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lunes, 18 de julio de 2011

Un favor: una vida menos...

Junio 10/2011

A la hora en que algunos, muchos, se miran fijamente a los ojos y se dicen en silencio qué tanto o muchisimo se aman, o que tan bonito es ser amigos, yo, me miro al espejo con mis ojos café y negros profundos, y me digo: qué horrible estás, tienes cara de derrota.

Todo este tiempo he estado lleno de días soleados y trabajados, pero también llenos de nubes, truenos y centellas!

(me lo regalo un loco que vende en el peaje por subirlo)

Los últimos, las ultimas semanas han regresado los problemas que me ponen a prueba siempre.

Pobre, viviendo de raciones, racioncitas y traguitos de plata.

Un esfuerzo bonito que estaba haciendo por ahí, por el estrés y las obsesiones, no se me antoja seguir.

Ah, por hacer un cruce prohibido, yendo a la carrera para una (des)conferencia, me partieron.
Eso que el man del transito (uno de tantos gallinazos que había) me preguntó que qué hacía en la vida?, y bueno, les dije, y me cambiaron la infracción por una más barata, que no pienso ni averiguar cuanto es.

Volvió la lluvia y me mojó. El veranillo a veces se retira, y deja sola a la niña.

A lo lejos, a 106 kilómetros, o a 180 más bien, decepciono, por la terquedad de la Temperancia de los más cercanos, por el maldito "qué dirán".

Hay, llegan, veo, siento, bellas muestras que me quieren, pero que no estoy en los planes cercanos, no medianos...

La moto pide a gritos arreglo urgente. Estamos pasaos de cambio de aceite. Y la "tecnicomecanica" se vence la próxima semana.

Matan a gente bonita. Se roban plata de todos los colombianos. Hay gente más putamente rica que uno.

Hasta subieron la marihuana 400%. Y es tan peligroso comprarla, que uno sale y no sabe si vuelve de "mercar".

Me cayó una gripe tremenda, que siento los pulmones llenos de agua, la nariz esta pelada de tanto rascarme, la sinusitis está fuertisima, el desaliento es anémico, el dolor de articulaciones es de la tercera edad, y llevó tres días rejodido, y hoy incluso, subí en la moto medio dormido, medio muerto, con el piloto automático salvándome la vida.

Y llego a casa, y nada, en los riconcitos de la casa, otra vez, llenos de mierda.

Vida de mierda pienso gritao. Otra vez otro ciclo de angustias y tristezas, me pregunto mientras limpio, y me enfado con los gaticos (que a partir de ese día me tienen fobia) pero no hay nada qué hacer, tengo una puta vida de mierda.

No entiendo de qué tierra roja soy. Ni de qué magnético y que rojo soy. Yo creo que nací el día que no era. Soy todo lo contrario a lo que dice el calendario.

Foto tomada una noche que se fue la luz (también se va la hifuepuerca luz) y un rayo iluminaba el firmamento.


Pero mañana, como muchos días, me levanto temprano para viajar a la ciudad. Y así no puedo limpiar (a menos que me levante a las 4am, y qué frío!), y no puedo pagar quién limpie (hay cero plata), no educar a nadie, no disfrutar la finca... por qué? porque me invento vainas para salvarme de la cadena que me echaron al cuello de mi mundo.


Entre más enfermo, más trabajo, más fuerzas saco.
Entre más triste este, más poeta soy. Poeta de mierda! Que ve luces, que deshila promesas, que apuesta distinto.

"Cae mierda, y la prensa dice que llovió".

Estoy derrotado, pero no me han matado.


Por eso, mañana seguimos, insistiendo en una vida menos perra. Por favor.

miércoles, 13 de julio de 2011

Persecución en carretera veredal

Nos bajamos del bus, y a pesar que habíamos cruzado los dedos rogando que parará de llover por dios bendito, en la carretera pavimentada que pisamos cuando nos bajamos las gotas chispoteaban anaranjado, y las gotas que escupía el cielo pegaba contra nuestra humanidades. Mire a mi amiga, y le dije que no había más remedio que cubrirse con lo que tuviéramos.

"Yo tengo una chaquetica", dijó.

