Hoy, que se mató en una moto un muchacho del barrio donde crecí. Los amigos le decían Daniel “Cantina”. Se fue de esta vida con su novia o amiga, y yo cogí mi moto y baje unas cuadras y entre a donde los científicos de la muerte.

Mientras me mostraban un rostro antes y después, y hablábamos de la familia al ver los muertos, yo pensaba que nunca me gusta ver muertos, y hoy vi a un “héroe” la patria destruido por la bala cercana otro héroe, y vi una foto después que estos nuevos héroes, cientificos de la tanatoquimica le reconstruyeron su cara para que su mujer que el día anterior se había metido un tiro al verlo semidestruido y se había salvado lo viera entero, digno.
Pienso mucho en mi muerte. No como una cosa planeada, sino la ida, mi existencia, el dolor de la muerte, que no quiero entierros, que soy un enamorado de la vida, pero que este cuerpo con el que venimos equipados se acaba, lo desgastamos, se muere.


El rito de la muerte, gracias a estos locos que inventan químicos y técnicas cada vez mejores para que uno muerto parezca un ángel y no un pobre hombre (o mujer), seguro que mi familia, o si la vida me deja lo pago yo, será un evento tranquilo, necesario, pero de sonrisa y sin molestias terrenales que dañen el alito que dejan los besos de la despedida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario