una frase que anda sosteniendo mi andamiaje de huesos:

En vez de maldecir la oscuridad, prende, aunque sea, una pequeña luz”.

Y estoy pegado de los días que escribió el Che Guevara en Bolívia. Vida guerrillera, de mierda totalmente. Y yo quejándome porque me varo y que me dice que soy un mal tipo, y hay gente haciendo posible su movilidad, su comida, su revolución con sus puños, fuerzas e ideas, y cada día es peor, y saben que va a ser así, y que los que disfrutaran sus luchas serán otros del futuro.

Y desde mi sitio de lectura, tengo pillado el librote de anotaciones de Kerouac, que seguro es una demencia, es una linea de tiempo de locuras y bobadas, mientras conoce su América del norte y así mismo.

Tal vez todos estos diarios y cartas, ayuden a tomar valentía, para escribir grabar fotografía hablar y hablar mis tristezas y alegrías solas e idealistas y diferentes y extrañas y vulgares y cochinas.


Este texto fue escrito escuchando el reggae de “Huevo Atómico”,
y con Max a mi lado en la silla madera afuera de la casita de campo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

otro mes, muchacho

11pm.
Es martes 15 de marzo, y acaba de dejar de llover afuera, en la vereda "El Cerro". De seguro volverá la lluvia.

Ya ha pasado una semana después de que me diera cuenta que huí de la hostilidad de la ciudad para comenzar a sufrir las violencias del campo.

Fue una semana de guardar silencio, de no decir casi nada, ya suficiente mierda está todo.

Trabajo para distraerme.
Fumo para no estar.

Estas son mis estrategias. Tal vez una alegría en medio de días sin ganas de nada de nada de nada me llegó el fin de semana, para jugar con los amigos, y competir contra otros, de reír con todos.

Un video para ser claros:




Mucha risa, y uno que otro helado que hacen olvidar no ganas, el incumplimiento de citas, el no comienzo de proyectos.

Llevo tres días seguidos comiendo sudao.

Invento una nevera natural.
Me trepo a la montaña con una bañera colgada en la moto.
Robo arena en cualquier construcción de la autopista.

Tengo dvd´s como espejo.
Trabajo por inercia, porque las ganas y acciones e ideas de los otros me impiden parar.

Pero lo único que quiero es dormir. Todo el tiempo me quiero recostar y dormir. Y ya.
No tengo ganas de luchar ni por la revolución de Nepal, diría un compañero (si tuviera compañero) revolucionario bajoniado.

Estoy como cuando a un juguete se le acaban las baterías y aun funciona una ultima vez con la energía que queda por ahí en los circuitos. Así estoy.