domingo, 9 de septiembre de 2007

Feria del Libro, Medellín 2007. El Contrasueño.

Leí en la programación que la feria seria inaugurada el 7 de septiembre, ese día lanzarían una segunda edición de un libro que quiero mucho, que me marco. Tal vez no me cambio, pero me giro hacia otro lado, me sensibilizo.

El libro es El Contrasueño, historias de la vida desechable. Escrito por Carlos Sánchez Ocampo, un escritor antioqueño, egresado de comunicación social de la universidad de Antioquia. Una man que decidió no pasar por una sala de redacción, porque él consideraba que no tenía nada que hacer allí, que todo sucede fuera, en la calle. Entonces, echo a andar con su mochila. Primero la ciudad, y luego Latinoamérica, o al contrario. Cuando termino, si se puede decir que uno termina de andar, decidió que su tesis seria un libro, un libro de la vida desechable, de las historias de los que no tienen nada, ni alma.

El resto de historia lo cuenta el prologo y las mismas historias que están en el libro. Para mí desde ese día Carlos Sánchez es un héroe, quien hizo lo que hemos pensado y querido hacer muchos de los que contamos historias: Tirarse a la calle y volverse paisaje.

En fin, fui por el libro, no a comprarlo porque no tenía plata, sino para ver que caratula tenia, y por si las moscas, que el autor, carlos, estuviese allí. Y Sucedieron las dos cosas.

El lanzamiento era humilde, los libros venían en una caja de cartón sin marcar, el señor que hizo a tola o a maruja, no recuerdo bien, pero es el que hace cultura y no el que trabajo en francotiradores. Ese señor fue el responsable de la reedición, convenció a Carlos de hacerlo. Sigo, la ceremonia muy sencilla. Hablo el profe Juan José Hoyos, que parecía aburrido, y que dijo lo mismo que escribió en el prologo de la primera edición. Luego, Carlos se subió, les agradeció a los que tenía que agradecer y se sentó a leer. Me leyó tres capítulos del libro a mí y, a todo el auditorio Restrepo del Jardín botánico de Medellín, que estaba no estaba a medio llenar. Un capitulo era inédito, nuevo, y los otros dos los recordaba. La verdad saboreé la lectura, sentí lo mismo que viví cuando lo leí por primera vez, fue muy vacano.

Se termino el acto, ofrecieron vino. No quise, hoy aborrezco el vino, siento el olor y me dan nauseas, cosa que no me pasaba en la adolescencia.

Espere un rato a que Carlos Sánchez estuviese desocupado para irlo a saludar. Me acerque, lo sentí muy ido, muy apresurado. Desde el inicio de la ceremonia se le notaba lo incomodo. Me saludo sin mírame, no creo que me haya visto a los ojos, esos ojos que llevaban una intensidad de agradecimiento tan fuerte, que le querían decir qué gracias por esas historias, que gracias por ese monologo del que muere en la calle, que gracias por esa calle que está en su libro que es la misma que yo veo todos los días. Y lo hice, muy rápido creo, también creo que se me entrecorto la voz cuando dije monologo, pero eso no importo mucho porque Carlos solo me dijo, en plural sabiendo que estaba sólo: “gracias a ustedes por venir” y se fue, se fue a saludar gente importante.

Lo mire irse, y pensé en la vida toda, en los mitos que se derrumban, en que los autores no somos nada al lado de las obras. Porque casi siempre, el autor es una farsa, o más bien es que uno como lector piensa en el autor como un ídolo, como en una persona con quien se podría sentarse a hablar horas y horas. Uno ve a los autores como amigos.

Carlos Sánchez, felizmente es feliz o debe serlo, y debe también tener trabajo, y todo lo que se merece. Pero hasta hoy fue mi ídolo, hasta hoy que se convierte en un hombre más. Porque alguien que escribe sobre desamparados, sobre olvidados, y que le importe más saludar a un señor importante que aun joven que transpira su literatura, es literalmente, una persona poco interesante. Lo que no quiere decir que deje de ser una persona importante.

