Hoy, voy para allá, para el centro de la ciudad.


Se me vinieron a la mente los días en que desperté sin saber qué había pasado, y en la tarde tenia la responsabilidad de hacer el plano que mostraba al Presidente de la Republica en la asamblea de la Andi. O cuando he pasado de la miseria a la opulencia en horas, sin inmutarme, sin despeinarme, sin perder el Juan David que llevo dentro.
En ráfagas, pensé que escribo y publico estos textos sosos y los videos largos y las fotos poco profesionales, para demostrarme a mi mismo que los limites del aquí y el allá son invisibles, y que podemos llegar a todos lados sin afán y a paso seguro, que las puertas se abren, que las distancias se recorren, que las historias son las mismas en cualquier punto cardinal.


Solo quiero tener la tranquilidad para disfrutar la vista de todos los lados, que no se me pierda las ganas de ver el mundo desde abajo, y que no se me olvide contarle a los de arriba que el mundo es igual pero distinto, y que todo es y no es al tiempo y con la misma fuerza por razones hasta tontas y muchas veces desconocidas.
2 comentarios:
Uy Juan... mera filosofada te pegaste... pero bien, la vida a veces es así de impredecible y por eso es que vale la pena vivirla, por la aventura de ver cada nuevo amanecer y lo que trae...
he que bie te felicito
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