Y yo, con mi morral de 10 kilos de peso, llena de vainas importantes como un computador, me tocaba a mí la carpa que tiene capuchita y que cubre hasta las rodillas, y a ella, que le había escuchado varias veces renegar que "lo que no le gustaba de los gaticos era su olor", le tocaba precisamente un pantalón plástico que huele a orines de gato de miles de años.

Las gotas sonaban en la carpa, mojaban los zapatos y los pies al pegar contra el asfalto, y nosotros con bolsos y bolsitas caminamos los primeros metros de 3 kilómetros que faltaban para llegar a casita.

Mi moto está mala, varada, "tirada" a 4 kilómetros en dirección contraria a la que caminábamos (hace dos días se varó), y mi amiga camina conmigo, porque le estoy ayudando a hacer un video, y como "nunca" hay tiempo, aprovechó mi subida en bus y el sábado (o sea mañana) para pegarse la rodadita conmigo hasta la puta mierda y camellar un poquito en la idea.

Y bueno, al pegarse el paseo, aceptó, firmó que iba a soyarse la lluvia, y la carpa cochina, y la conversa mientras se echaba pata, y el porrito que tratábamos de fumar cuidándolo que nuestros dedos mojados, y el aguantarse la carretera "destapada" llena de lagunas de pantano y ríos invisibles, y la oscuridad, y bueno, que nadie nos recogiera en todo el recorrido (normalmente pasa alguien y te dice qué si te arrima), y cuando íbamos llegando, di tú, a 600metros de la casa, a curva y una recta y una subida con rieles y un trayecto corto y una entradita y la manguita y la puerta de la casa, sentimos un carro acelerar y desacelerar el motor detrás de nosotros. La luz de las farolas que iban a pareciendo en la curva de la ye (donde uno deja la basura los lunes) dieron a entender que era un camioncito pequeño que cabía holgadamente en la estrecha carreterita .

No veíamos bien, las luces altas nos cegaban, y como ya no se necesitaba el "aventón", por intuición de caminantes nos corrimos para los borditos de la estrecha carretera de piedras y tierra mojada.
El carro frenó, como esperando. Supongo, no recuerdo bien. De verdad uno no recuerda bien cuando le pasan cosas extraordinarias. Tampoco creí que la escena que venia era importante, así que estaba ahí, poniendo poca atención, cansado y parado en un bordito y metido en una carpa que sonaba: "tas, tas, tas, tas, tas", y viendo el mundo por un pedacito en forma de rombo que la capucha formaba, miraba unos faros altos y luminosos me dejaban ver un paisaje de una vereda ya dormida, tranquila y oscura.

Seguro le volié la mano, para que pasara. Pero no se movió. Pensé que debía ir para una puerta de una finca vecina, y que era tan bacan que nos iba a dejar de caminar a los peatones primero.

Eran las 10.10pm de una lluviosa noche veredal, y regresamos a la marcha, y el camión también.
Volví a mirar, como a ver si es que nos quería llevar. Era un señor, sin duda, pero nada que lo podía ver. Nos quedamos quietos, esperando de nuevo. No hicimos ninguna seña ni movimiento. Yo estaba en la orilla derecha, y ella en la izquierda, y el carro como a 15 metricos. Varios segundos, solo el moto sonando y la lluvia contra el impermeable (tas, tas, tas, tas). Ni nos movíamos, ni pisaban el acelerador.
Ya con el sabor de la rareza en la boca, volvimos a caminar, sin mirarnos, como lo han hecho miles de veces antes de hoy, en muchas carreteras del pasado por donde se camino y se paseo. Y otra vez el bendito carro aceleró, y ese motor que suena muchísimo, y en ese silencio nocturno, mucho peor.
El pánico ya comenzaba a producirse quimicamente y se inyectaba en la circulación. Ahí si en rostro húmedo y encrispado de mi compañera de caminad debajo de una carpa rota.

Me acerco al carro. Es un camioncito pequeño, a contraluz lo veía más grande. Dos toneladas, cabina pequeña pero confortable.

"buenas?..." le dije al asomarme por la ventana que estaba abierta, y le vi la cara al señor. Su rostro decía que él, que tenia cara de Dario o Antonio, estaba algo loco gracias a la botella de Antioqueño que tenia al lado de la silla (y muchos tragos más que seguro se había tomado antes). El supuesto Dario no tenia las manos en el volante, y su cara no me miraba a mi, miraba al suelo, tal vez en ese momento veía borroso su pie puesto en entre el acelerador y el freno.

