Mientras comíamos en la mesa de Punto Link, el cielo soltaba un aguacero durísimo.

Y en estos meses y años llenos de agua en una ciudad que me vendieron como de eterna primavera, me dan ganas de correr por la mitad de la calle o sentare a pensar mientras veo golpear las gotas contra el piso. A veces me dan ganas, pero la verdad, aprendí a aguantarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario