miércoles, 16 de abril de 2008

Cuando salgo al mundo, qué me interesa de lo que miro, qué me conmueve de lo que vivo

Por estos días he mencionado mucho la palabra miedo. Quizá en verdad sea mi acompañante que más me influencia en este ir hacia alguna parte que es la vida.

Soy un animalito pequeño y miedoso, frágil. Eso es una gran defecto y una fabulosa virtud.
Yo antes, cuando niño era (muy) frágil, hasta los otros animales se burlaban de mi. Con el tiempo entendí el mundo, lo observe como leyendo de izquierda a derecha en un cuaderno, así de fácil.
Esa frase que Santiago Rendón odia tanto: "No dice nada, pero pone un cuidado". Esa era mi frase de batalla, así era yo, así me sentía más cómodo. Por eso soy un contador de historias, un narrador de la vida.

Vivo la vida para ver la del otro. Ya grande tenia que seguir contando y repetir las historias. Y vivir de eso.
Hoy ando despacio, a mi ritmo. Gano plata por mirar, por registrar lo que veo. Me he educado para ser un lector de ojos, de pieles, de sonrisas y pensamientos, de cuerpos y de automóviles, de barrios y sociedades.

A veces pienso que la señora de rojo esta triste, y pasa a mi lado y saluda a una amiga y le dice que esta muy triste. Eso no puede ser nada novedoso, usted mismo lo hace siempre. Yo soy de los que escucha la conversación en los teléfonos públicos, o me pongo alegre con la historia de los que van adelante en la fila. O era de esos niños que escuchaba las historia en la tienda y me daba cuenta de quien decía la verdad. No verdad de ultima palabra, es verdad de ser posible.

En este viaje que es la vida, los días y las horas, ¿qué será lo importante? ¿Qué será trascendental?

Veamos que dice Albero Fuguet al respecto de viajar, y de vivir en contar el viaje.

“Pero partir de viaje con la sola intención de escribir-para-contar. Es una experiencia intensa. Es lo más parecido a estar siempre encendido. Es como vivir al cubo. Tus antenas están tan paradas que a veces solo captas interferencias. Cada paso que das, cada puente que cruzas, cada playa en que te sumerges, puede ser un sitio que forme parte de tu crónica ¿o no? ¿Qué usar, qué ver?

Optar por un sitio implica, necesariamente desechar otro. La misión del cronista de viaje es ver lo que los otros no han visto sin olvidarse de lo que todos ven”.

Apuntes Autistas


Pues bien. Yo ando armado siempre con mi cámara de fotos. Toda la vida me falto olfato para las mujeres, pero me sobro para lo demás. Veo, veo y veo cosas. Leo, encuadro en mis ojos, recuerdo mientras camino esta ciudad que uno es una mierda, una cabeza entre tantas, que por qué no parar un momentico a ver cómo se esta cruzando la calle, o como es la señora que saca al perro, o cómo una pareja peleas y se reconcilia en el transcurso de diez paso.

En las mañanas, tipo 10 am, una señora saca a su nieto al sol cerca de mi parqueadero. Quiero tomarle una foto pero nunca tengo el ánimo y las palabras precisas para irrumpir en los segundos del otro y para frenar la moto que ya va a 40 km. Pero claro, algún día una foto y varias palabras sobre la señora y los bebes.

Días antes, bajaba por San Juan y había un accidente. Un pelado estaba en el piso, lo había atropellado un taxi. El taxista se robo el semáforo y se gano a dos manes que chocaron con su parabrisas y volaron, diga tu (esta semana dije que 80metros), 20 metros. De cebra a cebra. Había un tumulto, y me orille. La noche estaba luminosa, la gente estaba anonadada, nadie sabia qué hacer. El pelado del piso aun estaba vivo, estaba boca arriba y con los pies hacia la alpujarra. El otro quedó vivo y de pie. Eso debe ser el semáforo de la 68 o 69. En fin. Recordé una nota que había hecho en un programa de TV. A los atropellados no se les puede mover, así se este muriendo porque un movimiento más lo puede acabar de matar del todo (así sea su mamá, la tienes que dejar en el piso).

Había sangre, las luces amarillas estallaban contra el pavimento, el taxista estaba callado, mirando al infinito, mirando la cárcel. Y yo, ¡maldita sea! no tenia mi cámara, no la saque porque esa noche no iba a hacer nada interesante.

Llegaron los bomberos, llego la ambulancia. La gente en los carros pasaban asomados a sus ventanas con los ojos abiertos y diciendo: “¡ave amaría por dios!”.

Todo estaba dolorosamente precioso.

Tal vez las historias no se han contado porque hay que vivirlas; y claro, se debe estar preparado para hacerlo.

Aquí voy viviendo para contarla, y mientras se pueda, todos los días me atreveré a más.

2 comentarios:

Carlos Múnera dijo...

vEA PUES HOMBRE... MI BLOG NO ES UN LINK CHEVERE. crei q iba a tener el privilegio d estar ahi, pero veo q me ganaron jajajajja.

q rico eso d la escritura suelta y magica. mas foticos pues, pero en le blog, no en el álbum...

Verónica dijo...

que más pues Juan David, mijo ya están colgados los videos en la sección de media de la publicación de Homo habitus, de nuevo muchas gracias por la confianza.

http://www.homohabitus.org/