Me miro por un instante, y a la chica también, y con una voz de rascado, pronunció: "Suban!"
Con mi cara de serenidad sacada de la costumbre de vivir escenas excéntricas como estas o peores, le dije: "tranquilo, ya vamos a llegar".

Y con esa voz humedecida por muchos guaros dobles y triples con y sin pasante, gritó:

"suban!".

Carajo, estamos muy cerca. Camine hacia la casa, mi compañera al escuchar el acelerador me preguntí con sus ojos "qué es esto??!!". Y le hicé un gesto de que yo no sabia tampoco, pero que "todo bien", que es una rareza que no entiendo, pero que esperemos ver que de pronto es broma, o es simplemente es un borracho, o que es un vecino querido que no ha entendido las señas, y corrimos!!
En plena curva, donde el camino se hace estrechos, nos sentimos pisados en serio, y atravesamos la carretera y nos pasamos para la derecha donde había un morrito altico donde protegernos, creíamos.
En todo este rato, la lluvia no se ha ido por un instante, esta presente, mejorando la escena.
Nuestro susto estaba con todos sus muestras, ruidos vocales, nasales y gesticulares que solo se ven en las películas para adolescentes gringas.

Un muchacho en una carpa. Una muchacha en una chaqueta y un pantalón impermeables. Luz mortecina gracias al poste de la subidita. Carro furioso, embriagado y suponíamos, dispuesto a todo.

El morrito se desmoronaba con el peso y la fuerza de nuestro miedo.
"Marica, qué es esto? Falta mucho??!!" me preguntó una voz ya quebrada.
"Ya vamos a llegar, es que es arribita, no más, tranquila..." Respondió mi voz.

A pesar de estar asustado, cabeza loca y corazón acelerado, pensé qué por qué demonios había invitado de repente por chat a la nena que ahora estaba aterrada y con ganas de llorar, si no le hubiera dicho , no estaría involucrada en una escena de terror típica, donde ella, era el foco de la obsesión del conductor loco.
Mientras eso, me acerque, con cuidado para no caerme, y nunca tuve la calma para sacar la cámara y grabar, pero con mis manos mojadas me metí la mano en mis bolsillo, buscando el celular, y le prendí la linterna, y camine otra vez hasta la ventanilla apuntándole a la cara al señor, y darle a entender que estaba ahí, luchando, que también tenia una farolita que enceguecía.
Me acerque de nuevo a la ventanilla, y que el loco estaba aun más loco y más borracho.

"Parce, ya vamos a llegar a la casa. Es allí. Déjenos, déjenos parce!" Le grite un poco con un tono de cansando, de absurdo, de no me jodas parce que no me lo merezco.
Desde adentro la voz enredada me repite: "Montese que le va a ir bien...."

Con los ojos le dije a la nena que corriera, y ella lo hizó por una carretera que desconocía. Y él aceleró detrás de ella, y vi que casi la pisa . Las aceleraciones de los camiones en primera sacan mucha fuerza y levantan la trompa, como picando. Yo corrí al mismo tiempo con el carro, y me lo pase, y la alcance, y juntos buscamos la entradita a un mini caserío que estaba a 20metros al lado derecho. El carro loco nos paso muy cerca, y siguió de largo. El caserío estaba a oscuras y en silencio.

"Tocamos?" Me preguntaban mientras el camión afuera sonaba como si se hubiera encunetado, y su conductor seguía acelarando hasta el fondo para salir.
"pero donde?" respondí mientras buscaba alguna hendija que tuviera luz y me diera muestras de vida. Nada.
Me salí del caserío, y vi el carro encunetado, y sacándole chispas a las piedras y el barro. Me volví a entrar. Tocamos en la primera casa. Pero nada, nadie respiraba ni se movía adentro. Mierda!! Qué demalas, una escena de estas, mi me pasaba a mí, y acompañado con una niña que la quieren mucho en casa y que la llaman a ver cómo están, y que es nerviosa y que claro, tiene meras tetas y culo, y yo sin armas, y sin conocidos en la vereda, y sin fuerzas...

