sábado, 24 de noviembre de 2007

Con un animal dentro, que se mueve.

Tengo todo para decir. Esta ahí. No hay nada que hacer, se me mueve y me cambia rápidamente, me cambia y yo quiero.
Muchas veces me quedo, mirando a la nada, tal vez mirando lo hoyos de lavamanos, o en el umbral de cualquier puerta, o con el pie en el aire en las escalas; me quedo quieto, y mi mente en blanco. Son minutos de sentir, de esperar a que el sentimiento se mueva y me deje mover.
Son tiempos de cambio, y yo sé qué decir pero poco sé de hacer.
A veces no quiero que siga, otras, todo lo contrario.

Cierro los ojos, queriendo ser nuevamente, y cuando los abro, soy el mismo, pero ahora son otras palabras. Ya nada es como antes, hoy empieza mi pasado.
Hoy empiezo a construir el pasado de mañana.

martes, 13 de noviembre de 2007

Mirar desde lo alto

Mientras veía la ciudad desde arriba pensaba en el viento. En el miedo de caerme. Pensaba en abajo. Pensaba en grande.

La ciudad me sorprende. Por grande, por absurda ¿Cuánta gente? Desde la mirada de transeúnte no se alcanza a entender lo grande que es la ciudad. Hay demasiada presión.

Cuando el zoom entra en acción, alcanzo a ver las ventanitas. Colores, cortinas, matas, ventanas desnudas, letrero de se vende o se arrienda, una niña que se viste, un ave que se posa o que pasa, un gato que me mira y que camina por el borde que para mi ojo-cámara es irreal.

No se ve gran cosa, pero se imagina mucho. Son líneas. Son borrones. Somos montones de cosas amontonadas.

Eso es la ciudad. Un desorden colectivo amontonado.

viernes, 2 de noviembre de 2007

La muerte de mi tía

Los primeros recuerdos que tengo de mí tía, o todos los recuerdos que tengo, son alegres. Ella era una fiesta. Alzaba las manos al saludar, hablaba duro, lo estremecía a uno con sus abrazos. Sus historias eran para morirse de la risa. Sus imitaciones eran geniales.

Luz Dary García Escobar.

Ella era la única, creo, que tenia el apellido García, el del padre, o sea, mí abuelo, al que nunca conocí. Porque mi papá solo tiene el Escobar, de mí abuela, a la que sí conocí. La teoría es que se lo “dio” el apellido para que estudiara. Pero la verdad, la tía nunca estudio. Es más, jamás escuche sobre el tema de su educación, ¿si habrá estudiado?

Lo que sé, es que siempre trabajo, siempre fregó y se movió. Eso la mato. Bueno, la mato su corazón, la mato vivir tanto por los otros, encargarse de los sufrimientos de tantos sabiendo que eran suficientes los sufrimientos propios.

La recuerdo dándole plata a mí papá, ellos eran unos parceros. Siempre se ayudaron, se aconsejaron, se mintieron para que el otro no sufriera. Eran hermanitos.

La esperábamos en la puerta derecha de la candelaria, tal vez rodaba el año 1993, o quizá mucho antes, porque el metro aun estaba sin terminar. Nos invitaba a comer en pollos Mario, un local que aún está en una esquina del parque Berrio. No sé de qué hablaban, yo estaba ocupado mirando la inmensidad de la ciudad, la inmensidad del pollo. Luego de despedirse, de pasarsen el billetico y el beso, yo andaba con mí papá un rato, buscábamos el transporte, mirando hacia arriba, todo quedaba muy lejos, todo era muy rápido. Los ojos me lloraban por la contaminación, y Alirio me secaba las lagrimas con su pañuelo, y se reía, se veía en su hijo montañero.

Recuerdo a una Luz Dary coloretiada, siempre con su bolso, con su risa, con sus trajes coloridos, alegres, mostrones. Era una tía alegre. Tenía demasiada fuerza. Tenía trabajo, tenía una casa, una hija, un esposo, una vida… tenia plata (no mucha) pero en su bolso la cargaba orgullosa. Tenía las mismas cosas que nosotros, pero era más feliz que mi padre, que mí madre, que yo. Cuando iba a su casa en Bello, que era una casita al fondo de una terraza, me mandaba a comprar una gaseosa grande, recuerdo que era manzana postobon, recuerdo el olor de la manzana, de olor del asfalto que con el calor de la terraza se alzaba y llegaba a mis narices. Recuerdo que nos sentábamos en el suelo de cemento frio, hablaban y hablaban, y yo miraba el techo de eternit mientras pensaba bobadas, mientras pensaba en la ciudad. Miraba las paredes de ladrillo sin rebocar y las tocaba. Era una casa sencilla. Su esposo se llama Omar, es un vacan. Es una mezcla entre pillo de esquina y mejor amigo, era una nota. Era, porque no volví a hablar con él, y mí tía también termino la relación con él. No sé porque terminaron, no me importa, creo que hay hijos con otras y todo, creo que se cansaron, lo que sé y espero no equivocarme, es que se querían demasiado. No importaba lo que era Omar como figura, si fumaba o qué, eran muy felices. Él le decía mí negra.

Lástima que no hayan seguido, lastima la tristeza de Omar en el entierro de Luz, lástima que mí tía se haya muerto sin su compañía.

De esa relación salió, obviamente, una negra. Se llama Érica Yurani Osorio. En esas épocas de la terraza, de Bello en el barrio Carmelo arribita de una carnicería que estaba en la esquina, esa niñita, esa negra era un fastidio. La querían demasiado y ella odiaba a todo el mundo. Bueno, era malcriada simplemente. Incluso ahora se le salen cosas malucas. Pero también se le salen cosas de su mami. Ella es un rastro de su mami, una huella que dejo para nosotros. Tal vez Luz Dary aguanto los dos primeros infartos por ella, pensando que la iba a dejar, que qué iba hacer. Pero el tercer infarto la cogió cansada y tal vez pensó que Érica estaba trabajando, que ya estaba grande, que sí es una malaclase y una malcriada pero que la vida pule esas cositas.

Recuerdo también a una Luz Dary que bailaba, que prendía cualquier cantina-bailadero-acera con marrano. Alguna vez en la casa de mi abuela, en el barrio la cumbre, en ciudad bolívar, en unos comienzos de fiesta del arriero, recuerdo que llego y repartió plata a diestra y siniestra. Y todo el mundo feliz. Siempre el mundo se contenta con la plata, sobre todo el mundo de la familia Escobar. Pero saben qué, yo la veía tranquila, como cuando le daba plata a mí papá, era un acto sin visaje y sin mala intención, con todo el gusto, se le veía la alegría de ver al otro alegre. Luego, se le olvidaba que ella era la rica del paseo, y se iba a tomar sus rones y a bailar hasta que las patas no le dieran más, como toda pobre.

Las patas. Las piernas. Esas que le dieron todo ese dinero y la tranquilidad. Esas que la dejaron bailar. Esas que luego con la caída de los años se fueron volviendo un problema. Ya no le funcionaron, le dolían, se le hinchaban. Le dio artritis reumatoidea. Le fallo lo que la tuvo en la guerra. Creo que perdió su trabajo por eso: por enferma. Aunque también creo que aguanto mucho tiempo el dolor mientras trabajaba. Aguanto el dolor hasta el último día. También me atrevo a decir que no se cuido, que no cuido su material de trabajo. Uno es un bruto, no mide ni piensa en los años. Lo que pasa es que la vida pasa, y eso no es gratis.

