viernes, 16 de diciembre de 2011

El día Señalado

De Manuel Mejía Vallejo.

Los cuentos “Contra viento y marea”, de vidas al borde de la muerte pero luchando porque quieren vivir, y un articulo en Universo Centro, que hablaba de un libro escrito hacía mucho, de un man que tenia un gallo bajo el brazo y que buscaba a un hombre para matarlo, me hicieron elegir el libro naranja que compré donde El Hamaquero por 3mil.


Cargué la violencia de El Tambo, a José Miguel, a El Sargento Mataya, al Cojo Chutez, a Pedro Canales, al Padrecito Barrios, al Sepulturero, a Otilia en mi bolso por varias semanas. Metí el polvoriento pueblito de Colombia escrito y descrito hermosamente por Mejía Vallejo, que ilustra cómo es y parece que seguirá siendo (con ciertos anexos tecnológicos) la vida rural en nuestro país, la violencia absurda, entre hermanos, entre padres e hijos, entre enamorados, entre enemigos que no nos permite vivir en paz, que no deja ver los niños correr alegres, que no permite contar cuentos mientras caer la tarde que trae los vientos de las lluvias próximas, ni deja caminar a la muchachas que nos enamorarán con sus ojos que nos miran sin miran. Por muchos días, en medio del agite de mi vida y del trabajo, lo fui leyendo, dejando esas imágenes de El tambo suspendidas, pausados en la mesa de trabajo la escupa de que tirada al suelo formando una bolita, o el polvo agitado en la gallera que parece miles de moscas espantadas a contra luz...
Veía el librito naranja, recordaba en qué parte iba, pero no podía agarrarlo, porque me distraía, porque me llevaba a mi pueblo, a los pueblos, al sopor de los días que matan a punta de lo mismo de siempre, hasta que llegue el día de uno, o el día de feria, o el día señalado.

Miraba el libro, y sentía que era como cuando uno iba a la cocina en la mitad de los cuentos del abuelo a traer el café que estaba hirviendo. Esa era la sensación, de dejar suspendidas las palabras hermosas que están narrando un pasado que nos compone hoy, o que más bien, nos descompone.

31 capítulos, fragmentados, que te dan la mirada total de unos personajes que esperan ese día, el señalado. Hermosa literatura, que te emboba, te tensiona, que te va enamorando.

Precioso final para tan maldita historia. Por aquí les dejo algunas cosas bonitas que señale para recordar toda la vida:

 Los niños...

 “A toda hora tuvo que nacer y que morir un poco, sin darse cuenta. De niño dijo las palabras de los niños, de hombre hizo lo que los hombres hacen cuando no tienen más remedio”.


“En los ojos del niño lo asustó una mirada de viejo, la de alguien que sabe o espera lo peor de los hombres”.

La violencia...

 “El padre Barrios aprobó silenciosamente: el mismo fenómeno de otros sitios. En un principio fue el miedo concreto al matón, a la pandilla, al Ejercito, a los guerrilleros. Pero cuando estas cosas dejaron de ser ellas mismas por haberse multibifurcado, el miedo se convirtió en angustia: era ya el temor ante cosas cuyas causa desconocían y cuyo remedio no estaba en sus manos.


Al comienzo aquel miedo despertó cierta desesperada vitalidad que se manifestó en la lucha: después el sentimiento de la derrota convirtió el terror en indiferencia hasta llegar al cinismo. Y la violencia que de ahí no fue otra cosa que la extrema manifestación del miedo, de parte y parte”.

 La vida que alimenta el odio... el amor...

Desde pequeño me despertaba los cantos de los gallos. Entre ellos crecí, ellos me fueron enseñando el camino del hombre. Mi madre les echaba maíz como si alimentara recuerdos”.


“Porque al formarme en el odio tuve que aceptar el engranaje y vivir en mí como en casa ajena. Por lo menos esto había llegado a comprender: debía recorrer mi pesadilla, hundirme en cada hora como en el barro, llenar este espacio para el grito”. 


“Nunca pasa nada en un pueblo chico”, dicen “Pero una aldea puede ser el infierno porque su misma pequeñez invita a la hipocresía. Extorsión, incesto, delaciones, los más sórdidos acomodos con lo alto”.

Es que crecer en medio de la nada, de la desesperanza, deja mella...

“... Lo triste es la vida. La vida es una vieja haraposa”.


“Los de allá contra los de aquí, los de aquí contra los de allá. Todos los días inventan motivos”.

En el libro, hay madres, padres, hijos, malos, buenos, y Dios anda por ahí, convenciendo a los diablos, pero es difícil....

Padre Barrios, Dios tiene más condiciones que un tute. Con razón vive pesimista la gente”. 


 “¿O cree que vale la pena vivir esta vida de cerdos?”.

Hay gente que no cree lo que le pasa a otra gente en el mismo país que viven, y que mueren para que él viva tranquilo y ni se entere de lo que pasa los pueblos... ni siquiera en su propio pueblo, o barrio, o urbanización...