Pensé mientras buscaba más luces, y paraba la oreja a ver si alguien se baja del carro a matarnos, qué seria bueno llamar a la señora que me alquila la cabaña a ver si salia y me salvaba. Pero si la otra vez la llamé cuando me estaba inundando, y me dijo que me tranquilizará, que mañana, para qué putas la iba a llamar?!!

No sé cuanto nos quedamos escuchando, quietos.

Quisiera no contarles que el man se bajo tambaleando con la botella en la mano, y que nos gritaba que nos montáramos, que hifueputa, nos montáramos!! Y obligo (del pelo) a la nena a irse con él, a montarse en el camión blanco de estacas y carpa, mientras ella mordía y pataleaba. Y yo quieto, quietisímo. Y escuche que prendió el carro (casi no lo hace), y se subió los rieles, pero cogió a la izquierda, a una finca que linda con la mía por la parte de abajo.
Quisiera no decirles que me quedé frío, sin saber qué hacer. Y que minutos después, corrí a mi casa, aun asustando, sin saber qué hacer, sin tener los argumentos suficientes para explicarle a la mamá de mi amiga (que no conocía) a que se la llevaron y no sé íle fue bien o mal.
Quisiera no contarles que al otro día vi el carro mal parqueado en la subida, y no me atreví a entrar a la finca a buscar a Dario y a mi amiga (si aun estaba viva). Seguí mi vida, mi camino, mis problemas. Claro, no se me salia de la cabeza la noche anterior, pero había que seguir.


(Carretera donde pasó todo)

Pues, no es necesario contarles, porque no pasó eso. El borracho simplemente se fue, casi que no lo hace, y nosotros corrimos a la casa, y tomamos aguapanela, y pasamos la noche camellando, como si nada. Porque cuando la que se emborracha es la verga (como dijeron por ahí), y las tetas quedan intactas, y nadie graba y ni ve una escena de terror nocturna y veredal, no pasa nada y no es noticia y solo es una anécdota absurda más.

Morrito donde nos montamos para que no nos pisaran.


El caserío de los Vélez en una mañana tranquila.

La cuneta donde el carro rechinó.

Y este es el carro asesino. Bueno, el carro borracho y loco. Bueno, no, el dueño, que a veces lo veo en sano juicio por ahí en la carretera, y me saluda (me pita). Yo nunca me le treparé, pero un día, seguro, sí le digo lo que nos hizó pasar en una noche lluviosa y lejana.

jueves, 7 de julio de 2011

Un día de esos buenos que terminan mal

11 de Mayo del 2011


Como le decía a alguien: venia volando en la moto para llegar a contarte que ánimo, que todo bien, que ya como que no miro al suelo sino al frente, y estoy aquí, atento, sintiendo lleno de buena energía, aprendiendo, mirando todo por el lado más amable, y así, de a poco, voy volviendo a mis andanzas, a sonreír, a conversar con la gente.

Pero, siempre hay un pero, antes de contarle que la gente me atendía bien y me ayudaba con las direcciones, y en el semáforo una señora se atrevió a preguntarme por “si iba en contravia?”, y otro me habló de las botas "Venus", y ya me importa menos lo importante y me estreso menos por lo urgente, y así le doy tiempo a lo que en verdad es “vida”: todo aquello que dejas de hacer mientras planeas otras cosas; y antes de contar que ha hecho buen clima, un bochornito y cielos azules bacanos, antes que eso, de que el viaje y la moto se sentían muy bien, antes que me diera cuenta, en una curva en la vía San Antonio - La ceja, la cadena de la moto se safó, y 200 metros más allá (iba muy rápido), veo que se safó de adelante y no de atrás como es normal, y que cuando estaba agachado en la oscuridad de una comenzó a llover, y bueno, me fui corriendo para la bomba que afortunadamente quedaba cerca, y el pelao estaba simpático y mis destornilladores chiquitos y pelando los tornillos. Una mierda!! Pero seguía sonriendo, como con una alegría de que por obligación me iba a tocar vivir otros retos.

