domingo, 2 de enero de 2011

Huasipungo, de Jorge Icaza

Un libro que compré en Medellín, y me acompañó en el viaje por el Ecuador (13 días).

Se llama Huasipungo, que significa casa "Huasi" = Casa; "Pungo" = Puerta. O, "Parcela de tierra que otorga el dueño de la hacienda a la familia india por parte de su trabajo diario".

Lo fui leyendo en los momentos de silencio y quietud de éste viaje tan movido y ruidoso. Me daba claridades para entender cómo hablan por aquí, cómo hablan los indios, los Cholos (mezcla de indio y blanco), me daba luces (u oscuridades) para entender el proceso de Salinas (Bolivar, Ecuador), que hasta el 70 le daban la mitad de su trabajo al patrón (colombiano) dueño de la montaña. No creo tener la foto de las chozas donde vivian en Salinas (estaba en la cocina salesiana, pero muy dficil de sacarle una buena fotografia), pero así me imagino que eran los Huasipungos de la historia de Jorge Icaza (1940, no la ubica en ningún lugar especifico):

(la de la izquierda. Tomada cerca a un río en Salinas).

Como a los indios, me arde la sangre que el dueño, el cura, y los mayordomos siempre nos joden, se burlan de nosotros, viven de nuestro sudor, nos necesitan y nos odian al mismo tiempo. En Salinas la historia tuvo otro camino, por eso vine al Ecuador, a verlo, y mientras lo veía, me ardía todo adentro leyendo "Huasipungo".

Les comparto algunos párrafos que me emocionaron, y me pusieron a llorar.

Es la historia del Patrón "Pereira", y del Indio "Chilinquinga".

Y el indio dice una frase al inicio del libro, que siempre sirve:

"No hay que pisar donde la chamba (raíces enrededas) está suelta, donde el agua es clara... No hay que levantar el pie sino cuando el otro está firme... La punta primero para que los dedos avisen... Despacito no más... Despacito...".

El indio se casó con la que quiso, con la "Cunshi":

"Va para dos años de aquello. Burló la vigilancia del mayordomo, desobedeció los anatemas del taita curita para amañarse con la longa que le tenía embrujado, que olía a su gusto, que cuando se acercaba a ella la sangre le ardía en las venas con dulce coraje, que cuando hablaba todo era distinto en su torno -menos cruel el trabajo, menos dura la naturaleza, menos injusta la vida-".

Hasta el patrón era dueño de la teta de la india para alimentar al crío de su hija inutil. Era dueño de ellos, porque los habia comprado (no sé acuerda si por 5 o 10 sucres):

"Pero don Alfonso Pereira, convencido -los consejos del tío y la experiencia de meses de campo- de que toda dificultad puede solucionarse con el sacrificio de los indios, gritó poniendo cara y voz de Taita Dios cólerico:
-¡Carajo! ¿Cómo es eso?
-No hay, pes. Flacos los críos. Flacas las longas.
-!Que vengan aun cuando se mueran!
-Así haremos, patrón.
-¡Pronto!
-Ahora que me acuerdo. La india Cunshi que vive amañandose con el Chilinquinga está guagua -anunció el cholo Policarpio con los ojos iluminados por el grato encuentro".

Andrés Chilinquinga encontró solo su Huasipungo. Obvio, pensó en "El mayordomo de entrañas del demonio". Del "patrón de omnipotencia de Taita Dios:

"¿Cómo ir? ¿Cómo golpear? ¿Cómo disculpar su presencia? ¡Imposible! Con un carajo remordimiento cayó Andrés sobre el jergón. Se hallaba solo, tan solo, que creyó palpar a la soledad, Si. Era un sudro viscoso que le cubría la piel, que le fluía los nervios...."

Es un libro lleno de injusticias narradas en medio de la vida de una hacienda, de un pueblo de indios, de Cholos. Un apartecito no má:

"Ese mismo día, desde las cuatro de la mañana, las gentes se desbordaron sobre la plaza por todas las calles para enredarse confiadas en la feria -moscardón prendido en una enorme colcha de mil retazos de colores-:
-Pongan en paps.
-Pongan en maíz.
-Pongan el morocho.
-Pongan en masha.
-Helaqui, pes, caseritaaa.
-Helaqui
-Vea las coles.
-Vea el mote.
-Vea la chuchuca.
-Vea los shapingachos.
-!compadrito! ¡Qué ha hecho, pes?
-Queriendo morir, compadre.
-Morir.
-Caseritaaa. Tome la probana.
-Rico está-
-Sabroso está-
-Guañucta está.
-Venga, pes.
-Venga no más....".

Y como el dueño no es guevon (bobo), siempre ponia a los indios y cholos a trabajar a su servicio, a sus intereses. Y ellos, lo hacía. Lo hacen. Mingas (a punta de licor y rezos) para hacer carreteras, para traer el progreso.

"En la misma forma perezosa y triste que se estiró el amanecer sobre los cerros se movilizaron los mingueros, se arrastró un vaho blancuzco de voluptuosa formas a ras de la tierra empapada, se inició el parloteo de los muchachos, los chismes quejosos de las cholas, las maldiciones y los carajos del machismo impotente de los hombres, el tiritar de los palúdicos, la tos de los tuberculosos, el llanto de los niños tiernos por la teta madre".

