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viernes, 22 de julio de 2011

Leí Andrés Caicedo

Yo leí a Andrés Caicedo sin saber que era el, primero, en los muros de la habitación de una amiga. Frases bonitas, aforismos que resumía a los desahuciados que eramos, y que alguien fue. Sonreía con mucha tristeza al leerlas.

Luego, por las manos de la que había escrito en la pared (que ya no era una amiga sino una compañera de viaje,) me llegaron algunos libros de andrecito. “Qué Viva La música”, con un sabor increíble, lleno de amor por la música, por el rock, por caminar en el campo, por Cali, por la salsa, por el amor... todas las cosas, que yo, 30 años después hacia al sur de Antioquia, en un pueblo al que le llega la brisa del pacifico a la misma hora que a Cali le llega, y que es vigilada, como Cali, por los Farallones imponentes y místicos. “Destinitos fatales”, unos cuentos y vainas inconclusas, "Angelitos Empantanados", y "Noche Sin Fortuna", en tiempos cuando yo tenia mi Angelita, a la que llamaba (gritaba) y me tenia loco, y con la cual tenia una carrera como la tuvo Caicedo, vivir y morir joven, dejar algunos buenos amigos, si se podía, y ya.

Hoy, que me leo sus cartas y diarios, uno de los últimos libros que han podido sacar de él un man que se mató a los 25 pero que le daba a la tecla como tartamudo con ganas de comunicarse, hoy, que yo ya no me maté a los 25 como Caicedo o Cobain, ni a los 27 como Morrison, y no creo que a los 29 como Silva, y que ya no hay Angelita (la maté), y que ya no hay caminadas llenas de tristezas rumbo al valle de los hongo, y que ya camine Cali, y vi esquinas que leí, y sentí escenas que me emocionaron antes, y busque a Caicedo en cada caleño que reía en la fresca tarde de cualquier día, y por suerte he visto audiovisuales que hizó e hicieron en su tiempo y otro en su homenaje, y otro, y otro, y he leído artículos de revistas y entrevistas fragmentadas en programas de TV o internet, y sigo buscando libros que gente como Romero o como Fuguet, aun siguen sacando obra de cada manuscrito, y que escuché a Fito Paez gritar que estaba feliz de estar en la tierra de Caicedo (30 años más tarde y en Bogotá), y que podíamos (como en el muro de mi antigua amiga) seguir acumilando frases lindas de las cartas de Caicedo:

Aun el mundo no me quiere, pero yo ya no soy un niño, y ya he crecido, y aun no tengo obra, y tengo menos amigo que ayer. Pero aun, Andrés Caicedo me inspira, para escribir, para tartamudear, para ver cine, para caminar, para inventarme amigos, para creer en el amor, para buscar en la música el aliento y la fuerza que necesito.

Hay que leer a Vallejo, prestar los libros de Andrés, hablar de él a otros adoloridos de vivir en este mundo, para que los salvé, como lo hecho con muchos.
Gracias Andrés, aquí estamos, escribiendo poemas en un mundo de mierda.

miércoles, 13 de abril de 2011

otro mes, le yendo, vi niendo

27 de marzo del 2011

Ya se está terminando el tercer mes del primer año de la segunda década del siglo veintiuno.

Ya estoy como los trabajadores malos y los estudiantes perezosos, queriendo que llegue el fin de semana, para no tener que cumplir horarios ni citas, para no tener que iniciar o terminar proyectos, para meterme en mi casita, y no hablar con nadie y no atravesarme en la vida de ninguno. Y, por supuesto, ya que es domingo, y que me distraído durmiendo, fumando, haciendo comida, yendo al baño, hablando con los gatos, leyendo, leyendo, leyendo, y viendo el cielo azul oscuro llenito de estrellas y los horizontes titilando a cada segundo por los relámpagos de las tormentas eléctricas, y escuchando las conversa de los perros, y me voy durmiendo otra vez con el chirriar de los grillos y demás gritones que tiene el campo, no quiero que se termine el finde semana, no quiero mañana, no quiero salir en la moto y mojarme y no quiero trabajar tanto para tan poco y no quiero que me pasen todas las cosas malas y no quiero sentir que nada tiene sentido y no quiero caminar tan largo y tendido y no quiero estar tan triste y tan solo y no quiero darme cuenta que a pesar que los días no tan malos ni tan mierdas sigo queriendo nada.