No pudé quitar las tapas. Los tornillos se seguían pelando. Otro motoneto no tenia herramientas, pero me aconsejó dejar la moto ahí, y al otro día bajar de nuevo. Eran las 10pm, masomenos.
Después de titubear, e imaginar el panorama de esta noche y mañana, y buscar la pieza que se le había caído a la moto (en botas y con una bolsota de ropa limpia que traía de la ciudad), saludé a un señor de un carro, y lo pedí el favor que me llevara hasta la entrada de la vereda, “hasta ahí no más”, le dijé. Y se desvió, y con “guascas” a todo volumen me empujó unos 3 kilómetros, y le agradecí, y con la ropa en el hombro, camine por la pavimentada (1 kilómetro) y me interné 500 metros en la destapada (menos mal había dejado el portátil en la oficina) y otro bacan, que se llama Julián, en su moto nueva (o parecía) sin sentirse mucho las piedras y sin que sonará las tapas de la moto, me ahorro 20 minutos de caminada en la oscuridad de la carretera polvorienta.



Igual, llegué a escribir el correo, sonriendo.
El día de mañana cambia, por obligación y demalas, pero nada, aprendamos a divertirnos, así estemos gastando los ahorros, así las pulgas estén por todas partes, así no sepa a ciencia cierta nada para el día de mañana (ni el otro, ni el otro de más allá)... Sólo pido que mi moto roja este donde la dejé.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Todavía es el 26 de abril del 2011

Qué les cuento yo?

Que alguien me dijo que me veía con un semblante diferente después de vacaciones. Sonreí, para decir que tenia mucha razón, pues, descanse y dormí lo que quise.
Lo que no dije, es que desde el domingo por comer vainas recalentadas y muy condimentadas mi estomago duro resentido tres días (doliendo, con sonidos, con diarrea), y que ando con monedas de 200 y de 500 en todos los bolsillo del bolso y todos -con excepción de un señor de una bomba y una tendera- desde la langaruta vendedora de vicio hasta la niña de la tienda me miraron sospechosamente pobre, y qué más? que la tristeza no se va y se queda ahí queda como si la hubiera contratado de forma vitalicia.

Igual sigo, estoico, aprovechando esa luz en el rostro y el cuerpo liviano, para cranear muchas cosas, para ponerme a paz y salvo con bobadas que en ultimas son lo que me hace levantar todos los días, o acostar todas la noches.

Son las 11,38pm, y llueve y llueve y llueve y llueve. Es martes, y ya estoy mamao, y me aparece de nuevo los dolores en las “coyunturas” y en la espalda, y se asoma por una esquinita las tristezas.

Tal vez sea tanta agua, y esos truenos. O sea que llegue corriendo, encarpado, con mucha hambre a coger la Autopista Medellín-Bogotá, y en Zamora (hasta la autipista norte) habían carros y motos parqueados, y los del transito Bello no dejaban pasar. “Que hay derrumbe antes del túnel”, “que muy grande”, “que que que que!”. Espere, estoico, y las tripas me sonaban, y la poli y los tráficos solo escuchaban su boquitoqui.

Pero lo hice otra vez, y con la alegría y la energía que me acompaña, arranque para Las Palmas porque le creí a un policía que acababa de bajar del derrumbe y que paro a contarnos cosas, porque nos vió la cara de preguntones angustiados. Eramos como 50 motociclistas, y de ahí para atrás había camiones, autos, mototaxis... “Si creen que en una o dos horas, vayan bajandose de esa nube, porque bajo mucho lodo y eso hoy no abre....” Que siendo sincero, a las 12 de la noche.

En el reloj luminoso de puente de la Universidad Nacional decía que eran las 8.45pm. Ciclovia, entonces la “Regional” congestinadisima. Y muchisíma agua, y las Palmas estaba abierta, pero solo carros pequeños y motos. A los otros los estaban mandando para la autopista. Vi a la gente que iba en un bus de Rionegro (chachafruto) y pensé: “Pobres, no van a llegar a la casa nunca”.


El reloj luminoso del Alto dijo que eran las 9.15pm. Y por esa oscuridad, que siempre he evitado coger de noche, y a demás cayendo tanta agua, y que me atreví porque tenia animos nuevos y fuertes, y porque los gatos se mueren de hambre si no subo. Atravesé toda esa frialdad, ese curverio, esa estreches, y agua y agua y agua (fuemadre, la alternativa es peligrosa), hasta llegar a San Antonio, a una tiendita donde siempre compro cuando no alcance el super o no voy a alcanzar la tienda Mixta de la vereda, donde en su reloj de alguna marca de remedios decia: 9,55pm. Me desencarpe, y saque moneditas, y qué descanso, alcanzaba para comprar la panela, el pan y las arepitas que escasean en la cocina.