Bueno, la enfermedad la fue apagando, agotando, aislando. Pasaron muchas cosas que yo tampoco sé ni me preocupe por saber. Lo que vi fue a una tia que fue perdiendo el color y el movimiento. Que la vida, esta maldita vida le dio tantos golpes injustos, que le dio en la cara sin merecerlo, que la gente que la rodeaba olvido los billetes y las alegrías, que ella olvido guardar fuerzas y plata. De una Luz Dary luminosa se fue convirtiendo en una Luz adolorida. Qué mierda.

Tuvo que venderle la casa a su nuero, el esposo de su primera hija: Luz Mirey. Otra huella de mí tía, pero esta vez de un color más claro. Nunca entendí la relación entre ellas, parecía que paliaban, que no se querían, que había rencores y odios. Luego las veía mejor, ayudándosen. Creo que Luz mirey tuvo líos con ella en la época luminosa, pero se ayudaron en la época donde más se necesitaron. Se parecían demasiado. Algunas historias del papá de Luz Mirey, Tino, fragmentos que me lograron contar ellas mismas, seguro que ocultan (ron) muchas anécdotas más, seguro que seguro. Historias que decían mucho del anecdotario de hombres en la vida de la tía, se veía que paso muy bueno, que no era ninguna boba en materia de hombres. Pero de eso no se mucho.

Tal vez Érica y Luz Mirey nunca se la llevaron bien, tal vez ahora hacen un esfuerzo por llevársela. Tal vez fue una orden de mi tía, o un ruego. No son compatibles, son el negro y el blanco. Son hijas de diferente padre, sustancias diferentes, pero una cosas que las une: la misma mamá. Y si las comparas, olvidando los razgos paternos, son muy parecidas a ella. Iguales. Pura explosión y alegría. No hay colorete pero si fuerza.

Las dos estaban en la Policlínica el día que Luz Dary le dio por irse. Las dos no sabían qué hacer. Las dos sufrían y en el fondo sabían que iba a pasar, pero ambas no querían que pasara. No importaba el pasado, esos años que solo son eso, pasado. En ese instante, y desde hace muchos años las unía la lucha por una madre que se iba apagando, una lucha más perdida que embolatada. Nunca existió dinero para devolverle a Luz Dary todo lo que dio. Y nosotros, su otra familia… ni mi papá, ni mi mamá, ni yo tuvimos ni tenemos plata que nos hiciera fácil ayudarle, se nos murió lentamente en las narices.

Yo lo único que atine a decirle siempre era que me esperara, que me aguantara unos años a que mi carrera diera frutos, que cuando eso pasara le iba a dar la vida que se merecía. Supongo que todos los que la queríamos le dijimos eso, o lo pensaron.

El que no tiene nada ofrece futuros. ¡Qué mierda! Ella me decía que si, que todo bien, pero en el fondo sabia que ni yo iba a triunfar, o si triunfaba la iba a olvidar, o que ella no iba a aguantar. Y si, paso alguna de las tres. ¡Qué mierda!

Me queda de consuelo que no le decía mentiras, que nunca le mentí, que yo luchaba hasta hace poco por ella, que era mi aliento para conseguir plata, para tener posibilidades económicas. Cosas que no me gustan, que detesto, que no anhelo, pero que pensaba un momento en esas vainas materiales pensando en mis padres y en luz dary. Así escribiendo esto me dé cuenta que la plata y la comodidad son necesarias para que nadie te humille, para (irónicamente) ser libre, para morir con dignidad, para ayudarse y ayudar a los demás.

No quise entrar cuando estaba entubada en urgencias en la Policlinica, no la quería ver así, no quería verle el sufrimiento en su rostro, no me gustaba ni siquiera cuando me ofrecía comidita en su casa y mientras me servía cerraba sus ojitos aguantando el dolor.

Yo no sirvo para los hospitales, ni para el sufrimiento. Es como si me doliera estar allí. Es como si me compadeciera de todo el que sufre.