De vez en cuando, unos rayos de luz, la sonrisa de alguien, una canción, algún viento con otros aires, me hace parar mi maquina de hacer días malos y tomo una foto o grabo un video o converso con la gente o se me ocurren dos ideas juntas y buenas, y creo que seguiré esperando, a ver qué.

Mirándolo bien, estoy leyendo puros diarios.

Las tristes historias poderosas locas y adolescentes de Andrés Caicedo. De él saque eso de “estoy tan triste y tan solo” que él sacó de los libros y que un día se lo dijo a la mamá, y la mamá se pusó a llorar.

Luego, leí las “Cartas desde asía” serenas, maduras, humanas y humanistas del señor Hector Abad Gómez (que lo mataron los malparidos de este país por ser así, humano) sacó una frase que anda sosteniendo mi andamiaje de huesos:

“En vez de maldecir la oscuridad, prende, aunque sea, una pequeña luz”.

Y estoy pegado de los días que escribió el Che Guevara en Bolívia. Vida guerrillera, de mierda totalmente. Y yo quejándome porque me varo y que me dice que soy un mal tipo, y hay gente haciendo posible su movilidad, su comida, su revolución con sus puños, fuerzas e ideas, y cada día es peor, y saben que va a ser así, y que los que disfrutaran sus luchas serán otros del futuro.

Y desde mi sitio de lectura, tengo pillado el librote de anotaciones de Kerouac, que seguro es una demencia, es una linea de tiempo de locuras y bobadas, mientras conoce su América del norte y así mismo.

Tal vez todos estos diarios y cartas, ayuden a tomar valentía, para escribir grabar fotografía hablar y hablar mis tristezas y alegrías solas e idealistas y diferentes y extrañas y vulgares y cochinas.


Este texto fue escrito escuchando el reggae de “Huevo Atómico”,
y con Max a mi lado en la silla madera afuera de la casita de campo.

martes, 5 de abril de 2011

ya estamos a 23 de marzo

23/03/2011.

Se anda terminando el lunes festivo. No sé qué fiestas eran.
Yo solo me limite -me he limitado- en dormir en dormir hasta tarde, leer libros, fumar, comer, ver peliculas, leer, leer, fumar, fumar, fumar, fumar, fumar, fumar, fumar, y cuando despierto, leó.

Tengo un montoncito de libros para reseñar. Son todos los de la colección del Metro-Comfama (linda Colección), y unos libritos más. El que cerró el ciclo, fue el de Andrés Caicedo "El cuento de mi vida".

Un ciclo de un mes largo, donde, como dicen los amigos que me presentaron a la señora de la casa: en este tiempo me ando limpiando el alma, el espíritu y el cuerpo. Y parece que sí. Parece un rito.

Yendo donde los amigos (de los pocos que tengo), a conversar.

Omaira, la señora que me arregla la casa los sábados, o domingos
.
Lo que como en el parque del Carmen

Me dicen por el chat, y digo y dicen por teléfono muchas cosas necesarias. Hay demasiadas inutiles en nuestras vidas, y 5 minutos de seriedad y sinceridad, son justos.

Sólo resaltó una línea:
"estás muy solo"... y es pura verdad.

Comí en la calle, camino los caminos. Visito a los amigos que me obligan a bañarme, salir de la casa, afeitarme, ir al pueblo, saludar, conversar, reír, pensar, no estar... y eso también es bueno.


Un día de lluvia, tomando tinto en el Carmen, con otro amigo (de los pocos que aun me llaman a comer frijoles)

Voy a comenzar a leer "Cartas desde Asía", que me da una bienvenida a otros días, después de lunas llenas que no se dejaron ver, de tardes, noches, mañanas donde mi cuerpo responde lentamente cada orden. Como si estuviera en cámara lenta, como si trabajara en "neutra".

Comienza el libro en sus primeras paginas:

"En vez de maldecir la oscuridad, prende, aunque sea, una pequeña luz".

Pronto me entran ganas de comerme el mundo. Por ahora, solo como y expulso lo necesario. Andaba muy vacío.