Deje de lado dos tesis probables sobre el comportamiento del autor, y que hay que decir, no cambiarían en nada mi apreciación de esa noche. La primera que no estaba en su día. La segunda que estaba drogado.







Esta es la portada de la primera edición del libro. Cabe aclarar que el libro me lo presto la madre de Camila Sepulveda. Y como ven, aun lo tengo. Camila te ofrezco disculpas, pero me enamore del libro. ¡Qué pena! Te agradezco en el alma.


Adiciono el capitulo que más me gusta del libro. Un capitulo que habla de la muerte y que a mi medio fuerzas para seguir viviendo. Y hoy que lo releo, la verdad, no entiendo el por qué.


MONÓLOGO DEL QUE MUERE EN LA CALLE

“¿Recuerdas las cosas con sentido?”

De la película Nacido el 4 de Julio

La calle ha ido perdiendo colores como cuando se aproxima la noche.

Estoy sentado en mi trozo de acera enfrentado a la muerte y a sus aterradores poderes, pero no tengo miedo.

Resisto solo, desgajado de todo afecto que no sea el ramalazo de compasión de algún transeúnte. Resisto agarrado a mi piel que es bandera contra el desahucio. Piel mía, girón de piel, hermanita…

¿Qué hora será? Es raro que me interese por el tiempo. No lo necesito para nada. Yo no vivo con los días jueves o viernes, ni sobre ellos, ni por ellos. El tiempo ya no me interesa para nada. Lo que siento importante para mí son estos dos palmos de acera donde defiendo mi vida.

No me interesan las promesas. ¿Qué sería de uno si le da por atender a todas las promesas? Pronto se quedaría sin propósitos. El más allá, cielo o infierno, tampoco me preocupan.

No puedo descuidarme un solo instante. Puede reventar mi piel hinchada, atosigada de líquidos. A veces siento que estoy quedando sin alma y sin piel. Sin embargo, piel mía, hermanita, ahí sigues defendiéndome, colgada a los huesos de mi voluntad.

Mi esqueleto visto desde afuera debe parecer un chamizo cargado de trapos… Un espinazo.

Como en una confesión definitiva me he despojado de todo deseo, de todo esfuerzo y de todo habito. Veo a la muerte apelmazada alrededor de mi cuerpo, cercándome como un animal de presa.

Muchas veces la muerte ha avanzado sobre mí. En su primer lance yo tenía trece años. Desde entonces, año por año, nos hemos enfrentado.

Escapé siempre. Para mí la brecha entre vivir y morir es demasiado grande. Nadie cree que pueda resultar difícil morir. Ni yo mismo que tengo muerte por dentro.

… Yo no tengo muerte por dentro, sólo tengo muerte por fuera y ya estoy acostumbrado a verla apelmazada junto a mí, haciendo grumos que sólo esperan borronarlo todo.

La vida la he ido perdiendo a manotazos. No lentamente por el hábito de los años, sino en trozos arrebatados al descuido de una puñalada, de un balazo o de un garrotazo.

Conozco gente que dice que estoy vivo de pura idea, de puras ganas, y es cierto. Otros no alcanzan a comprender si mi obstinación para seguir vivo es muestra de amor, de resignación o de ignorancia. Alguno ha recordado, viéndome, la historia, en un poema, de un hombre que estuvo trece veces por entrar a la muerte, pero volvía de puro acostumbrado.

Sobre la acera donde estoy tumbado, la acera que es mi línea de horizonte, todo se ha vuelto distante.

…¿Qué palabras mantienen interés para mí? Ninguna. He empezado a perder no sólo el habla, sino también sus palabras. Tengo la mirada recta, fundida, nadie entre en ella, nada la quiebra.