Cuando la pasaron a recuperación pensé en entrar. Me daba susto. ¿Qué le decía? Es más, ahorita mismo, si tengo que enfrentar una situación igual no sé qué decir. Dario y ellas entraron a verla. Yo esperaba desde lejos a que salieran; para ver sus rostros. Luz Mirey era la encargada de llamar a todo el mundo, entonces salió pronto. No entendía su cara.

En la policlínica no dejan entrar a mucha gente, y nosotros éramos siete, y algunos entraban hasta urgencias adentro, Luz solo decía que iba a llevar unos papeles y de una la dejaban pasar sin problemas. Asi me entro hasta ese salon grande lleno de enfermos, lleno de sufrimiento. Dario y la negra venia muy tristes, pero no demasiado tristes, eso me esperanzo. La vi desde lejos, uno conoce a los suyos en cualquier situación, por eso es que las mujeres descubren la infidelidad rápidamente: Instinto familiar. Me le acerque. Ella decía, con la voz cansada y entrecortada, ¡Ay Juan, ahorita casi me muero! ¡Casi me muero! ¡Eso es muy duro, muy duro! ¡Casi me muero Juan, casi! ¡Ahorita!

Los aparatos a los que estaba conectada pitaban repetidamente, desesperadamente. Yo la calmaba. Solo atine a darle besos, a acariciarla, a decirle tranquila, tranquila mi amor, calmese, si tranquila, yo la quiero mucho. Y más besos. No llore. Nunca sentí necesidad de llorar. Tenía piedra. Una rabia exagerada, de verla ahí, con esa cara de haber visto la muerte de frente, de no quererse ir, de que era una pesadilla. Y yo bien realista que soy. ¿Qué digo?, ¿qué le digo? Le di más picos, la acariciaba la frente, la mano. Y le dije: Calmese, tiene que calmarse, porque… (y pensé rápidamente si era bueno decirle eso) vienen más, tiene que pensar qué quiere, porque después del primer infarto vienen los otros. Y me miro con cara de horror. Pero, qué, que quiere hacer? Cálmese, que pase lo que pase ya esta, estamos todos bien, ahorita es usted, ahorita es usted. Le di más picos. Todo esta bien. Y ella me dijo otra vez: Eso es muy duro, muy duro. Y volvía a pitar los aparatejos. Era aterrador. Obviamente más picos. Le dije cosas de la vida, de lo chimba que había sido todo, de lo linda que era ella. No se me ocurrían sino vainas bonitas. Tal vez la veía desesperada, aterrada de irse con todo mal en su vida. Quería decirle que todo fue genial, que seguro, que qué chimba, que la plata si pero que nada de eso valía la pena. Todo bien, todo bien. Y le di más picos. Y me aleje, no quería, me dolía, saque el celular, prendí la cámara mientras veía si alguien me veía hacer este acto tan triste de fotografía por ultima vez vivo a un ser querido. Porque yo sabía que era la última foto, y ella sabía desde hace mucho que yo la iba a tomar. Le dije que sonriera, qué feliz, y saco algo parecido a una sonrisa.







Luego le saque otra foto, desde más lejos para mostrar los malditos aparatos en donde vamos a terminar todos conectados.


Y me mande la mano derecha al pecho, le hice una venia, le dije: Chao miamor… Y levante la mano y le mande un beso. Le di la espalda y no volví a mirar.

Puedo hablar infinidad de vainas de Luz, no me alcanzarían los días, solo digo que en su balcón del barrio San Judas, quedo con un gran vacío. ¡“La coja” va a hacer mucha falta!

Nada más. El resto, las palabras y recuerdos, son alegrías y felicidades, por eso su muerte para mí, es un suceso bonito.

martes, 23 de octubre de 2007

"En busca de choques en estéticas audiovisuales Nº II"

Yo, Juan David Escobar, que tengo como únicas labores: el incomodar, el preguntar y, por supuesto, el meterme en lo que no me importa. Que me da rabia y provoco. Estorbo. Y pienso. Y nada más.

Y tal vez paro. Espero. Aguanto.