 “(ciudadano) -A una campesina le abrieron el vientre con un machete y le sacaron el hijo. El hijo se retorcia en el polvo...
 ...(el alcalde) -¿Qué me importa? O, ¿Qué hicieron después con la campesina? 
-Le metieron en el vientre un gallo vivo...
 ...¿Vivo, dice? 
-Le metieron el gallo dejándolo fuera con la cabeza, cosieron el tajo del vientre con una cabuya ensartada en aguja de arriero...
 ...-El gallo estiraba el pescuezo a todos lados mientras la mujer se retorcía cuando el gallo le clavaba las garras y las espuelas, bregando por salir...
...-No son tan crueles, m querido amigo. ¿No ve que le gallo podía respirar?”.

Pero no importa, los gallos le despiertan el espíritu combativo a los hombres...

Los que se divertían parecían divertirse por decreto, y en la diversión buscaban embrutecerse, olvidarse, dejar de pensar. Licor, pólvora, gallos...” 


 “¿El recuerdo de su pasado no sería su única posibilidad de futuro?” 


 “¿De qué sirve don Heraclio? Al morir, con dos metros tenemos. La muerte nos encoge tanto, nos quita importancia”.

Y he buscado a Tambo en los mapas, en google, pero hay tantos Tambos en Colombia...

Uno de tantos pueblos era el Tambo, y tuvo cosas ambles, ahuyentadas por la gente, pero que regresarían, como las palomas”.

 Pero entre más mugriento y violento el pueblo, más gente buena existe en él, que la gente mala...


“Por mucho tiempo más ardió en mí la sensación de sus ojos. Unos ojos que de tanto mirar fijamente fueron acumulando muchas vidas tras ellos; por eso se le veían más oscuros -por más hondos en uno, en ellos mismos, en un pasado aceptado con rabiosa resignación”.

 “Le gustaba llevar las de perder”, decían. “un héroe tonto de batallas perdidas”.

Y a sabiendas que los hombres nos vamos por canallas, o porque La Violencia nos llevó, aún así, las mujeres y hombres se enamoran...

 “-¿No era el amor esa pasión ya depurada en la espera, en la pueril idealización por estar al borde de lo imposible? El amor debería desgastarse de tanto insistir en la misma persona. El recuerdo debería cansarse de ser únicamente recuerdo”.


“... Cuando esto se acabe, ¿no será lo mismo que había antes de nacer? La muerte, la nada por ambas puntas...”.

Y cuando matan gente, todos los días, desde hace 200 años, o más, preguntamos lo mismo... pero la respuesta es la misma... 

-¿Cuando se acabarán las matazones? -Cuando no acabemos nosotros mismos”. 


 “...quien durante su vida ha desempeñado el papel de malo, es porque es malo...”


 “-Ya no hay buenos tiempos, padre. Tambo nunca ha sido gran cosa pero se vivía tranquilamente, las siestas no daban miedo”. 


 “-Padre, si yo hubiera creado el mundo, si hubiera formado al hombre, me habría suicidado de desesperación”.

Y en pueblos desesperados, los finales son los inesperados...

 “...Nada queda sino la venganza de un lado y del otro, hasta el fin. Los resortes morales se han reventado”  


“-Nunca ha dicho: “dentro de poco estaré muerto”?  Uno se va muriendo a trocitos cuando tiene miedo, hasta que dice: -”ahora voy a morir completamente”, y ya no siente miedo, y le parece bien que termine”.

Uno cree que la salvación es el ejercito, o lo paras, o un Cai (policía) en la esquina...

 “-Yo estaba contra mi hijo. (dice don jacinto al sargento de su hijo guerrillero Antonio Roble) 
-Por eso puede contar el cuento. 
-Creía que el Gobierno deseaba la paz. Colaboré con ustedes pero comprendí lo que es el terror al verlos actuar. Todo nos ha salido mal bajo sus botas. Los hombres rehuyen la mirada, las mujeres no salen, los niños se pegan a la falda de sus madres, de sus hermanas mayores. 


 Dejo caer en la mesa una mano -Antes había esperanza, oíamos reír a las muchachas. Ahora con ustedes todo ha cambiado”.

En este pedazo de tierra y con estos hombres y mujeres y animales no toco vivir. Hay que hacerlo hasta que el odio nos deje...

 “Sólo podía entender que la vida era esta cosa que nos habían endilgado, que todo se había hecho turbio pero con vigorosa turbiedad de ríos en creciente”.

Para terminar, obvio, hay que leer más de Manuel Mejía Vallejo. Incluso Fernando Vallejo lo compara un poco con Juan Rulfo, y su “Pedro Paramo” y su “Llano en llamas”. Bueno, otras rutas, otros pueblos por ver con los ojos y sentirlos con el corazón (hasta que este deje de palpitar).

1 comentario:

Natalia Roldan Chavarria dijo...

Yo lo estoy leyendo por tercera vez, como soy profesora de Español se diría que por obligación, pero la verdad es que obligó a mis alumnos por mi placer, leer y releer a Mejía Vallejo es placer puro. E igual que vos lo leí por Contra Viento y Marea, pero ahora entiendo, que es el verdadero final feliz de esa novela de venganza y perdón.