También he perdido la gracia de soñar como si toda mi vida fuera un paraíso y no esta obra enferma.

Mientras las moscas lamen mis llagas, saciándose, escucho las voces de mis amigos acompañando, azuzando la muerte contra mí…

He nacido en un lugar donde los hombres muy pronto, en la adolescencia, se hacen dueños de inmensas cicatrices que testifican su osadía. Allí mis muertes se convirtieron en espectáculo muchas veces.

Ahora vivo en lugares más duros. Entre grupos de hombres y mujeres donde saludar con ternura puede ser visto como una debilidad.

Aquí prolifera en los rostros un gesto cerril. Muchos tienen la cara cuadrada de tanta intolerancia que albergan. Una mirada errante, una palabra suelta pueden desviar toda una vida.

Entre gente así. Entre las hordas nómadas del centro de la ciudad, desposeídos de todo menos de sus cuerpos borrachos, como yo, oigo que dicen, apiadados, como solicitando una ambulancia “¡Quien fuera capaz de matarlo!”

… Otros, los más duros, hablan de los castigos de Dios o sugieren en una forma que yo comprendo meno, que me mate yo mismo. Nadie ha preguntado por mi deseo, que es único. Tengo mi cerebro enrojecido de tanto emitirlo: quiero vivir. Quiero vivir. No me interesa mi cuerpo lacerado, impedido.

… Mis ojos deben haberse secado porque sólo mirar por entre los parpados abotagados, recargados de vigilia, me cuesta un gran esfuerzo. Las cosas crecen mientras las estoy mirando, como si se me arrojaran encima, entonces no puedo verlas.

Pero no importa. No maldigo, tampoco odio. Sé que un porta ha dicho: ”¿Será que el sentido de la vida está en buscarle sentido?” Y yo ya encontré el mío. ¿Por qué no voy a tener derecho a él?

Oigo que dicen que ya no tengo oportunidades. Miran mis miembros hinchados por la acumulación de líquidos en los tejidos de la piel. Intentan recoger las palabras que dejo caer pesadamente, entrecortadas por siseos y ronquidos que yo no logro manejar…

A veces creen que sufro mucho y me consideran un santo. Entonces hacen grandes esfuerzos por cosechar perdón de mis pústulas. Cuando se alejan siempre repiten, creyendo que no los escucho “Se va a morir, se va a morir”

Pero hace poco vino uno de aquí. Un gamín de veinticinco o treinta años, un atrevido de verdad que cree en el poder de los muertos y me dijo “Ñero, ñero, cuando se muera venga por mí”. Intente míralo, reconocerlo, pero no con la intención de volver por él, sino porque jamás he compartido el suicidio y su petición me lo parecía.

…Le dije que sí para evitarle el dolor natural de sentirse olvidado también por los muertos, pero en realidad no tengo la mínima intención de llenar mi muerte con dolores ajenos.

Tal vez muera antes que yo. Tal vez algún muerto amigo esté ahora mismo obrando por él, juntándolo trozo a trozo ante Dios.

… Hace un momento sentí una respiración libre, vigorosa, junto a mí, entonces intenté recordar cuando era sano y descubrí que ya empecé a perder los recuerdos. No pude saber si fui feliz algún día. No sé si existí antes de ahora.

Diciembre de 1991.

El 3 de diciembre durmió en la acera de Amador con Díaz Granados. El 6, ayudado, se levantó. Gastó tres días cruzando Guayaquil hasta el sector de La Bayadera (ocho cuadras). Murió allí el 10 de diciembre en la acera, frente al bar Mexicano.

EL CONTRASUEÑO

Historias de la vida desechable

Carlos Sánchez Ocampo

7 comentarios:

MONIK dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MONIK dijo...

”¿Será que el sentido de la vida está en buscarle sentido?”