De ahí, otra vez los guantes mojados (que casi no meten), y 10 kilómetros oscuros, y luego lo destapado (2km) que cada día es peor, y a las 10.30pm estaba, titiritando, quitandome los zapatos y el pantalón mojados.
Comidita a los gatos. Me trague la coca fría que me dejo Aide (jefa de alimentos en Punto Link) ayer en la nevera, y ahora, estoy metido entre las cobijas, donde le tomo un trago de agua de mi tarrito brindando por el cansancio, y me fumo alguito celebrando las tristezas.

Tengo que seguir, fuerte, sin declinar, para que cuando llegue el verano, y pueda disfrutar muchisímo. Y cuando se vaya la mala suerte (que no va a pasar porque yo soy un des-graciado) me la pase genial. O cuando vuelva el amor yo este preparado para estar completo, feliz.

viernes, 11 de marzo de 2011

un mes de mierda y otras noticias, parte 2


(rescatando a un gato)

Precisamente cuando estaba pensando que después de los primeros días de subir y bajar en buses y caminando, y así sea haciéndome de las manos una sola herida, pude desvarar la moto (después de ya dos intentos fallidos); y bueno, apareció la Gata Salome. Flaca, pero apareció; y merque y la cocina esta linda;


y ya pude sacar otros chécheres de las cajas y bolsas que aun quedaban del trasteo;

y preciso, en ese instante que pensaba que todo iba bien (aunque sean 4 días), siento que la moto cascabelea. Me a orillo en la bahía de un restaurante que queda después del peaje y no antes del túnel de la autopista Medellín - Bogotá.
Reviso, y es un tornillo de esos largos (importantes) que sostienen el motor, o el tren de arrastre o las patas de la moto. Boté el tornillo, la tuerca, y no me di cuenta, porque ya estaba mitad de salido y no dejaba meter más cambios.

"¡Puta uno no se mata porque es muy demalas!" Pensé.

Es una varada grave, pero sencilla. Llevaba tantas cosas en el bolso, menos un martillo o llave grande para volver a meter el berriondo tornillo. En medio de la angustia y la impotencia, eso me hizo caminar más de un kilómetro buscando un montallantas que una señora del restaurante, a ver si el mecánico bajaba, o me prestaba algo con qué sacarme del embale.



Reconozco que a uno si le dan ganas de llorar o de tirar todo a la mierda a eso de las 9pm en medio de la neblina y las tractomulas pasando a 100 kilómetros la hora y tirándote agua en la cara. Pero es solo un instante. Tengo que ser berraquito, entonces, seguir caminando.

Dos pescozones al tornillo, y pude subir al montallantas a terminar de asegurar el daño, como sea, lo importante es amarrar ese tornillo.

Albeiro se llama el mecánico. Muy querido. Apenas le di 3 mil de paga (estaba casi sin plata), pero le estoy muy agradecido.

Después, sólo un viaje a 90 kilómetros hora, y soledad en la pista, y pensamientos flotantes que no molestan, solo dejan llegar a casa y limpiar mierdas de tus hijos cochinos y malcriados, y comer lo que aún no se ha vinagrado y me de un tantico de calor, y echarme en la cama para levantarme en la mañana con los pajaritos.

Tal vez, todo va bien, y uno es muy débil. Quiero ser positivo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

los mismo de siempre en un año diferente

Voy a contar lo que siempre cuento, porque hago lo que siempre hago.

Carretera rumbo a Ciudad Bolívar. Pero Caldas que no perdona y te hace vestir de plástico, y yo si curva a curva sí sentía una rareza en la moto, pero me di cuenta ya lejos, bajando la montaña, donde solo hay un montallantas, que más que desvaradero, es un lavadero de carros.

Válvula de llanta delantera oxidada, lluvia en las cabezas en los los techos y en el "chiqui" que en bicicleta se recorrió varios kilómetros para comprar el neumático numero 17 que me salvará.