Y paro cuando no entiendo. Cuando al otro lado me dicen que se acabo, ¿acabo qué? Para acabar es necesario iniciar.

Porque decirme que no entiendo, que no te entiendo en una discusión en donde estoy metido hasta los tuétanos: en hacer imágenes en movimiento. ¡Qué tal!

Yo no discuto semántica, ni lingüística, ni mis textos contra los tuyos. Ahí siempre pierdo. Yo hago imágenes. Yo no escribo. Hablar desde la posición de críticos, desde la posición de la ilusión, hasta donde alcancen las palabras, hasta donde las habilidades literarias permitan llegar; esos “polvos” metales, son muy fáciles, y muy divertidos y obligatorios. Y yo no quiero eso, a demás ni lo sé hacer.

Para llegar a cualquier entereza hay que ser lo que se es. Enorgullecerse de sus limitaciones. No pensar en la fama, es mejor ser una estrella sin darse cuenta. No hablar, hacer.

Yo propongo una vaina ¿Qué quieres hacer en video? ¿Decime un video clip ideal? Y te lo hago.

¿La plata? ¿Cuánto se tiene? ¿Hay límites con ese detalle, tenemos problemas para ser Simon brand o quien más…U Oscar Azula? …¿el problema es el dinero?

Porque eso también entiendo (o tal vez no) de tus imaginarios, esos sueños son los sueños de una generación (la nuestra) de imaginarnos en otros lados, en colores de otras partes, sacar emociones propias de un video que vi, de una imagen que recuerdo. De las rayas estéticas y vitales que nos provoco crecer viendo a Robocop o Rambo, y al mismo tiempo, la muerte del mejor parcero en vivo y en directo en la esquina de la cuadra. Es un viaje hacia otro lado, menos aquí, menos a un espejo y un ambiente parecido a nosotros mismos.

Eso quiero discutir. Lo otro, ya se discutió, o se lleva años en el mismo punto. Ahora, toca entrar en acción.

Yo por ejemplo, hago todos los días los sueños que tengo en las noches. Los sueños y las pesadillas las vomito en imágenes asépticas, filtradas para que lleguen a la gente. Los límites de mis “artistadas” son los límites míos. Si tengo una cámara de cine y un luminotécnico, y una “chimba”, y una bañera, un tráiler lleno de cosas más, yo hago lo que quieras. Hasta llego a esos sueños tuyos. Lo que te imagines, del color que te imagines. Por ahora me fascinan los sueños míos, los que hago ahora mismo.

No se puede esperar la fama y a la vez la entereza, porque ambas se empujan. Son torpes y enemigas. Una es silencio y la otra algarabía.

Estoy convencido que el mundo está cambiando para nuestros intereses, para darle espacio a nuestra ideas, a nuestras imágenes y ritmos. Los astros están a punto de confluir. No sé cuando, tal vez en unos años, en una década. Tal vez sea nuestros nietos (¿nietos?) los que entiendan y respeten nuestros trabajos. Tal vez MTV los pase como especial de la semana. Lo que pasa, es que por ahora, no pasa nada, no tenemos respuesta instantánea. Y eso desespera.

Entonces, comenzamos a acomodarnos, a acomodar nuestras palabras, a ofender a los enemigos y a la vez tratándolos de convencer, a soñar con los flashes siendo una banda de culto. A olvidar los vómitos de quienes les hacen el video, les ponen imágenes a sus videos. Tal vez (y hablo por mí, y no por Punto Link) que vamos por rumbos diferentes, queriendo ver otros horizontes. Imaginándonos cosas opuestas. O las mismas, pero añorando diferentes triunfos.

Eso no es ni malo ni bueno, ni contradictorio. Me gusta, lo necesito. Pero me da rabia que venga de Juan Suarez, en donde la acción ha estado algo escasa, y muchas veces con falta de asistencia.

martes, 16 de octubre de 2007

Hay cosas que no entiendo.

Hablando de política y arte.

