
Siempre llegábamos a las 3am, y esperábamos a que abrieran las puertas. Íbamos y saludábamos a los conocidos de los “ajos” donde nos guardaban el bolso, y siempre mi papá me dejaba en una esquina, o “ahí” y el se iba a comprar su carga.
Recuerdo jugar futbol con arracachas, con papas, con zanahorias, con ajos. Me escondía de nadie en la pared de cebollas que estaban en la mitad del camino. Andaba la plaza y veía como vendían, cómo compraban, cómo existían en una vida de madrugada, llena de olores y de malos precios.
La Mayorista me recuerda a mi padre gritándole al mono desde el carro: “Ey, mono, lo mío! Los bultitos de arracacha, y la cebolla y el cilantro. Súbamelo atrás.” Me miraba y me decía:"Mijo, ya vamos a irnos, solo falta esto”. Y se bajaba y tiraba duro la puerta del 3 y ½ marca Dodge color azul que manejaba “Don Antonio”.
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