Vi la lluvia ir y venir por el valle. Hablé con los parceros del montallantas. Miré sin remedio mi celular sin seña (para twittear, para llamar a mamá).

Al fin atravesé las montañas para llegar a casa, tarde como siempre.
la idea era salir a comer alguito, como excusa de reunirnos antes de que yo partiera a otros horizontes. "Mi papá no va, está enfermo, y mi hermano no va, está trabajando. Eso somos." escribí en el twitter.

Una reunión rápida, informal, llena de chismes, de llenuras, de Juan José dando lidia, y así, juntos, hasta donde la vida nos deje, hasta que nosotros podamos.

No hubo fotos... algunas veces, guardo fragmentos en mi memoria natural.

Recibí una camisa de mi mamá y mi hermano, mi padre me sonrió y tomamos juntos un tinto, los primos se alegraron, los animales de la casa me mordieron, y dos o tres cervezas en un pueblo de locos, fue la justa dosis para devolver a la ciudad en medio de otro aguacero, a terminar de arreglar cosas y vainas y urgencias, y poderme ir a Ecuador (monday, 18.30, por Lan) a entender que debo callar más, respirar más, actuar más, vivir más.

Esa es la búsqueda, pasar las festividades de fin de años en otro lugar que no sea "el mismo de siempre", y darme un respiro, a ver si me respondo.

viernes, 2 de julio de 2010

Diario de Motocicleta, día 2 (Doradal a Bogotá)

El otro pedazo de la historia. Desde Doradal, Antioquia, hasta Bogotá DC.



La moto bajo de velocidad, dizque por la altitud (me dicen por Twitter), y a 60, 70, y cuando quería a 80 kilometros, y por medio de las tractomulas y todos los climas, y la cantidad de colores del paisaje y 3 departamentos (y un lumbago terrible en la espalda) y evitar un parte de 400 mil, y cerca de 6 horas de viaje, llegamos a la capital.

Llegamos, y eso es lo mejor de éste viaje. Así no tuvieramos ni idea de cómo llegar a los hoteles, ni a Corferias, ni a la esquina, y no tenemos el chaleco apropiado, ni el casco, ni sospechamos cuanta cosa se necesita para ser motoneto en el D.C.

Ahora, falta el regreso. Pero eso es otra historia. Ya veremos. Y seguro ustedes.

jueves, 1 de julio de 2010

Diario de Motocicleta, día 1

Nuestra aventura de viajar en Moto señoritera 115 de Medellín a Bogotá, lo hicimos en dos tiempos.

Les compartimos el primer tramo del viaje. El que no es tan duro, y que conocía. Bonitos cielos, increíbles verdes, y todos los climas.



Este diario de motocicleta es auspiciado por Punto Link, y llevado a cabo por @Quinsal y @Elreticente, y todo para llegar a la capital para vivir dos diítas de La Campus Party, y de pronto, algún día de Rock al parque.

Esto sigue, estén pendientes.

lunes, 15 de junio de 2009

Hoy, Viaje de regreso

Con la duda de si la moto estaba buena o no, recibí un abrazo y cogí carretera.

Hoy, abrí la reja, la cerré, me acomode el bolso, y fui hasta la bomba y el montallantas, para comenzar mi viaje de regreso.

185, o 165, y al fin, hasta aquí hasta mi casa, casi 200 kilómetros. Ida y vuelta, 400, ja, eso no me los había hecho hacia mucho.
Recordé los peores viajes que he tenido. En la moto 100 Suzuki que tenía antes, que no daba más de 60 de velocidad, y en ésta, que no da más de 80 o 90kilometros la hora.

No necesito más. Solo necesito no caerme y no bararme. Y cuando un carro molesto, lento, humeante este delante, poder pasarlo sin problemas.
El único problema es que me estreso. Me da un tirón en cualquier parte de la espalda. Yo manejo bien, solo que estoy demasiado pendiente de manejar.

Me gusta ver el paisaje, sentir los climas, devolverme de nuevo por la misma vía que recorrí días antes y recordar lo que vi con otra luz y en otra dirección, y eso asociarlo con los viajes y paisajes que he visto. Y en esa me la paso los 200 kilómetros.