Esta semana el político Luis Pérez Gutiérrez, conocido en toda la ciudad como Lupe, ofreció (sin estar presente) un espectáculo humorístico. Yo insisto, los políticos son muy chistosos, llegan muchas veces hasta el ridículo. Pero hay trabajos que alguien los tiene que hacer, y ellos, supongo, lo hacen con lujos de detalles.

El señor estaba invitado al programa de tv Mesa de Noche, que transmiten el canal caracol en la madrugada. La invitación incluía: silla, vaso con agua, tiempo y debate con su más próximo contendor: Alonso Salazar. La dinámica del programa consistía en un cara a cara, y una que otra pregunta de Jorgito y del otro señor que parece dormido.

¡Y éste man no va! Ya había quedado mal al programa una vez, y a la ciudad de Medellín, muchas veces. No sé porque me sorprendo. Este tipo de personas siempre evitan hablar con alguien que los confronte, con alguien con un poquito de cerebro. Es miedo. Fisico miedo.

Jorge Alfredo V. arranca el programa explicando, y se le veía la piedra, porque la silla de Luis Pérez estaba vacía. Y la cosa estaba tan chistosa que le hacían plano medio a la silla vacía, y sacaban las cartas que Lupe había mandado. La primera carta era para comunicarle a la producción y al canal, qué gracias, pero que no puede ir, que tiene una manifestación popular, y que el pueblo llama. Y Alonso Salazar ya preparando sus argumentos a 2600 metros más cerca de las estrellas (argumentos que a veces son muy pobres). Cuenta Jorgito que hablo con lupe por celu, y le dijo que como así que no puede? que ellos, Jorge y Luis, habían quedado en una hora y día para grabar el programa. Lupe dice que lo va a pensar.

Ya en la tarde, la maquinaria de todos con Luis Pérez se enteran que van a grabar el programa de todas formas. Y llega la segunda carta al programa. Que decía en resumidas cuentas, que a ellos, a los lupistas, les parecía el colmo que excluyeran al candidato líder en encuestas por petición de su rival. ¿Qué cómo hacia un canal tan serio para prestarse a un juego tan sucio?

No da sino risa. Es humor puro: La contradicción y el cinismo.

Y claro, lo volvieron a llamar, y sorprendido dijo, que como así? que no habían quedado que a él lo graban a través del microondas?

Pues nada, la producción decidió grabar sin su esbelta figura. Silla vacía y oportunidad para que luciera el otro candidato.

Hay una raza de gente que no le da pena nada. Que no tienen vergüenza. Ofenden y golpean e inmediatamente desaparecen. Lupe lo hace de un día para otro, y otros que conozco, lo hacen por meses, e incluso años. Son de lo peor.

jueves, 11 de octubre de 2007

En busca de choques en estéticas audiovisuales

Un manifiesto de Aviones

http://www.myspace.com/aviones

Radiohead dice "Comerciales para televisión". Esto implica un producto, un medio de difusión, un mercado, inevitablemente un consumidor.

Pero ¿qué pasa con las bandas, músicos, que no cuentan con un mercado? ¿cuál es el objetivo que tienen (tenemos) para hacer un videoclip? Esta claro que no es la difusión. No alcanzamos un mayor número de seguidores, fans, padrinos, dolientes, seguidores con este medio. No hay una mayor comercialización de nuestra música. En ciudades como la nuestra (Medellín), destinos intermedios, no se consume rock local, es más, dudo que esa palabra exista en nuestro vocabulario. Hay un solo canal con un solo programa en donde pasan rock local, videos locales. Y en su mayor día de sintonía contó con 5.000 espectadores (eso dicen las malas lenguas). Y bueno contando con la densa población de bandas de nuestra ciudad, este programa, que ahora es de 2 horas a la semana, no da abasto. Esto sin contar con lo demás, el testeo y prueba de calidad, contenido y gusto (si es que se puede llamar así) que es el tamiz de cualquier programa.