Progreso hecho a punta de muertes y llantos de los indios que no valen nada.

"Como por arte de magia surgieron tres indios ante el patrón, listos para desempeñar su papel - sin poncho, enrollados los calzones en liencillo hasta las ingles, portando largas huscas en una mano y el lazo en la otra-.
-Hay que salvar a un pendejo que se ha metido en el fango- Concluyó Pereira.
-Arí, su mercé- Peru Chilinquinga que conoce tiene que acompañar, pes.
-Que les acompañe.

A pesar de la embriaguez que daba fuerza, resignación y esperanza al cholerío de la minga, los gritos del náufrago destaparon un cúmulo de comentarios:
-De lo que nos salvamos.
-Está jodido mismo.
-Nadie sabe donde puede dejar el pellejo.
-El pellejo es lo único que le queda al pobre.
-Lo único que no le quitan así no más".

Además del lugar donde vivir, el patrón grande, el de antes, el de siempre, siempre a ayudado a no morirse de hambre al pobre, al cholo y al indio. Pero a veces las ansias de tener más, y verse fuerte, e importale un culo la vida de otros, hace que el corazón se endurezca. Nada raro.

"Año angustioso aquel. Por el valle y por la ladera el hambre -solapada e inclemente- flagelaba a las gentes de las casas, de las chozas y de los huasipungos. No era el hambre de los rebeldes que se dejan morir. Era el hambre de los esclavos que se dejan matar saboreando la amargura de la impotencia. No era el hambre de los desocupados. Era el hambre que maldice en el trabajo agotador. No era el hambre con buenas perspectivas de futuro del avaro. Era el hambre generosa para engordar las trojes de la sierra. Sí. Hambre que rasgaba obstinadamente un aire como de queja y llanto en los costillares de los niños y de los perros. Hambre que trataba de curarse cib ek hurto, con la mendicidad y con la prostitución...".

Poesía de la miseria. Que tal vez no es poesía, es realidad, cruel realidad.

Hasta las vacas rodadas el patrón las hace enterrar para que el indio no se acostumbre a comer de lo que no puede comer. Y aún así, los indios en medio de su desespero la desentierran, así comerla mate a su esposa.

"Para los demás -cholos, caballeros y patrones-, los dolores de los indios son dolores de mofa, de desprecio y asco. ¿Qué podía significar su angustia por la enfermedad de la india ante las complejas y delicadas tragedias de los blancos? ¡Nada!
-Caraju -exclamó en tono de maldición Andrés al llegar al trabajo.

Por sus penas y por las penas de los suyos no había más remedio que sudar en el eterno contacto y en la eterna lucha con la tierra. Quizás por eso esa mañana el cojo Chilinquinga hundió el arado más fuerte que de costumbre y azotó a los bueyes de la yunta con más crueldad".

Así el patruncito te haga ser cojo de por vida, y ayude a matar a tu esposa, a pesar de todo, es el patrón con poderes de Taita Dios.

Y aun así, el cura le pide lo imposible para que su Cuschi se salve del infierno. 30 sucres para que este enterrada cerquita de los rezos del enviado de Dios en la tierra:

"-Para qué, pes, tantu correr, tantu andar? Pur brutu nu más... Pur mal natural... Así mismu suy... Manavali... ¿Quién ha de compadecer pes? ¿Quién ha de hacer la caridad, pes? Caraju...".

Y sí, se roba una vaca del patrón, y la vende para salvar el alma de su amada, y condenarse en tierra él. Y si, recibe latigazos para que aprenda, para que "estos animales aprendan". Lo del patrón se respeta!

Y como el progreso, el desarrollo, el futuro lo saben hacer los gringos (los de afuera, los misters) que vienen en busca del petroleo, ellos, dieron la estocada final. Ellos provocaron que el patrón les quitara a los Indios lo único que tenían como suyo, fuera de su longa (ya muerta para Chilinquinga) y el crío, el Huasipingo. Y eso provocó un grito de rebeldía:

-"¡Ñucanchic huasipungo!".

Una frase inventada con la furia de que los mismo de siempre, los lambeculos de patrón destruyeran su hogar.

"--¡Maldituuu! - bufaron en coro los indios con satisfacción de haber aplastado a un piojo que les venía chupando la sangre desde siempre".

Y todos los demás huyeron. Y desde la ciudad mandaron a controlar a los indios rebeldes:

"Desde la capital, con la presteza con la cual las autoridades del Gobierno atienden estos casos, fueron enviados doscientos hombres de infantería a sofocar la rebelión. En los círculos sociales y gubernamentales la noticia circuló entre alarde de comentarios indignados y ordenes heroicas:
-Que se les mate sin piedad a semejantes bandidos.
-Que se les acabe con ellos como hicieron otros pueblos más civilizados.
-Que se elimine para tranquilidad de nuestros hogares cristianos
-Hay que defender las glorias nacionales... A don Alfonso Pereira que hizo solo un carretero.
-Hay que defender a las desinteresadas y civilizadoras empresas extranjeras".

Así termina el libro, con la muerte de todos los indios. Por la patria!

-"¡Ñucanchic huasipungo!".

1 comentario:

Kristian Izrael T. Sisa dijo...

bueno, Lei Huasipungo porque se trataba de la vida de mis antepasados, me parece realmente humilllante para los indigenas, pero lo estamos superando.