Me estreso más si hay carros detrás mio. Y ando tranquilo con carros rápidos que me guíen el camino, mientras voy pensando en lo bonito que son los paisajes, y en lo rico que es comer en carretera.

Saldré más en la moto, es demasiado divertido. Pero necesito equiparme muy bien. Y Asegurarme que la moto este en excelente estado. Por lo pronto, solo intento imaginarme otros días en otra dirección.

lunes, 1 de junio de 2009

Hoy, Montar en Moto

Después de negarme muchas veces al ofrecimiento de mi mamá: “Llévese la moto”; lo pensé, y me dije que en bus iba a llegar muy tarde, y que en moto me podía venir a mi ritmo, y además, aquí en Medellín me serviría mucho.

Hoy, de nuevo me puse el casco, y estuve estresado todo el camino: Ciudad Bolívar hasta Medellín.

Y claro, vi el paisaje lleno de verdes, y comí mazamorra en “La Albania”.

Y otra vez a estar sentado haciendo equilibrio durante horas, y cerrar los ojos para que los sucios no se metan en los ojos, y sentir todos los climas y los vientos, y ver todos los colores y sentir todos los olores. Ir a tanquear. Y aguantar la lentitud de las volquetas, y el acelere de los buses. Comer, orinar, fotografiar, pensar, ventiarse, cansarse...

Otra vez el miedo de quedarse barado en la mitad de la nada, sin minutos, y con 7 mil pesos en el futuro, otra vez detenido por un “Pare” antes de un derrumbe, o por un Policia en un reten de carretera.

No quiero recordar los accidentes, solo quiero llegar a las citas a tiempo, no más. Le haré despacio. Otra vez.

lunes, 25 de mayo de 2009

Hoy, Panderitos dulces de derrumbe

En un día de sol, y de fiesta. Decidimos viajar, coger camino. Y como los caminos tienen semáforos, esquinas, e interrupciones, aprovechamos para comprar dos bolsitas “de eso que tiene dulce por dentro”, en el derrumbe que esta subiendo para santa Elena.

Hoy, Panderos dulces en bolsitas de mil, comprados y comidos mientras daban paso en la falla geológica que te dice: “Bienvenido a Santa Elena”.

Claro que recordé el polvo del derrumbe, y los bolsillos vacíos para comprar cualquier cosa.
O cuando viajaba para Betulia, que en Concordia comprábamos “cosas dulces” a los vendedores que se subían con sus bandejas.
O la mano estirada de mi tío cuando era taxista, o de mi papá sacando los billetes para darle al niño “eso que le gusta tanto”.

Panderos con guayaba por dentro comidos mientras el viento entra por la ventana, o mientras el chófer del bus le pone más volumen a la radio, o mientras el cielo azul y las cuervas, se me pasaron por la mente. Hoy me llene de imagenes y sabores rápidos, secos y dulces, como los panderos de peaje o de derrumbe.

sábado, 26 de abril de 2008

Relanzamiento del Documental: A Orilla de Carretera

Y como se lo merece, un documental que solo ha estado en un solo festival, que ha rodado y rodado en Canal U con mucho éxito, y que de vez en cuando le doy "play" y lo veo mucho más grande.

Pero lo relanzo por la una calidad que encontré en Youtube, se puede ver en alta definición y baja, y ambas calidades muestran el documental como es, con ese color palido, con esa furia en su mirada con buenos pixeles.

A Orilla de Carretera (Documental de viaje)

Parte 1



Parte 2




Parte 3






Esperen A orilla de Carretera 2, el reencuentro. ¡¡¡Pronto, pronto!!!


***

Y el truco de la compresión es, anoten:

El video que vas a subir debe estar en muy buena calidad, en avi o preferiblemente en quick time.
Después lo comprimes a mp4, la compresión más tesa de la actualidad. Yo lo hago en Magic Video Converter. Se puede bajar gratis.
La clave es comprimir en un mp4 que tenga: H264. y que sea 320x240. La compresión mp4 tipo Ipod es la que tiene más exito.

Y al subir a Youtube normal, en unas horas , tu video que antes lo ibas a ver mal, ahora esta bonito, y tiene una link en la parte derecha del player, que te pregunta si lo quieres ver alta calidad o en baja calidad. La pregunta te salga por defecto depende de tu ancho de banda.