Aunque también se puede aspirar a MTV. Mentiras nuestros presupuestos aun no alcanzan el color MTV. Videos limpios, relucientes y asépticos, parecen salidos de hospitales de desinfección audiovisual. Como tiene que ser, imágenes limpias para un mensaje limpio. Y no reconocer que esa imagen es seductora es no reconocer nuestra pobreza. Sé de antemano que ese color es el objetivo. Lo digo mirando los videos de Aviones que son sucios y en la comparación terminan siempre perdiendo. Tal vez el problema del videoclip en Colombia se reduzca al problema del cine en Colombia y es que esta lleno de buenas intenciones. No todos tenemos a Simón Brand o a Oscar Azula o a los creativos de RCN al frente de nuestros proyectos audiovisuales. Tal vez estemos acostumbrados a pensar que lo que hacemos es lo mejor que podemos hacer y que todos nuestros errores técnicos son previsibles y perdonables. Aunque no quedo satisfecho ya que estaría condenando nuestros deseos a la mediocridad de ser una ciudad de destino intermedio. Ideas pequeñas producidas por gente pequeña para gente pequeña de un país que no importa. Y no, esto tampoco es cierto. Lo que queda claro, indiscutiblemente, es que el color MTV es el que pega (aunque si podemos discutir sobre la música, pero esto es otra cosa). También podemos acusarnos de esteticismos tontos, artistadas en el mejor de los casos, que no siempre terminan en un buen lugar.

De nuevo. Me encanta Nick Cave y sus videos hacen que me guste más. Nunca he visto un video de Nick Cave en televisión, ergo sus videos no son comerciales para televisión, o si lo son, Nick Cave tiene un muy mal publicista. Ni siquiera en programas de video de carácter cultural. Dudo que Santiago sepa quien es. Juliana Mejía dice que puede ser que Nick Cave tiene un público objetivo bien cerrado. Esto en el mejor de los casos (o simplemente es otra opción, dice). Es que Nick Cave es el ejemplo perfecto. Caminando por un centro comercial de mi ciudad en donde venden videos piratas (si, es América Latina, todo se piratea) encontré un recopilatorio de sus videos en dvd y me lo compré. Fue la única forma de ver (ahora es más fácil vía youtube) Into My Arms (poesía audiovisual en blanco y negro), Henry Lee (fondo verde chroma, aparece totalmente hermosa PJ Harvey y uno lo siente en el aire), (Are You) The One That I've Been Waiting For? (la luz, el color y Blixa Bargeld cruzado de brazos al fondo a la izquierda), Stagger Lee (ya quisiera uno un escenario así), Love Letter (y no hay nada más que decir). Tal vez fueron los videos de Nick Cave los que me ayudaron a encontrar la respuesta.

Sí. En nuestras condiciones nuestros videos deben ser preciosas obras de arte directamente relacionadas con la música. Si no tenemos un público, ni una disquera, ni ningún compromiso más allá de nuestro hacer, los videos que produzcamos no tienen un fin comercial sino artístico. Sí, es cierto que aparecer en MTV seria fantástico, pero no sé a que horas podría ser visible en su programación "Quedarme atrás", nuestro último video, ¿a las 3:00am? y ¿para qué? ¿Para decir que nos están rotando en MTV? no vale la pena. No voy a decir que no al mercado, que eso es venderse, que no traicionaría mis principios. Pero ya quisiera uno, llegado el momento, tener la entereza de Café Tacuva. Eso es todo.

Si los videos son comerciales para televisión, los de Aviones son muy malos o nuestro publicista es un fraude. Simplemente hemos permitido que pongan imágenes a nuestros sonidos. Eso es todo.

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Leí el texto, y me dieron ganas de vomitar, sentí como asco. Y comencé a pensar en varias frases de un libro que estoy queriendo cada día más, y que ahora, hacen parte de mis gritos de batalla, esas líneas que me repito antes de hablar, o de darle Rec a una cámara, o en la mañana cuando mi pie toca el piso frio, o cuando no tengo fuerzas suficientes para dar el próximo paso:

“ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte” (José Emilio Pacheco).

“Me doy cuenta de que estoy empezando a olvidar lo que sentía cuando era más joven” (Douglas coupland)

“Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lagrimas en la lluvia” (Roy Batty)

“Los sueños que no se adaptan a las circunstancias no son sueños, se llaman anuncios” (Ray loriga)

Tal vez la rabia sea la típica respuesta de un niño. Y sí, lo es. Lo es.

Le escribo a Jorge Serna por el chat, que qué tal, ese man lleno de rabia!!

Y Jorge me responde:

r/ Jorge: Me parece (demasiado) honesto. Y no tiene (mucha) mala fe. *

*no son las líneas exactas, se me borro el chat. Porque en Latinoamérica además de piratear se cae el internet. Pero esa es la esencia de la respuesta.

Después de la rabia y la pataleta, viene la risa. Es que los señores que me enseñaron a querer y emocionarme, los que hablaban de la estética callejera y punkera, y etc, etc y largos etc´s: Juan Suarez y Jorge Serna, ahora opinen firmemente desde la otra orilla (muy en la otra orilla). Bueno, simplemente, ya crecieron. A claro que Jorge no piensa como Juan, Jorge esta como en el centro conteniendo de ambas (Jorge sabe que me gusta su mirada); pero que están en la otra orilla, están. Y en este mundo se necesita gente adulta, como ellos, y gente joven, como yo. Un equilibrio. Lo que llaman ser profesionales.

Ahora, sentémonos a esperar los dólares y la fama (el orden de los factores no altera el resultado).

Pero me gusta, me gusta que piensen así.

Otra cosa:

Supongo que alguien alzo la voz proclamando el fin del mundo y el encuentro del cielo en una pieza musical o en un video por allá en los incipientes y no muy prometedores inicios de mtv, en eso años ochentas tan detestables y mañes, pero también bellamente románticos.

Cada segundo tiene una belleza momentánea, una belleza más parecida a una mentira venida de residuos que nos ha dejado esta generación que busca ver un aviso electrónico la hora y olvidarse de su mundo, o “leer” una revista para hombres, para no ver su propio sexo. La idea es buscar a Dios en otro lado, en los misterios de lo aséptico y no en la limpieza de la mugre. No fuimos capaces de halar el gatillo pero cada segundo nos drogamos con cielos y bellezas. Queremos olvidar el aire que respiramos y el color de nuestro ambiente. Tantos esfuerzos para crear mundos ridículos, imágenes “Fantásticamente bellas”, cosas irreales…

Tal vez suene, y Juan lo dice, a creer y aferrarse ( y acostumbrase) a los errores, y así convertirlos en estéticas perdonables. Tal vez sí, pero ese es nuestro horizonte. Si no lo crees, ¿dime que ves cuando te montas en el transporte, cuando miras y no te has puesto el walkman? ¿Qué ves cuando te toca esperar en una acera mientras mengua la lluvia? ¿Qué ves cuando no encuentras taxi y te toca buscarlo en otra calle distinta a la tuya?

Cada ser humano se compara con otro, con alguien de otro lado. Discute y envidia a ese que con quien no puede dialogar. Cree en otro, y lo convierte en el salvador, y ese otro, busca hacia acá, hacia un lugar que no conoce, donde gente pequeña que ve el mundo desde abajo. Inversiones de sueños, buscamos complementos odiándonos a nosotros mismos. Tal vez esta sea un sentido de la globalización y la modernidad.

viernes, 5 de octubre de 2007

Una escena típica

Bajaba para el metro. El niño que iba delante de mí llevaba un morral transparente, con una sombrilla en su interior. Pero supongo que iba lleno con muchas cosas más, pero yo, ni mi cámara, alcanzamos a ver nada.