NO HAY PREGUNTA MAS ACERTADA
NO ES FACIL ENTENDER LA VIDA Y CREO QUE PODES MORIR EN EL INTENTO Y NUNCA DESATARAS ESE ENIGMA


OYE EN LA VIDA NO PUEDE HABER UN IDOLO MAYOR QUE VOS QUIEN NO TE MIRA A LOS OJOS CUANDO TE HABLA NO ES DIGNO DE TU ADMIRACION

SI EL SUPIERA LO GRANDE QUE SOS
SE SENTIRIA ONRRADO DE QUE TE TOMARAS EL TIEMPO DE LEER SUS ESCRITOS...
PEROQ UE VA A SABER EL DE LÑA VIDA SI NO A ACOPNOCIDO PERSANAS TAN VALIOSAS COMO VOS TQMMMMMM

SOS MI ORGULLO

Anónimo dijo...

Amigo, tuve el absoluto placer de conocer por casualidad a Carlos durante un viaje, y me da lástima leer su publicación porque creo que está muy equivocado. Carlos no solo es un magnífico escritor sino una persona sencilla que huye de darse cualquier tipo de importancia y es capaz de compartir con gente humilde su vida y sus historias sin pedir nada a cambio.
Creo que no debería juzgar a una persona por su comportamiento puntual, en un acto de ese estilo, sin saber como se comporta en el resto de su vida.

Déle una oportunidad mortal (¿o es que usted toma café con todo el que se presenta?)y no le idolatre, que seguro a él no le gustaría.

Juan David Escobar dijo...

Me da un gustazo que Carlos Sánchez tenga comentaristas tan apasionados. Eso es bueno, para él, y demuestra que no es solo literatura (también comentarios).

Lo que no puede salvarse el escritor, es que ese día fue tal y como lo describí. Este escrito (de un mal escritor) queda en la red para "siempre", hasta que se demuestre lo contrario.

Somos unos sujetos sujetos a todas nuestras acciones a lo largo de nuestra historia.

Gracias por la visita!

Anónimo dijo...

En ese caso todos nos hemos comportado mal alguna vez en la vida, ergo, ninguno de nosotros merece la pena. Gran teoría.
Gracias

Lina Ceballos dijo...

Estaba buscando información nueva de Carlos, y me encontré con tu post. Me llama la atención el hecho de que hayas juzgado a una persona tan fácilmente y que hayas sacado conclusiones tan radicales. Pero, pienso, ése es el Reticente. En fin, sólo te quería contar que yo conozco a Carlos desde hace varios años, me lo he encontrado en diferentes momentos, y estoy segura que el autor del libro es de verdad la persona que pensabas. El punto es que yo lo conocí primero como persona y luego como autor, y tú al revés, esto cambia mucho la relación que puedas establecer con alguien. Y mas si esperas que éste te reciba con el mismo entusiasmo que tienes tú por el sólo de hecho de haber leído su libro. Las relaciones son mucho más complejas que eso.

Saludos

Juan David Escobar dijo...

Hola Lina. El autor que conoces como Reticente, y que encuentras porque google me vomita, hace una descripción de una noche. Que juzga, que dice, que grita, que reflexiona o no, pero que lo hace como autor y fan que va a un lanzamiento de un libro, y escribe una atmósfera y hace de una noche cualquiera un post para compartir.

Y seguro Carlos debe ser una gran persona, y sin dudarlo un segundo, un magnifico profesional.

Y también es seguro que este jovencito que escribe en un blog, tambien es un "bien", solo que por twitter, y por algunas entradas en blog, y 1 hora de conversa en temas que otros te ponen, no me alcanzan a ver el corazón (que bien simpatico que es).

Y cómo ves, no sigo casi ninguna de las indicaciones que das para responder de buena manera a los comentarios en blogs, pero mientras los otros autores estén casi en MUTE, y éste muchacho molesto y radical aprovechara para seguir opinando, y que Dios te libre de encontrar una entrada mía en google.

saludes grandes desde la bella villa!