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lunes, 25 de mayo de 2009

Hoy, Panderitos dulces de derrumbe

En un día de sol, y de fiesta. Decidimos viajar, coger camino. Y como los caminos tienen semáforos, esquinas, e interrupciones, aprovechamos para comprar dos bolsitas “de eso que tiene dulce por dentro”, en el derrumbe que esta subiendo para santa Elena.

Hoy, Panderos dulces en bolsitas de mil, comprados y comidos mientras daban paso en la falla geológica que te dice: “Bienvenido a Santa Elena”.

Claro que recordé el polvo del derrumbe, y los bolsillos vacíos para comprar cualquier cosa.
O cuando viajaba para Betulia, que en Concordia comprábamos “cosas dulces” a los vendedores que se subían con sus bandejas.
O la mano estirada de mi tío cuando era taxista, o de mi papá sacando los billetes para darle al niño “eso que le gusta tanto”.

Panderos con guayaba por dentro comidos mientras el viento entra por la ventana, o mientras el chófer del bus le pone más volumen a la radio, o mientras el cielo azul y las cuervas, se me pasaron por la mente. Hoy me llene de imagenes y sabores rápidos, secos y dulces, como los panderos de peaje o de derrumbe.

jueves, 23 de abril de 2009

Hoy, Aguacates

Salí en una mañana a cualquiera buscar desayuno. Salí a la tienda, y me encontré un señor gritando “Aguacates!” en la calle. Le grite: “Aguacates! Y volteo y me miro. Yo le hice señas, que uno, que uno. Y en par de segundos ya estamos escogiendo dos de mil. Y mientras me trataba de engañar, diciéndome que no estaban bueno, recordé a mi familia.

Recuerdo los aguacates metidos en el escaparate, debajo de las cobijas, envueltos en “Colombiano”. Recuerdo los costales de “tres rayas” que llenaban la casa, las habitaciones, los “escondederos”, el rincón del perro. Aguacates de 200, de 100, de 500 los buenos, estaban por todos los lados, sacados y contados en susurros entre mi padre y mis tíos, y vendidos en las calles del Pueblo. El aguacate fue uno de los “rebusques” de mi familia. El aguacate fue el mejor desayuno comido desde niño en mi casa.


“De mantequilla, juan, pura mantequilla” me decía mi padre al cortarme el mejor aguacate con su machete, para que comiéramos con una arepa comprada en el restaurante del frente.

De esos tiempos hasta hoy, aun salgo a la calle, a ver qué “calidad” de aguacates lleva el señor que grita.

jueves, 16 de abril de 2009

Hoy, Las Cuotas

Hoy tocaron la puerta. Sabia quien era, entonces pensé que no tenia un peso, o tenia poquito.
Abrí la puerta, y le dije que esperara. Fui a la habitación y encontré solo un billete de 10mil. Eso le di al “Cotero” que me vendió dos “Puff” que aun no usamos.

Recuerdo que los que vendían por cuotas pasaban por las calles con sus aparatos y cositas para la casa, y antojaban a nuestras madres de cuanta novedad. Recuerdo que sacarle algo a “los Coteros” es la única forma que tu papá era capaz de adquirir cualquier cosa para el “rancho”. Recuerdo que todas las casa tenían las mismas cosas, porque le compraban al mismo “Cotero” . Recuerdo que siempre estábamos colgados para las (en plural) cuotas “de esta semana”. Recuerdo que mi madre fue muy buena paga. Recuerdo que mi padre es muy mala paga.

En mi mente están frase como: “Buenas, vengo por la cuota”
“La otra semana”. “Solo tengo 2 mil”. “Venga mañana”. “Dígale que no estoy”.

Recuerdo que mi prima estaba casada con un man que se ganaba la vida vendiendo a Cuotas. Recuerdo que con tres cuotas que uno pague, el articulo ya esta “libreado”, lo demás es pura usura.
Tengo claro no tener deudas, ni prestamos, ni cuotas que pagar. Pero también recuerdo que nunca me ha importado tener nada, pero que a veces es bueno como ejercicio para conseguir metas, logros, sueños y gusticos.